La larga sombra del proyecto de 1895: pulsión de muerte y femeneidad, Jorge Belinsky

LA LARGA SOMBRA DEL PROYECTO DE 1895: PULSIÓN DE MUERTE Y FEMENEIDAD1

Jorge Belinsky

Para Amaya Ortiz de Zárate

Abstract

Este artículo puede ser leído como unidad independiente. Pero en realidad fue pensado como la continuación de Un ingenio sin nombre (Trama & Fondo nº 25. Experiencia y relato). En aquel artículo el eje era el Proyecto de 1895. Aquí el eje es la pulsión de muerte, cuya aparición en el campo conceptual data de 1920, el año en el que retorna, por así decirlo, el viejo manuscrito condenado a las sombras hasta entonces.

Palabras clave: pulsión de muerte, pulsión de vida, lo femenino, lo masculino, dualidad, trauma, cosmología, mística.

 

 

I)  EQUILIBRIO INESTABLE2

En 1900, con La interpretación de los sueños3, Freud sentó las bases para construir la doctrina psicoanalítica como totalidad sobre el suelo firme del deseo. No fue su primer intento, pero el otro, el de 1895, sólo vivió un año antes de ser arrojado, fuego purificador mediante, a una suerte de limbo; y nunca tuvo nombre.

Ni vivo, ni muerto, El proyecto de 1895, fluyó como una corriente subterránea donde convivían el misterio de la muerte y el secreto de la vida. El manuscrito, sin renunciar nunca a los derechos de la

 

1 Artículo publicad en la revista Trama y fondo, número 36, 2014)

2 Todas las referencias a las obras de Freud, excepto en el caso del Proyecto, remiten a la edición de Amorrotu (en adelante AE) con traducción de José L. Etcheverry. Para el Proyecto escogí, como en mi anterior artículo, la traducción de Ludovico Rosenthal (Obras completas, Santiago Rueda, tomo XXII)

3 AE, tomos IV y V.

 

primogenitura, encarnados en el concepto de trauma, mantuvo su fluir soterrado.

Mientras tanto, la construcción iniciada en 1900, culmina en 1914/1917 con la publicación de los cinco artículos que componen la Metapsicología4: bóveda del edificio doctrinal sostenida por dos columnas gemelas: la teoría de las pulsiones (pulsiones sexuales y pulsiones yoicas) y la estructura estratificada del aparato psíquico (consciente, preconsciente e inconsciente).

Freud fue siempre un aventurero y un conquistador que era muy capaz de hacer de necesidad virtud y aprovechar las excepciones para construir un nuevo orden conceptual en lugar de conformarse con la socorrida frase de que la excepción confirma la regla. Desde el trabajo sobre las Memorias del presidente Schreber5, la excepción, ya intuida por varios psicoanalistas, cristalizó en el problema de dar cuenta de las psicosis, ya que en estos cuadros también la instancia yoica se veía involucrada en lo sexual y, en consecuencia, no podía sostenerse la dualidad pulsiones del yo/pulsiones sexuales. En este sentido, las psicosis suponían un amenaza para el cuerpo doctrinal. La introducción del concepto narcisismo6, como parte de pleno derecho en la teoría, permitió conjurar esa amenaza; pero el precio fue elevado: una de las columnas no tenía ya la solidez de antaño.

El equilibrio se volvió inestable. Y un día la columna cedió y Freud pudo contemplar, a través de la bóveda rota, como las mariposas del alma de Cajal7, siguiendo un ancestral anhelo, atravesaban la frontera entre lo permitido y lo prohibido.

De este modo la crisis de los fundamentos pulsionales del aparato anímico llega a su climax en 1919. Lo familiar (heimlich) se ha vuelto extraño (unheimlich). Hay que buscar otra base. Pero en esa búsqueda

4 AE, tomo XIV.

5 AE, tomo XII.

6 AE, tomo XIV.

7 Así llamaba Santiago Ramón y Cajal a las neuronas: “Como el entomólogo a la caza de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en el vergel de la sustancia gris, células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida menta.” (Cajal SR (1899a) Estudios sobre la corteza cerebral humana I: Corteza visual. Rev Trim Micrográf Madrid 4: 1-­‐63.).

