El deseo del sujeto y lo inconsciente como corte, Marcelo Edwards

(Resumen de la sesión -final- nº 27 (1-07-1959), del seminario

El deseo y su interpretación)

Lacan termina este seminario sobre El deseo y su interpretación, de 1958-59,

sobre una serie de cuestiones que aparecen también en Subversión del sujeto

y dialéctica del deseo en lo inconsciente freudiano (1960), y en Posición de lo

inconsciente (1960-64). Como Uds. saben, en el primero de esos dos escritos,

también aborda el grafo del deseo.

Introducción.

Comienza diciendo que va a situar el deseo y su interpretación en la

experiencia analítica, y cuestiona -como es habitual en sus textos de la

época- a los analistas que pretenden llevar en la relación de objeto

transferencial a que el sujeto se adapte a la “realidad”, de la que ellos serían la

medida ideal, y recuerda que el psicoanálisis ha introducido una nueva manera

de enfocar la relación con el enfermo mental: el paciente ya no es tomado en

una relación de caridad en la que el analista estaría en el lugar del ideal, sino

que comparte con su analizando la relación con la carencia que es constitutiva

de cualquier sujeto.

I) El deseo, la demanda, la pulsión y el significante.

Indica que el deseo se presenta en nuestra experiencia como algo paradojal,

polimorfo, contradictorio, problemático, disperso, es decir, algo radicalmente

diferente de cualquier coaptación, y que tampoco se lo puede confundir con

ningún élan o impulso vital. No obstante, es la clave o el resorte de nuestros

comportamientos y acciones.

1) La repetición que genera la regresión transferencial debido a la frustración

por la no-respuesta del analista a la demanda del analizante, ha de tener en

cuenta que la demanda está estructurada en términos significantes.

2) El deseo no es una fuerza obscura, puesto que la pulsión misma -tal como

lo enseñó Freud- articula su gramática y sus inversiones en secuencias

significantes, lo que la desconecta de lo vital.

3) Pero Lacan subraya que el deseo no es la pulsión, sino la indicación o

señalamiento del sujeto en esa secuencia, en la que él se refleja en la

dimensión del deseo del Otro.

4) Da entonces el ejemplo del niño que quiere agredir a su hermanito recién

nacido. En realidad, es la expresión de un anhelo: “Ojalá que muera!”. Es decir,2

algo que no se concibe fuera del registro significante. Los animales pueden

agredir a otros cachorros, pero no dirán tampoco a modo de negación: “Qué

bonito o cuánto lo quiero!”.

El deseo se sitúa en el intervalo entre esos dos discursos. Es el intervalo en

que la teoría kleiniana ha situado el “objeto malo”, en el que convergen la

pulsión rechazada y el objeto introyectado en una ambigüedad semejante. En

ese intervalo se sitúa la función imaginaria – el fantasma- que articula el deseo.

Hay que tener presente que la orientación de los analistas kleinianos o

freudianos de aquella época, implicaba orientar la cura en la dirección de la

domesticación del “objeto malo” mediante los “objetos buenos”, para hacer

posible la “maduración” del sujeto. Algo así como la neutralización del deseo.

Es cierto que la cuestión de la intrincación pulsional no es banal: las diferentes

formas clínicas patológicas no hacen más que mostrar que esa intrincación es

importante. Pero ello no puede ser a costa de la renuncia a lo más singular de

la subjetividad que es el deseo.

II) El deseo, el falo y el objeto a.

1) Para captar en qué nivel se ubica el deseo, se ha de tratar la función del

falo. Melanie Klein la sitúa en el nivel más arcaico de la experiencia infantil. Ella

es capaz de interpretar que un tren (pene paterno) entra en la estación (vagina

de la madre). Que ella justifique ese falo como operando bajo el modelo de un

pezón, no es más que una petición de principio. En realidad, lo que en términos

lacanianos justifica tal intervención, es que el sujeto no acepta ese objeto

fálico, más que como significante …y el símbolo fálico está presente desde el

comienzo.

2) El símbolo fálico, en su posición de significante, significa el deseo del

deseo del Otro.

El objeto a del grafo, es el deseo del Otro en tanto que llega al conocimiento

del sujeto inconsciente, y está en una posición contradictoria respecto del

sujeto (conocimiento de un sujeto inconsciente). Eso quiere decir, que el deseo

no tiene otro objeto más que el significante de su reconocimiento.

3) El niño desde su relación más primitiva con el Otro de la demanda, tiene que

vérselas con el deseo de la madre, que no puede descifrar como tal, sino de la

manera más virtual, a través del significante fálico, que no es otra cosa que el

significante del deseo del deseo.

