Satanizar o Satirizar. ¿Esta es la cuestión?, Laura Kait

Jornada Shakespeare: una lectura psicoanalítica.

Quan les passions t’arrosseguen

Satanizar o Satirizar. ¿Esta es la cuestión?1

Laura Kait

Agradezco en primer lugar estar hoy aquí; en especial a los organizadores de

estas jornadas por la invitación a un evento tan creativo y original donde han

anudado lo teatral y lo psicoanalítico, dos campos que tienen en común la

lectura y el acto. Esperemos estar a la altura de esta cuestión.

¿Cuál sería la cuestión? Estaría este título que me han prestado, Satanizar o

Satirizar, planteando la cuestión entre el bien y el mal, entre lo demoníaco y lo

cómico. ¿Estaríamos hablando de gente buena y gente mala? O al menos de

¿personajes buena gente y personajes viles? Parece que sí y ésta es toda una

cuestión desde mucho antes de Shakespeare y hasta mucho después de los

tiempos que nos tienen de protagonistas. Shakespeare -entre muchas otras

cosas de su genio- es maestro en el diseño de personajes viles, crueles,

perversos. Estrellas del odio y la malignidad. Veamos algunos:

Yago, envidioso de que su señor tan negro sea amado por una bella y

deseable mujer, sirviente aplicado en la calumnia hasta incendiar los

celos de su amo quien terminará matando a Desdémona, objeto de su

amor.

Ricardo III, usurpador del trono y asesino de sus sobrinos, niños aún, los

auténticos herederos.

Edmund, hijo envidioso y bastardo de Rey Lear, portador, también, de

sus propias maldades como dos de sus interesadas y desamoradas

hijas.

Macbeth, otro usurpador, asesino instigado por su famosa lady de

sangrantes manos, a matar sin pausa para conservar el poder.

El odio de Montescos y Capuletos, sigue resonando en cualquier amor

adolescente no autorizado por los padres.

Y hasta en una comedia como Sueño de una Noche de Verano nos

encontramos con Oberon, el manipulador rey de las hadas, liante donde

los haya…

Hay más, muchos más y no son privilegio de la época isabelina, vivimos y

viviremos rodeados de ellos. Están aquí.

Y para hablar de maldades, vilezas o canalladas, elijo un personaje principal: el

Poder, que escribo con mayúsculas.

1 Texto presentado el 26 de Mayo 2012, en las Jornadas PSIQUISME I TEATRE . Organizadas por

la delegación del Colegio de Psicólogos Tarragona y el Teatro Metropol2

Claudio, Rey de Dinamarca en Hamlet, refiriéndose a lo que llama la obstinada

tristeza del príncipe por la muerte reciente de su padre dice:

…ese es un pecado contra el cielo, una ofensa a los muertos, una ofensa contra la

naturaleza, el mayor absurdo a la razón cuyo tema común es la muerte de los padres

y que desde el primer difunto hasta el que muere hoy no ha cesado de exclamar: “¡Así

ha de ser!”. Os rogamos por tanto que moderéis ese inútil desconsuelo y nos miréis

como un padre, porque, sépalo todo el mundo, vos sois el inmediato a nuestro trono.

¿Qué dice Claudio? Le dice a su sobrino algo así como que basta de

pendejadas. Que todos morimos y es ley de vida que mueran los padres

primero, que está bien llorarlos un rato pero que lo maduro es hacer el duelo.

Que él es príncipe, por lo tanto el heredero de la corona, así que mejor apoye a

su tío en el reinado y se meta en faena cuanto antes mejor.

Y si me permiten comentarlo, Claudio lleva toda la razón. Solo que ni siquiera

sabe la razón que tiene. El príncipe Hamlet está sometido a un padre y en inútil

desconsuelo pero ese no es tema del que ninguno de los protagonistas tenga

la menor idea. Por el momento, lo que nos interesa no es lo que ignoran, sino

lo que saben.

Claudio acaba de decir un monólogo de más de una página que hemos

recortado porque para presentar a un malo de verdad es suficiente. Resulta

que este señor que parece querer estimular a su sobrino para ayudarlo a salir

de su dolor, acaba de matar a su hermano, Hamlet, Rey de Dinamarca. Luego

se ha casado con quien era su cuñada para hacerse rey y está pensando en

liquidar a su sobrino, Hamlet príncipe –a quien se dirige- para quedarse sin rival

en el juego del poder. Y todo esto está sucediendo en la segunda escena de la

obra. Y si una obra comienza así, ya podéis imaginar lo que nos espera.