 

Freud utilizará una técnica diferente, siguiendo el consejo de Einstein (o atribuido a él): ““En tiempo de crisis, la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Tal vez por eso ningún texto freudiano –excepto el Proyecto-­‐ deja volar a la imaginación como lo hace Más allá del principio de placer8; sobre todo a partir del capítulo cuarto. En 1919, en Lo ominoso9 Freud había descubierto el demoníaco poder de la compulsión de repetición; un poder capaz de destronar al principio de placer. Un año después, al concluir el apartado III de Más allá del principio de placer, Freud retoma esa cuestión:

“Si en lo anímico existe una tal compulsión de repetición, nos gustaría saber algo sobre la función que le corresponde, las condiciones bajo las cuales puede aflorar y la relación que guarda con el principio de placer, al que hasta hoy, en verdad, habíamos atribuido el imperio sobre el decurso de los procesos de excitación en la vida anímica”10. Y en ese anhelo de saber está el verdadero comienzo del texto de 1920:

“Lo que sigue es especulación, a menudo de largo vuelo, que cada cual estimará o desdeñará de acuerdo con su posición subjetiva. Es, además, un intento de explotar consecuentemente una idea, por curiosidad de saber adónde lleva.”11.

El verbo ‘especular’ tiene diversas acepciones: (1) registrar, mirar con atención algo para reconocerlo y examinarlo; (2) meditar, reflexionar con hondura, teorizar; (3) procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil. Las tres están presentes en el vuelo que Freud emprende buscando nuevos fundamentos en aquella corriente soterrada, que ahora sale a la luz con fuerza creciente, hasta convertirse en un torrente incontenible.

Pero una digresión se impone, tocante al papel de la imaginación en la producción de conocimientos.

II)  AMORES TEMPRANOS

 

 

8 AE, tomo XVIII.

9 AE, tomo XVII.

10 Op. cit. En nota 7.

11 Op. cit. En nota 7.

 

La imaginación desempeña un importante papel en el proceso creador de las ciencias y de las humanidades. Esa importancia se expresa en dos niveles muy diferentes. Por un lado es parte del proceso de investigación, y como tal debe desaparecer en el proceso de exposición. Es una cuestión de estilo.

Pero también hay una aspecto pasional, al menos en ciertos investigadores. En una hermosa entrevista de Alicia Rivera a Gerald Holton, gran investigador de la imaginación en las ciencias, el entrevistador le pregunta por la característica esencial de un científico. La respuesta de Holton es de una profundidad extraordinaria:

“Tal vez mis colegas sonrían, pero creo que igual que algunas personas están enamoradas del dinero y otras se enamoran del arte […] los científicos están enamorados de la química o de la física o de las matemáticas… El científico se enamora muy joven y deja todo de lado por ese amor.”12. Y ese amor puede expresarse de muy diversas formas, aunque en el fondo todas ellas remitan a lo que suele llamarse cuestiones últimas, que varían naturalmente según el campo del que se trate, pero que tiene como rasgo fundamental el remoto pasado y el lejano porvenir.

A veces, pocas supongo, el amor tiene la fuerza suficiente como para generar en el investigador un relato literario acerca de la cuestión que lo intriga, del enigma que lo fascina.

Como recuerda Heisenberg, Niels Bohr equiparaba el lenguaje de la física al lenguaje de la poesía: “[…] para hablar de los átomos, sólo puede usarse el lenguaje como se emplea en la poesía. También el poeta intenta más bien crear imágenes y establecer conexiones mentales que describir hechos […] La teoría cuántica […] nos proporciona una ilustración impresionante del hecho de que podemos entender completamente una conexión aunque sólo podamos hablar de ella en imágenes y parábolas [.. .]”13.

