No filiaciones y otras filias1
Hace un par de años escribí un libro2 sobre la experiencia de trabajo como
psicoanalista en una residencia de menores, adolescentes embarazadas y
madres. Una clínica donde los problemas de filiación se producían como causa
y como efecto. Niñas-madre, abandonadas, desamparadas; donde el hijo
aparecía fantasmáticamente como aquello que se puede tener, no sólo en el
sentido simbólico de la ecuación, sino dentro de una realidad de carencias
materiales y familiares importantes. Esta ilusión duraba normalmente el tiempo
del embarazo y un par de meses más; cuando el niño comenzaba a demandar
el único deseo era sacárselo de encima. Una joven no filiada, no podrá filiar y el
hijo acabará siendo hijo de otros, ya sean adultos de la propia familia, a veces
de la familia del novio, a veces dado en adopción y a veces dejado en las
mismas instituciones públicas, residencias de menores donde estas mismas
muchachas se criaron. Trabajé con más de 70 casos y solo una vez se produjo
la filiación, a lo largo de cuatro años de trabajo analítico, incluso cuando la
joven ya se había marchado de la institución, lo que también es original porque
normalmente las curas se interrumpían o duraban hasta que decidían
separarse del hijo. Separación en la realidad.
En estos dos años posteriores a la edición del libro, sensible ante el tema de
maternidades, paternidades, adopciones y niños abandonados, he reflexionado
sobre algunos otros temas en torno a lo filial que harían ese capítulo no escrito
del mismo libro que hoy tengo la oportunidad de esbozar.
En aquél momento, al hablar de madres no mujeres, decía:
… en el siglo XXI, una mamá de quince años, es claramente vista o escuchada como
un síntoma social y difícilmente pueda ser pensada como una mujer.
Habremos de aclarar, entonces, que no es necesario tener dieciséis años para ser
mamá y no ser una mujer. También las hay de treinta y cinco, veintiocho o cuarenta y
dos, se trata de un problema lógico y no cronológico, si bien es más sencillo
reconocerlo en las adolescentes3
Lo que en aquél momento no dije y creo que no lo había pensado aún es que
hay otro dato social igualmente interesante, por no decir alarmante, que tiene
que ver con la cantidad de hombres y mujeres supuestos adultos que no
pueden filiar porque continúan siendo hijos adolescentes, cuando no niños
desamparados. Y vamos a hablar de alguno de estos casos con los que me he
encontrado en mi práctica.
1 Presentado en las Jornadas de la “Fundación Europea para el psicoanálisis” en Barcelona, Mayo 2009
2 L. Kait Madres, no mujeres. Ed. Del Serbal, Barcelona 2007.
3 Op.cit. Introducción
1Primer ejemplo. Mujeres de más de 35 años que no se plantean la maternidad,
por diversas razones, algunas dichas de esta manera en entrevistas
preliminares:
“la empresa me necesita quince horas diarias si quiero progresar como progresan los
hombres. Más adelante ya habrá tiempo para hijos, ahora ni tiempo de pensarlo”
Mujer de 38 años, que trabaja en inversiones y marketing. Soltera
“si quiero llegar a ser juez, tengo delante unos cinco años de oposiciones un hijo me
interrumpiría la carrera. Por suerte él tiene la niña… aunque me muero de celos por
todo el tiempo que le dedica ¿Cómo se puede estar celosa de una niña de cuatro
años?” Señora de 35 años, abogada. En pareja
Ya me analicé más joven, ahora vengo por algo muy concreto, no sé si esto se le
puede pedir a un psicoanalista pero quiero poder jubilarme. Me falta un año y en mi
profesión nadie se jubila. Cuando me analicé era porque quería tener un hijo y no lo
tuve, siempre lo dejaba para después, siempre habría tiempo, ahora pienso que no
tuve el coraje, esa postergación también fue por mi profesión, no quiero que me pase
otra vez lo mismo. Mujer de 64 años, política, con cargo en la administración. Soltera
Con él ni me había planteado tener hijos. Ahora es mi ilusión. He pedido un crédito al
banco para dos inseminaciones. Ya me he hecho la primera, hace un año y lo he
perdido (llora). No se sabe por qué pasan estas cosas he decidido volver al análisis
porque quisiera no fallar una segunda vez. Administrativa, divorciada, 36 años. Vive
con la madre.