¿Este discurso de Claudio, es satánico o satírico? Para pensar esta cuestión

daremos una vuelta por los diccionarios y la mitología que suelen aportar cierta

luz.

Nos dirigimos entonces a la Real Academia Española y nos informamos de los

significados:

Satanizar: Atribuir a alguien o algo cualidades en extremo perversas

Satirizar: 1. intr. Criticar y censurar. 2. intr. Escribir sátiras.

Y esto es lo que suele suceder cuando se comienza con el rastro de los

significados, hemos de ir a otro, para enterarnos que una sátira puede ser una

composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner

en ridículo a alguien o algo. Pero también, Discurso o dicho agudo, picante y

mordaz, dirigido a este mismo fin.

¿Quién escribe sátiras es un sátiro? Me temo que no. Y al escribir o escuchar

la palabra “sátiro”, sorpresivamente la significación ha cambiado y aparecen3

nuevas cuestiones. Los significados de “sátiro” van desde la descripción del

personaje mitológico a su uso como adjetivo, sinónimo de mordaz –propenso a

criticar o censurar- Pero también a su uso como sustantivo: seductor de

menores o delincuente violador de mujeres.

Habíamos supuesto que de lo satánico a lo satírico había una “o”, esa que

designa una contundente oposición. Uno o lo otro. Y acabamos sospechando

que esto de bueno o malo, no es una manera muy útil de pensar la cuestión.

Porque si del lado de lo satírico tenemos la crítica y la mordacidad, también

tenemos la seducción, la lascivia, hasta la delincuencia y la violación… Se nos

acabó lo bueno y casi tenemos a Satán y los sátiros del mismo lado.

Recordaremos entonces que Satán, mucho antes de designar el nombre propio

de un ángel, es una palabra hebrea que significa adversario, enemigo,

acusador o calumniador2

.

Dado que estamos en un país de intensa formación religiosa, dejo a Satán de

lado por hartamente conocido en sus actos de verdadero éxito mediático y

social, para ocuparnos de los sátiros, esas criaturas que encarnaban las

fuerzas vitales y desordenadas de la naturaleza.

Silenio fue el primero, tuvo tres hijos que inauguran la zaga sátiros, a quienes

también se llamó los silenios. Junto a las Ménades componían el cortejo de

Dionisos, también llamado Baco, dios del vino, la lujuria y el éxtasis.

Las Ménades, por su parte, habían sido ninfas en el origen -espíritus femeninos

puros y elementales de la naturaleza- quienes criaron a Baco en su infancia

para luego ser seducidas por él, perdiendo así toda pureza. Las Ninfas son

inmortales y esto las diferencia de las Bacantes, también mujeres, pero

mortales, que acompañan a Dioniso en sus fiestas orgiásticas.

Podemos componer la escena de las bacanales, escena dionisíaca con todos

los actores. El protagonista Baco-Dioniso, sátiros, ménades y bacantes hacen

el coro. Música, vino, frutos y lujuria.

Los sátiros tienen una imagen parecida a la de los faunos. La mitología nos da

material para no confundirlos, dado que si bien se parecen en lo físico, los

faunos son seres campestres encargados de cuidar cultivos y ganados. El

nombre proviene del latín favere que significa “ser favorable”, lo que no se diría

de los sátiros… aunque para algunos sean más que favorables.

Son medio hombre, medio carnero. Y nos sirve a nuestro dilema entre el bien y

el mal, recordar que la Iglesia –la nuestra, apostólica y romana- y el poder de la

época desde el medio evo hasta el siglo XIX, nos mató a las brujas sin prisa

pero sin pausa. La inquisición3

-que se suponían los buenos- nos transmitió de

2 http://cultum.wordpress.com/2008/11/04/123/ Artículo sin firma que recoge doce usos de la palabra en

el Antiguo Testamento y cito: Fue el cristianismo el que juntó a Lucifer y Satán para dar adjetivo a lo

malvado y designar así al Diablo.