 

12 Puede encontrarse en el siguiente link: http://www.iesleonardoalacant.es/Departamento-­‐ fisica/Noticias/Entrevistas/Los%20cientificos%20se%20enamoran%20de%20la

%20fisica.pdf

13 Tomo la cita (que corresponde Werner Heisenberg, Physics and Beyond, Ed. Harper & Row, NY. 1971, p. 68.) del libro de Judith Wechsler (compiladora): Sobre

 

Creo que la formulación de Bohr expresa con claridad que lo que está en juego, más allá de cuestiones particulares, es un relato mítico acerca de la estructura del universo al que la cuántica se refiere. Pero ese relato precisa ser reconstruido a partir de la propia obra de Bohr, escogiendo los momentos donde emerge como tal, por ejemplo en su apasionada polémica con Einstein. Y lo mismo puede aplicarse a la teoría de los transfinitos de Cantor, si tomamos como material su correspondencia con Dedekind; basta para ello con reemplazar en la frase de Bohr “átomos” por “números” y “teoría cuántica” por “teoría de los números” y hacer luego la reconstrucción del relato correspondiente.

También hay en Freud un relato apasionado y apasionante acerca del universo pulsional y sus avatares. Ese universo es tanto cosmológico como mítico. No en vano para él la pulsión de vida y la pulsión de muerte son seres míticos grandioso en su indeterminación14.

Este relato me interesa particularmente por dos razones: en primer lugar es un relato cosmológico, cuyos interlocutores principales son Empédocles e Isaac de Luria (aunque este último no sea mencionado explícitamente). En segundo lugar constituye un verdadero paradigma de la afirmación de Holton, antes citada: el científico se enamora muy joven y deja todo de lado por ese amor. Y Freud se enamoró muy joven y muy intensamente de una figura entretejida en el Himno a la naturaleza, que reunía rasgos de la creación con rasgos de la destrucción y que se desdoblaba en una vieja diosa y una diosa niña.

III)  LA PASIÓN FREUDIANA

Así, en el centro de la pasión freudiana habita, desde su juventud, una figura misteriosa que ahora comienza a desnudarse de nuevo para él15: la pulsión de muerte. Alrededor de ella Freud fundará, por tercera y última vez, el psicoanálisis y construirá un mito no menos importante que el de Tótem y tabú, ya que ambos se complementan en su intento

 

la estética en la ciencia (Traducción de David Huerta y Paloma Villegas, FCE, México, 1982) pág. 1.

14 AE, tomo XXII.

 

15 Digo “de nuevo” pues ya lo hizo o intentó hacerlo dos veces: una en el Proyecto de 1895 y la otra en Tótem y tabú.

 

de respuesta a las cuestiones últimas (el de 1913 al origen de la cultura, el que ahora veremos al origen de la vida).

El largo vuelo de la especulación comienza con el enigma (aún resuelto) de la consciencia de sí. De ahí la importancia concedida por Freud al trabajo de devenir consciente, porque es donde mejor se aprecia la célebre distinción de Brentano (uno de los maestros de Freud) entre intensio recta e intensio oblicua: en el acto de ser conscientes de algo somos a la vez conscientes de serlo.

Para explicar esta propiedad, Freud construye un modelo de la psique muy diferente al de La interpretación de los sueños: el modelo de una vesícula indiferenciada -­‐que abarca tanto el soma como la psique-­‐ de sustancia estimulable, cuya capa exterior muere para que el resto viva y se convierte así en protectora del conjunto y matriz del sistema consciente, ya que en este nuevo modelo la defensa ante la posible efracción de la capa protectora-­‐ es decir el trauma-­‐ es más importante que la capacidad de recepción16.

Cuando la efracción adquiere una extensión suficiente, el principio de placer queda abolido y en su lugar aparece la repetición monótona del suceso y la compulsión de repetición. El fundamento de la vida anímica se ha deslizado del deseo al trauma: el principio de placer ya no es lo originario, lo originario es la herida primigenia del trauma. Para que el principio de placer pueda imponer su reinado, esa herida tiene que haberse convertido en cicatriz. El trauma se muestra así, en tanto compulsión de repetición, como el corazón de lo pulsional y el fundamento del aparato psíquico. El frágil reinado del deseo reposa ahora sobre la vieja cicatriz. Y una cicatriz, como se sabe, siempre puede volver a abrir sus labios.

IV)  CUANDO ALGO RETORNA…

Así como el problema del origen del universo es parte de toda cosmogonía y supone el secreto de los vínculos entre lo femenino y lo masculino como dos aspectos de la divinidad, pues de otro modo toda diferencia sexual quedaría anulada; así también, en el mito del origen

 

 

16 Cf. El interesante artículo de J.-­‐B. Pontalis, “El psiquismo como doble metáfora del cuerpo”, en J.-­‐B. Pontalis, Entre el sueño y el dolor, traducción de César Aira (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1978).