4) Lacan, para aproximar el objeto del deseo, habla del fetiche, algo que está

en cualquier intercambio humano, es decir, de aquello que es la cáscara, lo

que recubre o esconde, la franja, el borde: es decir, el significante del deseo

del Otro.3

En Subversión del sujeto, menciona también al objeto transicional, objeto que

tiene la función de proteger al sujeto ante la angustia que le produce el deseo

del Otro cuando sobrepasa ciertos límites, pero dice que no es más que un

emblema, puesto que el objeto causa del deseo que es el falo, está en lo

inconsciente.

5) Esto nos permite concebir -dice Lacan- lo que sucede cuando el sujeto (en

esa relación sujeto-objeto) pasa al lugar de a, en tanto que en ese último

término, él no es más que el significante de ese reconocimiento: es decir, el

significante del deseo del deseo (es cuando el sujeto está en posición de ser

objeto del deseo).

Ese intercambio se produce a partir de la oposición ($◊a), es decir de un sujeto

imaginario, en el sentido más radical de que él es el sujeto de la desconexión,

del corte hablado, dado que el corte es la escansión esencial donde se edifica

la palabra … reunido con el significante del ser con el que el sujeto está

confrontado, en tanto que ese ser está marcado por el significante del deseo: el

significante fálico (que tiene un valor fálico).

6) Eso implica que el objeto a, el objeto del deseo, es un residuo, un resto. El

residuo que da el ser al que el sujeto hablante está confrontado, ante cualquier

posible demanda.

En Subversión del sujeto dirá que “ese sujeto que cree poder acceder a sí

mismo al designarse en el enunciado, no es otra cosa que un objeto de ese

tipo. Si se interroga al sujeto angustiado por la página en blanco, nos dirá quién

es el cagarro de su fantasma”.

7) Es por allí que el objeto se une con lo real, no con la realidad que es una

articulación simbólico-imaginaria. El objeto del que se trata, en tanto que se

une con lo real, participa del mismo en tanto que lo real se presenta allí

como lo que resiste a la demanda: es lo que Lacan denomina, lo

inexorable. El objeto del deseo es inexorable si se une con lo real: es lo

que siempre vuelve al mismo lugar. El deseo que se instituye en la

estructura simbólica, es de cualquier realidad, lo más real que puede

haber.

El objeto del deseo es el significante de una relación que se repercute

indefinidamente, en tanto que el deseo es el deseo del deseo del Otro, y es el

resorte de todo lo “económico” en el análisis.

III) Crítica a las intervenciones en las que el analista intenta adaptar al

sujeto a la realidad.

1) Lacan insiste en su oposición a las intervenciones del analista en la

transferencia que van en la dirección de la adaptación del sujeto a la “realidad”,

en función de los ideales y prejuicios del analista. Retoma algunos ejemplos en4

que este tipo de intervención provocaron “perversiones transitorias”. Una es

aquella en la que la psicoanalista le dice al analizante “Ud. habla de eso que

sabe que no sucederá nunca”…y en que el analizante se pone a ver cómo

orinan algunas mujeres en los wáteres a través de una rendija. Es decir, actúa

su fantasma voyeurista…en relación a la carencia y el deseo en el Otro

femenino. Y recuerda el ejemplo de Kris, de los “sesos frescos”…donde el

analista no tiene en cuenta el deseo del sujeto focalizado sobre esos objetos

de deseo que son –para él- las “ideas” de los otros, entre ellas seguramente las

de su propio psicoanalista. En ambos casos, se desconoce que con su decir,

los analizantes desean que se reconozca su deseo.

IV) Cultura y deseo. Sublimación y perversión.

1) En la experiencia analítica, experiencia del sujeto lógico, descubrimos esta

dimensión del deseo en cualquier relación intersubjetiva de intercambio en la

estructura social (Lèvi Strauss). La cultura, las relaciones del sujeto en relación

al logos, implican una hiancia, una distancia en relación a una cierta inercia

social. La relación de lo que sucede con la cultura en la sociedad, es una

relación de entropía, puesto que siempre incluye alguna función de

desagregación. Las condiciones de intercambio en la sociedad instauran un

movimiento, una dialéctica que deja abierta la misma hiancia en cuyo interior

Lacan sitúa la función del deseo.

2) Hay que recordar que la lógica lacaniana es una lógica dialéctica (es decir,

una lógica de las inversiones a partir del corte). Por ejemplo cuando plantea

que de lo que se trata en el análisis es de invertir el síntoma en efectos de

creación. Trabajará esas inversiones, a través de la topología y la lógica.