No tuve hijos porque quien fue mi pareja durante doce años, era casado, su mujer
estaba enferma y él no la iba a dejar. Yo estaba de acuerdo. Y nunca pensé en la
maternidad en solitario. Como no tenían hijos los quiso conmigo, pero si no se
separaba no los podríamos tener…. Ahora me siento muy sola y me gustaría acoger a
alguna niña, ya criadita, de unos ocho o diez añitos. 52 años, diseñadora. Soltera
La primera cuestión que puede desprenderse de estos ejemplos es que
algunas mujeres, sobre todo en la vida urbana deciden tener hijos solas, la
maternidad actual no está necesariamente ligada a la pareja, al matrimonio.
Salvo para ésta última señora, que pasó de estar en posición de hija de sus
padres, a otra relación triangular luego de la muerte de su padre, nuevamente
hija de este matrimonio que nunca se separaría. Ha sido mi paciente la que
dejó a su amante, aunque mantienen una buena amistad, ahora sin relaciones
sexuales, lo que mejor garantiza una relación filial. Tampoco ha acogido a la
niña que decía querer, se está cuestionando el tema porque dedica todo su
tiempo libre a actividades lúdicas y de voluntariado y a sí misma, cosas a las
que no quiere renunciar. Me parece que en mi vida no hay tiempo para otra
niña ni en fines de semana. Preguntada por el lapsus ¿otra? Dice que es
porque en otro momento ya había pensado en adoptar. La pregunta es si la
niña de quien habla no sigue siendo ella, cuestión muy difícil de escuchar…
aún.
En este caso es bastante clara la elección por la posición narcisística como
hija, pero no lo es menos en los otros, una manera de vivir donde siempre hay,
hay tiempo, por ejemplo. La marca del tiempo biológico propio del cuerpo
femenino no entra en cuestión, no hay final, viviendo como si la muerte no
2existiese, propio de los niños que no saben de eso de morir, aunque pasan los
días matándose en sus juegos. La parte de la vida que se juegan estas mujeres
es la de su propio deseo. En ninguno de estos casos hubo una decisión
reflexiva en la cuestión de no tener hijos, en el sentido del deseo. Se ha
decidido por lo contingente o por lo que supongo que el otro quiere de mí, o se
lo ha dejado para más adelante ¿para cuando sea grande?
El segundo ejemplo que trataremos es aquél en que se reemplaza el deseo por
la tecnología. En muchas ocasiones en que el impedimento para tener hijos
pareciera de orden biológico o fisiológico, los enormes avances tecnológicos de
la contemporaneidad han venido a solucionar deficiencias importantes con
invenciones como los bebés probeta, el implante de óvulos, y demás variantes
sobre el tema. Pero resulta que muchas veces no se trata de ningún
impedimento orgánico, sino que la concepción está imposibilitada por razones
indescifrables para la ciencia.
En otros embarazos no aparecen problemas en la concepción que se produce
sin inconvenientes sino en la imposibilidad de sostenerla, se pierde el
embarazo sin que la medicina pueda saber de las causas. En muchos de estos
casos alguien podría preguntarse por el deseo. Tal como lo dice Lacan4, es un
error escuchar a la voz del cuerpo y no a la voz del inconsciente como si
precisamente no fuera por el inconsciente que el cuerpo adquiere su voz.
¿Querrá esta pareja, o esta mujer tener un hijo? ¿Querrán hacerse padres? ¿O
el hijo viene a la serie boda, casa, tele, coche, ordenador? A veces convendría
dejar al cuerpo con sus razones inconscientes, sin imponer desde fuera hijo a
toda costa. A veces también convendría derivar a un psicoanalista pero los
tecnócratas no están por la labor.