 

de la vida17 aparece la dualidad entre lo animado y lo inanimado. Por supuesto que ambas dualidades son, como toda dualidad, asimétricas.

Al explorar por las relaciones entre lo pulsional y la compulsión de repetición, a Freud “se le impone”(sic) la convicción de estar en la pista de un carácter universal de las pulsiones y quizá de toda vida orgánica en general. Y bajo semejante imposición, el concepto de pulsión aparece, en su desnudez, a tumba abierta: “un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reprodución de un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas; sería una suerte de elasticidad orgánica o, si se quiere, la exteriorización de la inercia en la vida orgánica”18.

El último paso antes de formular el mito es mostrar la meta final de todo lo vivo, en clave de subjetividad, para buscar en esa meta el enigma del origen de la vida: “Si nos es lícito admitir como experiencia sin excepciones que todo lo vivo muere, regresa a lo inorgánico, por razones internas, no podemos decir otra cosa que esto: La meta de toda vida es la muerte; y, retrospectivamente: Lo inanimado estuvo ahí antes que lo vivo”.

En cuanto a la meta de toda pulsión no cabe duda, pero en cuanto al origen de la vida, éste sólo puede conjeturarse. Y si en 1913 Freud conjeturó un tiempo cero tocante al origen de la cultura, aquí también lo hará en lo que respecta al origen de la vida. En los dos mitos hay un importante rasgo en común: una extrema violencia pasional.

En Un ingenio sin nombre (Trama y fondo, número 25, 2008, págs. 55-­‐ 68)) destaqué esa violencia en un punto culminante de Tótem y tabú en la confrontación entre lo que lo que Freud dice: “Un proceso como la eliminación del padre primordial por la banda de hermanos no podía menos que dejar huellas imperecederas en la historia de la humanidad y procurarse expresión en formaciones sustitutivas tanto más numerosas cuanto menos estaba destinado a ser recordado él mismo”, y unos versos de La tempestad, citados en nota a pie de página, a modo

 

 

17 Menos mencionado que el mito del asesinato del padre es, sin embargo, tan necesario como aquél; hasta podría decirse que es la contraparte femenina del mito de Tótem y tabú y que esos dos mitos se interpenetran como después veremos.

18 Op. cit. En nota 7.

 

de autorización e ilustración de aquel asesinato y de sus dilatadas consecuencias:

«A cinco brazas plenas yace tu padre; coral se ha hecho de sus huesos; perlas son lo que sus ojos fueron:

todo lo que en él decae

sufre una conversión marina en algo extraño y rico»

La conclusión me parecía y me sigue pareciendo evidente: “el padre muerto, mejor aún, el padre póstumo, se transforma en algo exquisitamente femenino; como si en el remoto fondo de los mares lo aguardara ese destino; dejar de ser el Dios de las alturas, para convertirse en la Diosa que habita los abismos de la Historia”19.

Al mismo tiempo, el mito de 1913 muestra en el origen de la cultura los estrechos lazos entre la pulsión de muerte y la oposición entre lo femenino y lo masculino. Por eso hablé de una violencia pasional, porque guarda semejanza con la violenta pasión de Freud por su criatura: la pulsión de muerte, que también ahora a comienza a desnudarse después de transformar al Padre originario en Diosa. El fulgor de esa transformación refleja el fantástico destino de Lilith20:

Según Rafael Patai, ningún demonio hizo una carrera tan fantástica como la de Lilith: de orígenes humildes, después de su fracaso como futura esposa de Adán, se convirtió en amante de múltiples espíritus lascivos, llegó a a ser la esposa del Rey Demonio Samael y concluyó su carrera como consorte del mismísimo Dios.

19 Por una de esas curiosas coincidencias que hacían las delicias de Carl Jung, un año después de mi artículo, Jorge Marugán Kraus mostró interés por el mismo pasaje de Tótem y tabú . Cf. Marugán Kraus, Jorge, El deseo homosexual de Sigmund Freud y su travesía por lo femenino (Editorial Manuscritos, Madrid, 2009) págs.

169/170.