3 Napoleón abolió la inquisición al ocupar España en 1808, constitución de Cádiz en 1813. Pero Fernando

VII la volvió a instaurar en 1814. Su abolición definitiva fue en 18344

ellas una imagen no desdeñable, las pintan en aquelarres de adoración a un

macho cabrío, personaje pintado con la misma imagen del sátiro. Lo que

vuelve a probar que de mito a mito y tiro porque me toca, la nueva religión no

hizo otra cosa que recreaciones de las antiguas, a pesar de la llegada del

Mesías, que no parece habernos salvado.

Para concluir con nuestro sátiro, diremos que esta mezcla de hombre y

carnero, es criatura alegre, picaresca y lujuriosa de orejas puntiagudas

¿satánicas?, que puede convertirse en peligroso y violento. La mayoría de las

veces imaginado con su miembro en erección, representando así, la potencia

de lo erótico, lo que para algunos será satánico mientras que para otros una

pura alegría de placer.

Volvemos a la pregunta de nuestro título: ¿satánico-satírico? Para concluir que

nos hemos quedado sin oposición. Habremos de retirar la “o” para colocar una

“y”, se trata de una conjunción no de una disyunción. Satánico y satírico van

por la misma senda, unidos por una “y”. Ambos igual de pecaminosos, por lo

tanto demoníacos.

Esta manera de pensar la cuestión conduce a otra pregunta: ¿de qué maldad

estamos hablando? Desde el psicoanálisis diremos que hablamos de lo

pulsional. De las cuestiones más primarias e infantiles, esas que hacen al

impulso sin mediación. Aquello que pareciera proveer de una satisfacción

inmediata.

El saber popular lo sabe y nos lo dice: todo lo bueno de esta vida o es pecado

o engorda. Frase que encierra un grave error en esa “o”, porque deja suponer

que lo que engorda no es pecado. Pues también. Es el efecto de uno de los

siete pecados capitales, la gula. Los otros son, la lujuria, la avaricia, la pereza,

la ira, la envidia y la soberbia. Atributos, alguno o varios de ellos, de cualquier

malo que se precie, dentro o fuera del teatro. Entre los Diez Mandamientos y

los pecados capitales, tendríamos un breve y contundente catálogo del bien,

ese que brilla por su ausencia.

Entonces, lo pecaminoso está del lado de lo pulsional, de eso que empuja a la

satisfacción inmediata y absoluta, como si fuera posible. Y lo es solo en lo

imaginario infantil, ese momento constituyente y falaz, donde nos supusimos

un todo para el Otro. En el mismo acto de unión imaginaria con el Otro, se

presentifica la diferencia, están uno y lo otro. Diferencia que no entrará en

juego sino como rivalidad, como motor del odio -la otra cara del amor- fuente

de agresividad que se manifestará por violencia, celos, rivalidad. Y esto ocurre

con el otro de la pareja imaginaria, desplazamiento de la madre que no resulta

toda, al hermanito, ese que un autor con indudable sentido del humor ha

llamado el extraterrestre4. Pommier escribe la escena edípica de tres, donde

hay el padre la madre y el extraterrestre, que serán los tres personajes a

ocupar por el psicoanalista en la transferencia. Porque el analista en el

escenario de la cura, va asumiendo esos textos que va escribiendo el discurso

del analizante.

4 Gerard Pommier. Seminario La Transferencia y las estructuras Clínicas. Ed. Año….5

El extraterrestre no es otro que el semejante al que suponemos un par, el

eterno desconocido, al que amamos y odiamos como a nosotros mismos. Y

podemos puntuar también la diferencia de estos dos movimientos en relación al

objeto, el amor quiere conservarlo. El odio, deshacerse de él.

Abundan en Shakespeare los asesinatos entre hermanos.

Así nos constituimos, ignorantes de lo que sabemos y sería insoportable de

saber. Y allí, un mecanismo al que llamamos represión viene a ayudarnos con

lo insoportable. Este mecanismo de ocultamiento nos posibilita la vida y el

deseo.

Es Lacan quien agrega a las famosas y universales dos pasiones: amor y odio

una tercera, la ignorancia. Lo dice así5 La ignorancia es una pasión para mí, no

es una minusvalía, tampoco es un déficit.

