El cuerpo intervenido. Angustia trans[1]

                                                                               Laura Kait

Elijo comenzar con la sorpresa que me ha causado el nombre de este coloquio: Angustia y depresión en la Clínica Psicoanalítica Contemporánea, dado que depresión no es un  concepto psicoanalítico. A veces el mercado nos tienta con sus signos a la moda. Autoestima, gestionar emociones, resiliencia, síndrome del impostor, zona de confort, depresión y lo que no para de atacar: la ansiedad, en lugar de la angustia. Un lenguaje colonizado, igual que se ha colonizado el campo de la salud, para que el pasivo paciente sólo suponga soluciones en lo químico o en bisturíes.

Entonces, a depresión, medicación. Sigo eligiendo la tristeza o la angustia, las de los poetas, las de los analizantes, las que se curan por la palabra.

Lo que hoy se nos presenta en la clínica, viene poco por las vías metafóricas de las formaciones del inconsciente, llega a través de actos, efectos de las producciones de goce. Un actual que nos exige  intervenciones por la vía del acto, del corte, más que por la vía discursiva de la interpretación. Pero a la vez, hemos de tener en cuenta que cuando en psicoanálisis hablamos de lo contemporáneo, corremos el riesgo de caer fuera de la teoría que nos indica el camino. La angustia en todos los tiempos, presentes, pasados y los por venir, es un clásico del llenado fálico que obtura la falta en el sujeto y lo envía de corazón a no poder desear. Cuando digo de corazón, es casi real aunque metafórico, porque la angustia está ahí, alojada en el pecho de cada uno que la sufre. Ahogo, taquicardia, la única manera de intervenir, es hacerla desaparecer para que la palabra vuelva a circular y el deseo apoyado en su falta, se active. La angustia necesita de disolución y las actuaciones, un corte. Y vivimos una época que se caracteriza por los cortes en el lugar equivocado. Vamos a reflexionar.

Gaby, es una adolescente que viene a Umbral, hago la entrevista de derivación. Al verla entrar sorprende su delgadez y su exagerada altura. Está afectada por una historia de acoso y gran angustia en lugares cerrados. La analista con quien inicia la cura, supervisa conmigo y nueve meses después, hablará de Gaby. Nueves meses es fecha de parto. La analista llega angustiada, se ha enterado de algo sorprendente. Dice: para mi ha sido como un espejo roto. Gaby es trans. Toma inhibidores de la tetosterona desde hace tres años.

La angustia de Gaby es que todos la ven -la vemos- mujer. Ser trans conlleva un enorme esfuerzo que nadie conoce, y es así que no se siente reconocida. A partir del momento en que ha dicho que es trans, en sesión, empieza a faltar y a producir distintos síntomas corporales. Está con médicos, no puede venir. Propone hacerlo on line, o cada quince días, o… Finalmente no puede sostenerse ahí donde ha dicho que es trans y parte.

Pone en acto lo imposible de ser reconocida como trans. Nunca se ha operado,  y es ahí donde el otro no la reconoce porque nadie lo sabe y posiblemente ni ella misma: es la mujer con pene. Así la fobia cobra sentido, a falta de falta, el miedo a algo potente en la realidad. Encerrada está en su cuerpo de mujer toda, y el espacio cerrado es el lugar de la amenaza. De la amenaza de castración. No se dará tiempo para saber, atrapada por las redes de la medicina y las políticas en boga, acabará, posiblemente, en un quirófano.

Como señala Sandra Mercado[2], -escritora en proceso de destransición– el psicólogo que la entrevistó escuchó como razones contundentes para la intervención de la cirugía, su placer infantil de jugar con muñecas o su gusto por vestirse de rosa. Cito:

   lo que tenía y sigo teniendo es sexismo interiorizado. Por supuesto este psicólogo como otro que visité, también lo tenían. Los test para saber si era transexual, estaban basados en el sexismo.