20 Los tres próximos pasajes se inspiran y toman su material del fascinante libro de Raphael Patai, The Hebrew Goddess (Wayne State University Press, Detroit, 1990), en especial en su capítulo X (Lilith) págs. 221-­‐254.

 

Lilith unió, por así decirlo, lo infernal con lo divino, ya que fue mujer para el Ángel Satán y para el Divino Creador. En este último caso ocupa al lugar de la Shejiná (la parte femenina de Dios). Y si fue la parte femenina de Dios, ¿no habrá sido también la parte femenina de Satán (a veces llamado “ el Otro Dios”)?

Por último, según algunas versiones de la mística hebrea, Lilith no es, en sentido estricto, una creación divina, sino una entidad independiente que surge del Gran Abismo. Y hasta podría pensarse que sus dos consortes son partes de Ella, lo que hace de Lilith una metáfora perfecta de la pulsión de muerte tal como ésta aparecerá en Análisis terminable e interminable.

V)  CEDEN LOS DIQUES Y EL MAR RECOBRA SUS VIEJOS TERRITORIOS

Algunos pasajes de Más allá del principio de placer hacen pensar en la matemática divina (Leibniz) y en la teoría de los transfinitos (Cantor). Son los pasajes donde más claramente resuena (o tal vez sería mejor decir “resonará”) la voz del Proyecto.

En matemáticas el término ‘indeterminación’ se vincula sobre todo con las relaciones entre el cero, la unidad y el infinito. En Más allá del principio de placer esos tres elementos podrían corresponder a la unidad plena de lo inanimado, al cero del vacío que allí debe abrirse para que la vida aparezca y a esas fuerzas misteriosas que son, en realidad, una única fuerza multiplicada hasta el infinito por la compulsión de repetición.

“En algún momento, por una intervención de fuerzas que todavía nos resulta enteramente inimaginable, se suscitaron en la materia inanimada las propiedades de la vida. Quizá fue un proceso parecido, en cuanto a su arquetipo {vorbildlich}, a aquel otro que más tarde hizo surgir la conciencia en cierto estrato de la materia viva. La tensión así generada en el material hasta entonces inanimado pugnó después por nivelarse; así nació la primera pulsión, la de regresar a lo inanimado.”21

De este modo surgió la vida; y con ella también la primera pulsión, la de regresar a lo inanimado. Así pues la pulsión de muerte sería la primera expresión pulsional en el big-­‐bang que Freud sugiere como

 

 

21 Op. cit. En nota 7.

 

origen de la vida. Pero, ¿qué ocurre entonces con el impenitente dualismo?

Al principio Freud parece resignarse al primado absoluto de la pulsión de muerte, al comprobar que todo bregar pulsional que se opone a la muerte, lo hace sólo para poder entregarse a ella a su manera: “el organismo sólo quiere morir a su manera, también estos guardianes de la vida fueron originariamente alabarderos de la muerte”22. Por supuesto siempre se puede recurrir a la oposición plasma germinal/soma, pero esto sólo puede garantizar una prolongación del ciclo. Hasta podría decirse que así como los organismos, también las especies quieren extinguirse a su manera.

Pero Freud no se resigna: si la pulsión de vida es el pendant de la pulsión de muerte, y si ésta tiene claro su designio (volver a lo inanimado), ¿cuál es el estado anterior al que aspira retornar la pulsión de vida? Para saberlo apela a Platón en El banquete, más precisamente al mito narrado por Aristófanes. El castigo de Zeus -­‐escindir las tres clases de seres esféricos y bisexuados23 transformándolos en seres menguantes y reducidos a un solo sexo-­‐ le sirve a Freud para formular la hipótesis de que aquella fuerza cuyo impacto suscito la vida en la sustancia antes inerte, al hacerlo también la desgarró en una multitud de partículas. A la luz de esa hipótesis, el mito se reformularía, más o menos así:

En algún momento, por una intervención de fuerzas que todavía nos resulta enteramente inimaginable, se suscitaron en la materia inanimada las propiedades de la vida y, en ese paso de lo inerte alo vivo, la nueva materia se desgarró en múltiples partículas. La tensión provocada por esos dos procesos dio origen a las dos pulsiones, Thanatos y Eros, y a sus metas respectivas: volver a lo inerte; unir lo disperso.

