El domingo 9 de diciembre de 2012 se publicó en EL PAIS digital una noticia titulada
«Rostros de los vuelos de la muerte» donde se daban los nombres de las víctimas de la
práctica de los miembros de la Armada argentina durante la dictadura militar, de arrojarlas
con vida desde aviones del Ejército al Río de la Plata. Esto a raíz del juicio sobre los
crímenes cometidos en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), que durarán dos
años y en los que se investigarán las muertes de 789 personas, la mayoría de las cuales
perecieron en esos nefastos vuelos.
A ellos y a todos los ciudadanos que sufrieron esas atrocidades vuelvo a dedicar este
poema, ya publicado en mi libro AZULUNALA. Para los lectores no argentinos, explico
que «Azul un ala» son las primeras palabras del estribillo del canto a la bandera que se
cantaba en Argentina (no sé si permanece esta costumbre) todas las mañanas al izar la
bandera en el patio de la escuela antes de empezar las clases. Se trata de un himno a la
bandera argentina, con una música emocionante, en el que se compara a la bandera con
un águila. Cuando era pequeña creía que azulunala era una sola palabra y por lo demás
no entendía el significado del himno, que era bastante hermético. Los sucesos
mencionados en la página digital del País, nos muestran cómo los himnos «patrióticos»
pueden ocultar aviesas intenciones, transportados por esas músicas conmovedoras y
exaltantes.
AZULUNALA
El águila señaló hacia el mar
y marcó un destino:
mar para unos
cielo para otros,
muerte para muchos.
Recogieron sus lastimadas banderas
y emprendieron un viaje sin retorno.
Graziella Baravalle, diciembre 2012