Es así como se construye el camino directo al cuchillo. A cortar en lo real del cuerpo orgánico lo que no puede elaborarse como falta originaria.

El psicoanálisis no ha estado exento de bisturí, en una época -los tardíos 20 y 30 del pasado siglo-, donde los cirujanos empezaron a transformarse en best sellers.

En 1929 comienza la carnicería sobre el cuerpo del pintor Einar Wegener, que había vivido desde 1912 como Lili Elbe. Su terrible historia está contada en el film La chica danesa[3]. Se trata de la primera transición de la historia. Un par de cirujanos[4] no dudaron en usarlo para experimentar. Lo primero, castración completa de los genitales externos, luego transplante de ovarios que fracasó y vuelven a intervenir para quitárselos. Entonces quiere ser madre, y allí se va de compras a por un útero usado. Vuelve a fracasar el transplane y vuelta al quirófano para quitarlo. Cinco operaciones en dos años y no hay más porque muere antes de los 50 consumido por el dolor brutal en su cuerpo despedazado.

En esa misma década, en 1924 se publica un artículo: Consideraciones sobre las causas anatómicas de la frigidez en la mujer, firmado por  Narjani. Se trata de un primer paso muy valiente para abrir este campo de investigación. También es el primer paso  importante de quien un año más tarde se hace analizante de Freud.

Se trata de Marie Bonaparte. Quién realizó una investigación sobre 200 mujeres, con preguntas de lo más íntimas y rigurosas para acabar considerando que la causa de la frigidez es anatómica. Concluye que el orgasmo vaginal se produce en mujeres que tienen el clítoris cerca de la vagina, más allá de dos centímetros y medio, frigidez asegurada.

Estamos hablando de una profesional emprendedora, que dirigirá la Asociación Psicoanalítica en Paris, es princesa de la corte de Grecia, por matrimonio y además descendiente de Napoleón (lo que permite comprender por qué firmó con seudónimo). Muy angustiada por su propia frigidez y gracias a que es millonaria y -en contra de todo lo que Freud podía opinar- encuentra al cirujano que le realiza esta cirugía estética. El cirujano en cuestión se llamaba Halban con quien Marie inició un trabajo conjunto de investigación. Parece ser que este señor no dudó en abusar de su poder. Cuando publicó la investigación lo hizo a nombre propio, cuando fue Marie quien le llevó el tema. Pero además, la violó, así lo escribe Marie a Freud que la hace responsable, por sus incontrolables pulsiones[5]. Ella nunca estará de acuerdo, ¿por qué se acepta un deseo incontrolable en un hombre cuando en una mujer se censura? Y señala que Halban se aprovechó de su lugar. Valiente para su época, pero a la vez, con lo poderosa que era, se hizo puro objeto de la ciencia. Parece que es mejor que el cuerpo tenga la culpa y no que la responsabilidad  sea subjetiva. Así, conejillo de indias, no duda en elegir el corte en lo real del cuerpo orgánico. No para ahí el bisturí. Debido al fracaso, la intervención, se repetirá en 1930 y en 1931. Incluso habrá una cuarta, con otro cirujano, en 1934, esta vez para angostarse la vagina.

Interesante, una mujer en busca del orgasmo imposible se hace angostar la vagina, mientras los trans femeninos han de colocarse cada día un dilatador, para mantener el conducto abierto. El cuerpo, con su real sabiduría, reconoce que eso que hay ahí es una herida y tiende a cicatrizar. Así, la dependencia de por vida no solo será a las hormonas. Este tipo de cirugías estéticas necesitan de mucho mimo, cuidado y sufrimiento.

Hoy estamos exactamente a un siglo del primer texto de Bonaparte sobre la sexualidad femenina y hace un año se ha editado en Francia la correspondencia entre ella y Freud[6]. Una publicación de más de mil páginas, de cartas escritas entre 1925 y 1939, desde que inició su análisis, hasta la muerte del Maestro. Comienza dirigiéndose a él como Señor Profesor, luego lo llamará, Mi Maestro Amado y a partir de 1927, Padre. 1927, es el año de su primera intervención. No sorprende entonces que le lleve la contraria a un padre, una señora tan poderosa.