2) De allí que pueda pensar lo que se produce como perversión, como una

protesta del sujeto lógico respecto de lo que sufre a nivel de la identificación,

en tanto la identificación es la relación que ordena e instaura las normas de la

estabilización social de las diferentes funciones.

3) En ese sentido, recuerda que Freud ya había indicado en “Neurosis y

psicosis” que en las perversiones se produce esa escisión (spaltung) del yo

ante ciertos conflictos, para evitar la represión, y cómo eso las emparenta con

las inconsecuencias, las paradojas, las confusiones y la locura.

4) La actividad cultural, la sublimación, tiene que ver con la perversión en tanto

que degradación que protesta contra la conformización social. Dado que la

sublimación es una actividad sexual pero desexualizada, en tanto que no se

trata ni de fuente, ni de dirección, ni de finalidad, ni de objeto, la cuestión es la

naturaleza de la energía interesada. De hecho, es la forma misma en la que

fluye el deseo, puesto que puede vaciar a la pulsión que en realidad se reduce

al puro juego significante.5

5) Es por lo que el deseo y la letra pueden equivaler, si podemos ver que

en la perversión -en su forma más general como aquello que en el ser

humano resiste a cualquier normalización- se produce esa elaboración a

vacío que llamamos sublimación. Sublimación que es algo diferente de la

valorización social que puedan tener o no sus productos.

6) Hay que pensar la sublimación a nivel del sujeto lógico: es lo que permite el

trabajo creador a nivel del logos. Allí se insertan a nivel social las actividades

culturales con todos los riesgos que tienen de poder hacer estallar los

conformismos anteriormente instaurados.

V) El deseo y el corte

1) Lacan indica sobre el grafo que es sobre ese circuito cerrado de 4 términos

que hay que situar el deseo (parte superior). El deseo del sujeto, en tanto

que deseo del deseo, se abre sobre el corte, sobre el ser puro que se

manifiesta como carencia.

2) En el análisis ese deseo del deseo del Otro, se verá confrontado al deseo

del psicoanalista. En Posición de lo inconsciente dirá que “los psicoanalistas

forman parte del concepto de lo inconsciente porque ellos son sus

destinatarios”.

El análisis no es una simple reconstitución del pasado, ni una reducción a

normas preformadas, Se lo puede comparar a un relato en el que el relato

mismo sea el lugar del encuentro del que se trata en el relato.

2) El problema del análisis es que el deseo que el sujeto ha de encontrar, que

es el deseo del Otro, es decir el deseo del psicoanalista, deseo que está muy

presente en lo que se supone que le demandamos, se encuentra en una

posición paradojal porque debemos guiar el deseo del sujeto, no hacia el

nuestro, sino hacia otro (deseo). Hacemos madurar el deseo del sujeto para

otro (que nosotros). Estamos en la posición de hacer posible el advenimiento

del deseo.

3) Esta posición sólo puede sostenerse gracias al artificio de la regla analítica.

Pero el resorte último de dicho artificio es la apertura sobre el corte sin el que

no se puede pensar el deseo.

En el análisis no respondemos a las demandas -aunque no se trata de una no

respuesta absoluta-. En ello está el resorte de nuestra presencia. Pero hay que

darle un lugar esencial a lo que se reproduce al final de cada sesión -pero que

además es inmanente a toda la situación en sí misma- en tanto que nuestro

deseo se ha de limitar a ese vacío, a ese lugar que dejamos al deseo, al

corte, para que él se sitúe allí.6

El corte es el modo más eficaz de intervención y de interpretación

psicoanalítica, y Lacan se opone a que esté preestablecido. En ese corte

está el objeto fálico que es latente en cualquier relación de demanda, en

tanto que significante del deseo.

Concluye el seminario diciendo que hay que esperar un “poco de fantasía” del

análisis mismo.

————————-

Sobre este punto quiero resaltar algunas frases que aparecen en Subversión

del sujeto y Posición de lo inconsciente.

En el primer texto dirá que “lo inconsciente -a partir de Freud- es una cadena

significante que en alguna parte (sobre otra escena, escribe él) se repite e

insiste para interferir en los cortes que le ofrece el discurso efectivo y la

cogitación que él informa”. Y respecto de los momentos de fading del sujeto

(lapsus, chistes, etc.) señala que “…para que la caza del analista no sea vana,

necesitamos reducirlo todo a la función del corte en el discurso. El más fuerte

es el que forma una barra entre el significante y el significado. Allí se sorprende

al sujeto que nos interesa, puesto que al anudarse en la significación, lo

tenemos ya alojado en lo preconsciente.” Por ello indica que la sesión misma

ha de instituirse como ruptura en un falso discurso (palabra vacía) y agrega:

“Este corte en la cadena significante es el único que verifica la estructura

del sujeto como discontinuidad en lo real” .