Freud complementa después esta posible reformulación en el cuarto apartado de El yo y el ello24:

 

 

22 Op. cit. En nota 7.

23 Vale la pena disipar la confusión de que todos los seres esféricos eran hermafroditas. Nada de eso, eran de tres clases, según llevaran dos penes, dos vaginas o un pene y una vagina; estos últimos eran los únicos hermafroditas. 24 AE, tomo XIX.

 

“Sobre la base de consideraciones teóricas, apoyadas por la biología, suponemos una pulsión de muerte, encargada de reconducir al ser vivo orgánico al estado inerte, mientras que el Eros persigue la meta de complicar la vida mediante la reunión, la síntesis, de la sustancia viva dispersada en partículas, y esto, desde luego, para conservarla. Así las cosas, ambas pulsiones se comportan de una manera conservadora en sentido estricto, pues aspiran a restablecer un estado perturbado por la génesis de la vida. La génesis de la vida sería, entonces, la causa de que esta última continúe y simultáneamente, también, de su pugna hacia la muerte; y la vida misma sería un compromiso entre estas dos aspiraciones. Se diría, pues, que la pregunta por el origen de la vida sigue siendo cosmológica, en tanto que la pregunta por su fin y propósito recibiría una respuesta dualista.”

Y sin embargo, en la última frase del fragmento que acabo de citar, algo pugna por abrirse paso para mostrar la delicada asimetría que se pone de manifiesto al trasladar la narración de Aristófanes al campo psicoanalítico. Pues con esta narración no sólo se completa el mito de 1920, sino que éste se articula con el mito del origen de la cultura y, lo que es más importante, se crea una zona transicional donde las dos grandes dualidades –Eros/Thanatos; masculino/femenino-­‐ entrecruzan sus caminos. Conviene recordar que en términos derrideanos ambas oposiciones, donde hay siempre un elemento dominante y una posibilidad de inversión, son oposiciones within y no between.

Por último es preciso considerar como concluye El malestar en la cultura25 cuando el autor se refiere a los peligros que acechan a los seres humanos a escala planetaria y abre un resquicio a la esperanza -­‐ “Y ahora cabe esperar que el otro de los dos «poderes celestiales», el Eros eterno, haga un esfuerzo para afianzarse en la lucha contra su enemigo igualmente inmortal”-­‐, para arrojar poco después la espesa sombra de la duda: “¿Pero quién puede prever el desenlace? [La última oración fue agregada en 1931, cuando ya comenzaba a ser notoria la amenaza que representaba Hitler.].”

Así se cierra el gran giro del 20, con sus tres niveles: metabiológico, metapsicólogico y metacultural. La imaginación del creador del psicoanálisis queda libre para indagar si existe otra caverna, más profunda aún.

25 AE, tomo XXI.

 

VI)  ADVOCATUS DIABOLI

En enero de 1937 Marie Bonaparte le cuenta a Freud que había comprado toda su correspondencia con Fliess. Obviamente él intentó recuperar las cartas y manuscritos; pero la Princesa se negó, quería conservarlos para la posteridad. Esa es la versión oficial, pero conviene usar de nuevo la imaginación para considerar las complicadas relaciones entre el creador y la princesa. Según la mayoría de los biógrafos de Freud, Marie Bonaparte representaba la figura de la discípula obediente, a veces incluso sumisa.

Nada más lejos de la verdad. Ella fue para Freud una hija rebelde y capaz de ejercer una seducción diabólica cuando se lo proponía. Buena prueba de esto es que fue la persona elegida para la pregunta por el deseo femenino; y ahora era la dueña de los papeles secretos. Al negarse a devolver esos papeles; y más concretamente al negarse a devolver el Proyecto, ella satisface el deseo profundo (y acaso no consciente) de él: “no deje que nadie lo destruya”.

El ingenio sin nombre había reaparecido en 1920, después de 25 años de errancia. Pero estamos hablando del mundo de la ideas. Una reaparición física es algo muy distinto ya que supone una estallido en el presente de modo tal que éste se desdobla, por así decirlo, en un presente-­‐presente y un presente pasado. Y en ambos casos hay porvenires abiertos26.