Ignorancia necesaria para sostener amores y odios, lo que se padece. Hemos

de recordar que no es otro el significado de pasión. Se trata de un fuerte sentí-

miento (con el miento en la palabra), lo pulsional atravesando el cuerpo. Y esta

no es ninguna novedad, ya lo aseguraba Santo Tomás de Aquino6

, lo

incorpóreo no puede padecer, padece el cuerpo. Padecemos de las pasiones,

y pueden conducirnos a lo peor. Es lo pasional lo que puede llevar a un sujeto

a destruir su propio cuerpo para dejar de sufrir. Romeo y Julieta, son las

víctimas de lo pasional por excelencia. ¿Por qué no Otelo?

Ocurre con lo pasional y lo pulsional, lo mismo que con lo satírico y lo satánico,

median entre estas palabras apenas dos letras. Y son los actos de los

humanos quienes nos dan cuenta de ello. Algunos de estos actos guiados por

la represión, mecanismo que oculta la verdad pero no reniega de ella; una

verdad que ha quedado en lo inconsciente de donde podrá salir,

sorprendiéndonos, por diversas vías, el lapsus, los actos fallidos, la creación,

los sueños. Pero no es la única posibilidad, digamos que esta manera de

constitución subjetiva, la de la neurosis, es de lo mejorcito que nos puede

pasar. El acto perverso, en cambio, está movido por una pura y genuina

renegación de la verdad. Una cuestión es no-saber y otra muy distinta es la

mentira a sabiendas, ejercida a mansalva por el sujeto perverso.

Y así como lo satírico acabó por resultarnos satánico, con la ignorancia pasará

algo inverso. El vacío de saber, lo no-sabido, padecer la ignorancia, será la

causa del deseo de saber, aquello que mueve a algunos humanos –los que

saben hacer- a la investigación y a la creación, si seguimos a Freud7 en su

concepto de sublimación, pensada como uno de los mejores resultados del fin

de una cura, en la época del Maestro vienés.

Recorridos algunos conceptos que nos ayudan a pensar la maldad y la vileza,

hemos de reconocer que estos actos muchas veces también son producto de

5 J.Lacan. Seminario XIX, O Peor. 1971. Primera clase.

6 Ubeda Purkiss, Manuel; Introducción al Tratado de las pasiones en Suma Teológica de Santo Tomás de

Aquino, p. 577. BAC, Madrid, 1965

7 S. Freud, a través de toda su obra ha hablado sobre este destino de la pulsión. Inicia en una carta a Fliess

del 2-5-1987 y aparece unas cuarenta veces en toda su obra, sin llegar a publicar un texto con ese título

que escribió en la época de la Metapsicología y que destruyó.6

verdaderas creaciones; lamentables pero creaciones al fin. Un recorrido por lo

que se sabe y por lo que no, que nos permite retornar a nuestro primer

malvado: Claudio

¿Qué es lo que Claudio ignora cuando hace ese perverso consuelo a su

sobrino? Ignora lo que ha pasado en la primera escena. Los demás, el público,

sí lo sabemos, hemos pasado a ser cómplices de Hamlet, una de las maravillas

del teatro. Lo hemos visto charlando con el fantasma de su padre. Hamlet, rey

ha vuelto de la muerte para explicarle su verdad, Claudio lo ha asesinado y se

ha casado con su mujer para quedarse con su corona.

Es muy curioso el método de asesinato, resulta que el Rey dormía la siesta en

el jardín cuando su hermano le echa veneno en una oreja. Hemos de

reconocer que como método criminal es bastante creativo. Muchos estudiosos

shakespeareanos se han devanado en investigaciones para acertar con el

veneno que pudiese tener tales propiedades inmediatas, sin llegar claramente

a una respuesta. En cambio, para un psicoanalista, esto de morir por la oreja

es una metáfora de absoluta cotidianeidad. La oreja es por un lado nuestro

instrumento de trabajo, escuchamos para poder leer en el discurso de nuestros

analizantes. Y… no morimos de ello, porque antes hemos pasado por años

tumbados en un diván, recorriendo nuestros propios envenenamientos

auditivos, para develar lo escuchado, esas voces que nos fabricaron. Sabemos

que los pacientes nos llegan en ese proceso de envenenamiento, padeciendo

de ello. Y no hace falta ser o hacerse el sordo, porque esas palabras no solo

entran por la oreja, también están en nuestra piel, en nuestros órganos o en

nuestras impotencias. Lo llamamos síntoma.

Pero esto no es todo, el Hamlet rey, pide a Hamlet príncipe, venganza, única

vía para que este padre pueda llegar a descansar en paz y deje de vagar por

las terrazas de Elsinor.