Cabe recordar la definición de lo real que hemos citado: aquello que siempre

vuelve al mismo lugar, pero también la que dará luego: lo imposible de escribir.

En ese mismo texto vuelve a tratar la cuestión cuando aborda lo que denomina,

el estatuto subjetivo de la cadena significante en lo inconsciente, es decir en la

represión primordial (Urverdrängung). La función que soporta al sujeto de lo

inconsciente es la de la pulsión ($◊D), ubicada en el grafo, en el piso superior

pero correspondiendo al “tesoro de los significantes” situado en A. Allí da la

definición: “es lo que adviene de la demanda (del Otro) cuando el sujeto se

desvanece (fading) ante ella. Que la demanda desaparezca también va de

suyo, aunque permanece el corte, dado que éste queda presente en lo

que distingue a la pulsión de la función orgánica que habita: es decir, su

artificio gramatical, tan manifiesto en las reversiones de su articulación

respecto de la fuente o del objeto”.

En Posición de lo inconsciente subraya que “la presencia de lo inconsciente,

por situarse en en el lugar del Otro, hay que buscarla en cualquier discurso, en

su enunciación”. Es decir, en las formas pulsionales del habla de cada cual

(oral, anal, fálica, escópica e invocante).7

La delimitación de la zona erógena que la pulsión aísla de la función, es efecto

de un corte que se ve favorecido por los márgenes o bordes que cercan los

orificios del cuerpo. Corte que también está presente en el objetos parciales

(que no son parciales porque formen parte del cuerpo como objeto total, sino

porque representan parcialmente a la función que los produce).

Lacan agrega que esos objetos no tienen imagen especular -es decir,

alteridad- (lo que Lacan justificará en el sem. La identificación, mediante el

cross cap). Es lo que les permite ser el paño (estofa), o mejor dicho el

duplicado, sin ser -sin embargo- revés, del sujeto de la consciencia.

Más tarde aclarará que no es que no puedan aparecer en un espejo, sino que

no cumplen con la condición de mantener la simetría que el espejo

impone a cualquier sujeto que allí se vea reflejado.

Para terminar quiero recordar algunas frases que podemos leer en Posición de

lo inconsciente, respecto de lo inconsciente.

Recomienda que nos detengamos en su modo de cierre. Freud nos ha dejado

algunas indicaciones en cuanto a que se presenta como hiancia, latido,

alternancia de succión…es decir algo que Lacan busca fundar mediante una

topología.

“La estructura de lo que se cierra -nos dice- se inscribe en efecto en una

geometría en la que el espacio puede ser reducido a una combinatoria: esta es

lo que se denomina, con propiedad (matemática) un borde. Al estudiarlas

formalmente, en las consecuencias de la irreductibilidad de su corte, se

podrá reordenar allí algunas funciones, entre estética y lógica, de las más

interesantes. Uno capta allí que es el cierre de lo inconsciente (la resistencia),

lo que da la clave de su espacio, y especialmente de lo impropio que hay en

hacer de él un interior.”

“Si hay allí cierre y entrada, eso no quiere decir que separen: dan a los dos

dominios su modo de conjunción. Son respectivamente el sujeto y el Otro…El

sujeto…cartesiano, es el presupuesto de lo inconsciente…El Otro es la

dimensión exigida por el hecho de que la palabra se afirma en verdad. Lo

inconsciente es entre ellos, su corte en acto.”

En otras palabras, que lo inconsciente no es algo substancial, sino que se

revela en los momentos de fading del sujeto (formaciones de lo inconsciente),

es decir en los momentos de corte de su discurso consciente, es decir cuando

se ve confrontado a la Demanda real o imaginaria del Otro, que en la cura, no

es otra que la del psicoanalista. Esa demanda del Otro, no hace más que

plantear la pregunta por su deseo (Che Vuoi?).8

Para telescopear o aproximar el deseo del Otro, el sujeto no tiene otro recurso

que el significante fálico, significante del deseo del deseo, y eso le lleva a

responder mediante su fantasma ($◊a) lo que abre la puerta a la interrogación

por su propio deseo, y finalmente por su propio ser: es decir, el objeto -con

valor fálico- que él imagina ser para el Otro.

Marcelo Edwards

19-11-2012

Habilidades

Publicado el

7 septiembre 2025

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