En junio de 1937, seis meses después del encuentro con Marie, Freud publica Análisis terminable e interminable. El apartado final de este texto es un ceñido análisis de la oposición femenino-­‐masculino hasta llegar al rocoso lecho de la biología. En el apartado VI Freud aborda una vez más el problema del dualismo pulsional, pero esta vez con un resultado sorprendente. Después de retroceder 25 siglos para acudir a la cosmología de Empédocles, cuyos dos principios rectores, phylia (amor amistad) y neikos (odio, discordia), son equiparados a la pulsión de vida y a la pulsión de muerte, respectivamente. Después Freud destaca las diferencias entre la Weltanschauung de los griegos y la propia de su tiempo. Y por último acude a la mística judía de Isaac de Luria (aunque no lo mencione) para llegar a una conclusión que sólo era posible por el efecto de la colisión temporal ya señalada:

26 Uso aquí, con cierta libertad, la concepción sobre el tiempo histórico de Reinhart Koselleck

 

“[…] en cierta medida hemos dado infraestructura biológica al principio de la «discordia» reconduciendo nuestra pulsión de destrucción a la pulsión de muerte, el esfuerzo de lo vivo por regresar a lo inerte. Esto no pone en entredicho que una pulsión análoga pueda haber existido ya antes, y desde luego no pretende afirmar que una pulsión así se ha engendrado sólo con la aparición de la vida. Y nadie puede prever bajo qué vestidura el núcleo de verdad de la doctrina de Empédocles habrá de mostrarse a una intelección posterior.”27

Ante una idea tan inesperada, ya que hace estallar la dualidad establecida en 1920, conviene aclarar que eso no significa que el dualismo como tal desaparezca. Más bien exige explorar su nueva naturaleza, volviendo a la vieja raíz del 95. Ya que el primer principio que aparece en el Proyecto es el principio de inercia, que 25 años después, se deslizará al principio de nirvana de Barbara Low. Ahora bien, en este principio de constancia, la influencia de Gustav Fechner es de capital importancia. Por otra parte, tal vez por casualidad, tal vez no, la idea de una pulsión de muerte anterior a la vida recuerda uno de los libros, de tono místico, que Fechner publicaba bajo el pseudónimo de Doctor Mises. En este caso me refiero a Vier Paradoxa, donde Fechner afirma que la destrucción es un principio superior a la creación; pues en el comienzo estaba la destrucción, que después comenzó a destruirse a si misma, y así apareció la creación28.

Sin embargo, volver ahora a la vieja raíz, para reflexionar una vez más acerca ella, exigiría un tiempo y un espacio de los que no dispongo, si este artículo aspira a nacer. Anotemos, en todo caso, que en esa relectura habría que incluir tres elementos indispensables: la carta del 20-­‐X-­‐95, el sueño de Irma (soñado durante ese crucial mes de octubre) y la cuestión de la bisexualidad.

 

27 AE, tomo XXIII

28 Cf. Ellenberger, Henry, El descubrimiento del inconsciente, traducción de Pedro López Onega (Editorial Gredos, Madrid, 1976), pág. 596.

 

VII)  MARIE BONAPARTE Y EL ÁNGEL

De todas las mujeres que poblaron el nuevo continente descubierto y conquistado por Freud, ninguna tuvo con él una relación tan profunda como Marie Bonaparte29. Ambos compartían la fascinación por las tinieblas del continente oscuro y por la muerte en sus diversas representaciones. Por último, el análisis de Marie fue un combate militar en toda regla. Y mucho más equilibrado de lo que podría parecer a primera vista: es cierto, Freud era un estratega militar como su ídolo, Aníbal; pero ella era descendiente directa del Gran Corso y su grandeur30.

Freud encontró en ella una hija inteligente y apasionada. Encontró también una reencarnación de Perséfone-­‐Kore (recordemos que las cenizas de Freud y de su mujer, en el cementerio Golders Green de Londres, reposan en una urna griega de 2.300 años de antigüedad, regalo de Marie Bonaparte).