Hoy nos reunimos para hablar de la angustia actual. Solo la guerra me angustia más que este tema.  Señalemos que en agosto de 2022, el gobierno británico anuncia el cierre de Gender Identity Development Service de la Tavistock.[7]  Venía trabajando desde 2002, gracias al aporte inicial de la farmacéutica Ferring, que comercializaba Triptorelin, un bloqueador de la pubertad. Por si no ha quedado claro, este conjunto de psicólogos y médicos eran pagados por la farmacéutica que fabrica y vende los bloqueadores a los trans. Para que la farmacéutica pague hay que fabricar buenos clientes y qué mejor que un consumidor de bloqueadores desde los 14 años. Cliente asegurado para el resto de la vida. Así, llegaron las denuncias por empujar al cambio de sexo a homosexuales angustiados, por acompañar al quirófano a adolescentes disconformes con su cuerpo (como la mayoría de adolescentes del planeta), por hormonar a niños, haciéndolos adictos a una droga que no tiene marcha atrás, etc.

La Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI[8], se promulga en España, medio año después del cierre de la Tavistock. Cuando Londres retrocede, en España se abre el grifo. Mantengamos el mercado.

En 2009, la Tavistock había atendido a 50 pacientes, en 2020, eran 2500, más 4600 menores en lista de espera.

 Aquí, en España, desde la promulgación de la Ley trans (16/2/23) el aumento de reasignaciones de sexo ha sido del 400%[9], pasaron de 1.309 en 2022 a 5.139 en 2023. Hemos de preguntarnos a quien favorece este mercado. En primer lugar a los laboratorios farmacéuticos y en segundo lugar a los médicos que hacen cirugías estéticas. Porque finalmente, una reasignación de sexo es imposible, solo se trata de una imagen. Sin quitarle, como psicoanalista, toda la importancia que la imagen tiene para algunos sujetos. Pero, si un profesional invita a pensar y ayudar a elaborar las causas del conflicto adolescente de no aceptar el propio cuerpo será acusado de transfobia y llevado a los tribunales. Sin descartar que en ocasiones el trabajo de elaboración pueda llevar al cambio trans, lo importante es que para ello hace falta tiempo y el trabajo particular de caso por caso, sin interferencias del Mercado, con sus cómplices en distintos campos: médicos, psicólogos y políticos. Produciendo la curiosa paradoja donde hablar y tomarse el tiempo de comprender, son delito y drogarse o cortarse el cuerpo a pedazos, es amparado por la ley.

[1]         Texto presentado en Coloquio de la Fondation Européene pour la Psychanalyse: Angustia y Depresión en la Clínica Psicoanalítica contemporánea. Madrid. Octubre 2024

[2]   S. Mercado Rodriguez, La estafa del transgenerismo.Memorias de una destransición. Tierra de Nadie Editores. Noviembre 2022, Cadiz, España.

[3]   The danish girl, Película dirigida por Tom Hooper en 2015 y de producción inglesa y estadounidense.

[4]           El cirujano Magnus Hirschfeld en Berlín y el Dr. Kurt Welarnekros en la clínica municipal para mujeres de Dresde

[5]   Carta de Freud a M. Bonaparte del 14 de mayo 1927.

[6]   Correspondance intégral, Marie Bonaparte, Sigmund Freud. Ed. Flamarion 2023.

[7]   https://contraelborradodelasmujeres.org/dentro-del-colapso-de-la-clinica-de-genero-mas-grande-del-mundo/ Artículo de Hanna Barnes

[8]   BOE (Boletín Oficial del Estado) https://www.boe.es/eli/es/l/2023/02/28/4

[9]   https://theobjective.com/espana/politica/2024-03-02/cambios-de-sexo-ley-trans/

Umbral
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