Esta demanda del padre signará la vida de nuestro protagonista, no por lo que

le pide –ya se sabe que la demanda puede ser infinita e insaciable- sino porque

el hijo le cree y le obedecerá. Y desde la época del Salvador, ya sabemos que

pasa con los hijos que viven obedientes del Padre… acaban crucificados. Más

de dos mil años después parece que no hemos aprendido mucho de esta

historia. El inconveniente del dios de los cristianos, es que se trata de un ser

tan pero tan bueno que no hay manera de acabar con él. En cambio, el dios del

antiguo testamento es tan abiertamente despótico, caprichoso y arbitrario, que

una buena parte de los judíos se dedican a leer la Torah durante toda su vida

par poder descifrarlo. A pensar y repensar lo escrito, en lugar de andar

obedeciendo. No todos, que también están los que acatan y acaban por crear

fundamentalismos varios. Desde las Cruzadas hasta hoy día, están los que

dicen que su dios dice –lo que no dice- que el Padre manda matar y matan.

Renegación en causa.

En fin, que con esta cuestión del padre, Hamlet tenía sus sospechas y no podía

llevar a cabo su acto. Sabe desde la primera escena lo que se comprometió a

hacer, tiene más de una oportunidad de llevarlo a cabo pero… No puede, y no

puede y no puede. Es esta procastinación, este ir dejando para más tarde, lo

que da lugar al desarrollo de toda la obra.7

¿Y por qué no puede? Porque resulta que el deseo del padre muerto es deseo

inconsciente de todo hijo. Es la única manera de crecer, de hacerse un adulto,

matar simbólicamente al padre para poder ser un hombre o una mujer, y dejar

la pura posición de hijo de. Así que Claudio hizo en acto, lo que para Hamlet

era fantasma inconsciente. El acto de asesinato los equipara y para Hamlet, la

única diferencia está en que él no ha matado en lo real, solo lo deseó. Tan vivo

está ese padre que vuelve como fantasma. Ni la muerte real ha podido con él.

La venganza solo será posible luego de la representación de la escena del

asesinato en el jardín. Para el psicoanálisis los fantasmas primarios son

escenas, escenas que pueden o no haberse representado pero que funcionan

como un universal para cada sujeto.

En el caso de Shakespeare, haciendo que la escena se represente, juega con

el teatro dentro del teatro, hace de la escena perversa la prueba posible de la

verdad del padre. Y lo logra. Hamlet, ve en los gestos de Claudio la

confirmación de su culpabilidad y lo mata. Pero no en cualquier momento

posterior a la representación, lo puede hacer cuando él mismo se sabe

muerto8, tocado por la punta envenenada de la espada de Laertes, vengando

a su vez la muerte de su hermana Ofelia, amada de Hamlet, cuyo desdén y

abandono la condujeron al suicidio.

Así, regado el escenario de cadáveres acaba Hamlet, el que nunca llegaría a

ser rey de Dinamarca, justamente por ser tan hijo de su papá.

La muerte, no la simbólica, no la que permite la falta y la circulación del deseo,

sino la otra, la real, es lo que hace de la tragedia una tragedia. Y si la muerte

real no es aquella que nos espera al final de nuestras vidas, sino que es la

decidida por otro para darnos un final, estamos ante el horror

Y de este horror, no solo ocurre que el Salvador no acude a salvarnos, sino

que resulta que quedamos abandonados y desamparados porque ni los

fantasmas vienen ya a avisarnos sobre los malos y asesinos que nos rodean.

Estamos desamparados y frágiles ante el puro horror generado por otro

perverso de diversas caras, rey, militar, conquistador, torturador, banquero…

Un semejante poderoso y perverso que no solo nos embauca o nos mata sino

al que frecuentemente votamos.

A algunos, les quedará Paris… A otros la creación, la posibilidad del aplauso y

la alegría ante lo sublime. Gracias a los actores intérpretes y al genio poético

que escribe nuestras escenas más recónditas.

Laura Kait, Psicoanalista

laurakait@yahoo.es

Idea y coordinación de UMBRAL, Red de Asistencia “psi”

www.umbral-red.org

8 J.Lacan. Seminario VI. El deseo y su interpretación. 1958/59. Inédito .Donde desarrolla una exhaustiva

lectura de Hamlet.

Habilidades

Publicado el

7 septiembre 2025

Umbral
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.