El fin se acercaba a pasos acelerados, a mediados de junio Freud le escribió a Marie la que sería su última carta:

“Londres, 16 -­‐ VI -­‐ 1939

20, Maresfield Gardens, N.W.3 Mi querida Marie:

Anteayer estuve a punto de escribirle una larga carta de condolencia por la muerte de nuestra vieja Tattou y para decirle que en su próxima visita escucharía con mucho interés cuanto quisiera contar sobre sus nuevos escritos, y agregaría de vez en cuando una palabra, cuando creyese que podía servir como complemento. Las dos noches que siguieron volvieron a destruir cruelmente mis esperanzas. El radio ha comenzado a roer otra vez, provocando dolores y manifestaciones tóxi-­‐ cas y mi mundo ha vuelto a ser lo que era anteriormente: una pequeña isla de dolor que flota en un océano de indiferencia.

 

29 Hay una excelente biografía de Célia Bertin con prólogo de Elizabeth Roudinesco. Bertin, Célia, Marie Bonaparte, traducción de Javier Albiñana (Tusquets editores, Barcelona, 2013).

30 Cf. El delicioso relato que Alix Lemel imagina de ese análisis. Lemel, Alix, Les200 clitoris de Marie Bonaparte (Arthème Fayard, Paris, 2013).

 

Finzi continúa asegurando que está satisfecho. Su respuesta ante mi última queja fue: «A la larga, usted también se sentirá satisfecho». De este modo me induce, a medias contra mi voluntad, a abrigar esperanzas y, entre tanto, a seguir sufriendo.

Me enteré que ya se han vendido mil ochocientos ejemplares de Moisés y la religión monoteísta. Muy cordialmente y, con «cálidos climas y deseos» en tanto permanezca a la orilla del mar.

Suyo, Freud”31

La carta, de singular belleza, en la que el autor se muestra en una imagen poderosa y descarnada: una pequeña isla de dolor que flota en un océano de indiferencia, es un pedido urgente de amparo, expresado con la hermosa retórica freudiana: con «cálidos climas y deseos» en tan-­‐ to permanezca a la orilla del mar (por favor, deje la calidez del mar y del deseo, y venga usted antes que la fría noche me envuelva con su majestad sombría).

Marie acude a Londres donde permanece del 30 de julio al 6 de agosto. Cuando acude a despedirse, se sienta al borde de lecho y contempla el rostro sufriente donde ya el Ángel se refleja en los ojos velados que se apagaban.

Es imposible, claro está, saber lo que ella le dijo en ese momento, que ambos sabían que seria el último. Pero cabe imaginar las palabras de Mario. Cabe imaginar que volviese sobre  la pregunta por el deseo de la mujer, que confesase que había estado a punto de aceptar que la pregunta por ese deseo era como preguntarse por el origen del universo. Cabe imaginar que  entonces le dijo a Freud que recorriendo al azar su correspon-­‐ dencia con Fliess, había atraído su atención un párrafo de la carta en la que el maestro confesaba su fatiga y que en ese párrafo  residía la clave apenas esbozada a la pregunta nunca satisfecha:

«Estoy totalmente agotado por el trabajo y por cuanto con él se relaciona, germina, atrae y amenaza— Los grandes problemas aún siguen

31 Caparrós, Nicolás, Correspondencia de Freud (Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2002). Carta 3690, tomo V, pág. 539.

 

irresueltos. Todo se mueve y asoma; es un verdadero infierno intelectual, con un estrato surgiendo tras otro y cubriéndose mutuamente; en el núcleo más tenebroso se alcanza a vislumbrar el contorno de Lucifer-­‐ Amor.»32

 

 

 

 

Entre la imagen luciferina y la pregunta por el deseo femenino hay un vínculo sutil, porque en la nebulosa de ese «infierno intelectual» que describe Freud en su carta, confluyen la bisexualidad, la diferencia de los sexos y el enigma de una pulsión de muerte anterior a la vida. Podemos conjeturar entonces que para dar respuesta a la célebre pregunta que él le hizo a Marie-­‐¿ Was will das Weib? (¿qué quiere la mujer?)-­‐ hay que contestar primero otra: ¿Was will das Lilith, das uns bewohnt? (¿Qué quiere esa Lilith que nos habita?).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

32 Carta del 10 de julio de 1900. La cita en este caso está tomada dela traducción de Ludovico Rosenthal, en Freud, Sigmund, O.C., Santiago Rueda, tomo XXII.

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Publicado el

7 septiembre 2025

Umbral
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