No tengo experiencia clínica en este último caso que acabo de citar, el ejemplo
surge de la relación con colegas ginecólogas y de lo que podemos leer y
escuchar en los distintos medios. Si dentro del campo médico no tengo
experiencia, sí la tengo con los servicios sociales, de aquí el tercer ejemplo del
que hablaremos.
En el funcionamiento de algunas adopciones se produce un fenómeno de
aborto de la paternidad, especialmente dramático. Se devuelven niños.
¿Cuándo? Sobre todo en la entrada en la pubertad. ¿A quién se lo devuelven?
Al estado que se hará cargo de la tutela en centros de menores. Como si el
texto, si pudiera decirse, fuese algo así: “como el hijo no es lo que yo esperaba,
afuera con el hijo y me presento en la taquilla de devoluciones”. No es esto lo
que se dice. Se dicen cosas como, es terrible, no puedo con él, nadie puede,
en la escuela no lo quiere nadie, esto pasa por la violencia que vivió al nacer, o
será hereditario ser malo, y como yo no soy responsable de esa herencia….
que se ocupe el papá estado.
La pregunta que me surge -ante tanta maternidad y paternidad imposible, ante
tanta falta de amor y de deseo- es sencilla ¿por qué? Mientras esto escribo
4 J. Lacan. L’Etourdit in Autres Ecrits: Indiquons seulement que les femmes ici nommées, y firent appel
du corps, comme si justement ce n’était pas de l’inconscient que le corps prenait voix
Pag. 463, France, Seuil 200l.
3escucho por la radio5 que la fiscalía no encuentra razones para juzgar al padre
que, el verano pasado, se dejó a su bebé olvidado dentro del coche en vez de
dejarlo en la guardería. El hijo murió deshidratado mientras su papá estaba en
el trabajo. Ahora se lo juzgaría sólo en el caso de que su mujer lo acuse.
Interesante, la ley no actúa, salvo que una madre, en este caso ¿La mujer?
decida.
En cada época los hijos han tenido distintas funciones sociales, venían a
asegurar la producción de la tierra, la trascendencia de algún apellido, la
herencia del condado, reino o el taller; o simplemente a poblar zonas vacías.
Estas razones aún están aquí. También es cierto que todas las épocas tuvieron
hijos abandonados y desamparados, incluso mucho más que hoy día.
Pero cabe la pregunta por la particularidad en la falta de filiaciones en la
contemporaneidad. Evidentemente la respuesta subjetiva sólo podemos
encontrarla en el caso por caso, pero dado que se trata de un tema social,
producto de la cultura del discurso capitalista me interesaría dejar planteada
una idea, una hipótesis.
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El agente de este discurso es un sujeto sometido a la verdad del mercado, del
lado del otro, un saber hacer dinero. Dice Lacan6, que ahí no encontramos un
sujeto sino un je. Introduce así este quinto discurso para distinguir trabajo de
saber. En el lugar de la producción, el capital coloca a los objetos de consumo,
los gadgets. Así, con el trabajo, el trabajador adquiere un sueldo, un pago, en
cambio el saber, tiene otro precio: la renuncia al goce: No es porque el trabajo
implique la renuncia al goce que toda renuncia al goce implique trabajo…. El
saber no tiene nada que hacer con el trabajo…. Y para que esto se aclare tiene
que haber un mercado…. La cuestión podría plantearse así: en el mercado de
hijos, si no hay un saber -de la castración y la falta- que haya implicado cierta
renuncia al goce, ese hijo no será filiado sino que entrará en la serie objetos de
consumo.
En este circuito mercantil, las filias entre algunos humanos pierden espacio
mientras pareciera que lo que interesa es producir objeto. Los sujetos,
entendiendo como tales a algunas personas adultas que estarían en
disposición de pensar, de cuestionar, de interrogar, incluso de hacerse cargo
de su deseo no sólo interesan poco, sino que irían a producir en contra del
mismo discurso, si es que el mismo sistema no los aloja para que produzcan
para el capital. Se trata del mercado exiliado del saber, o de algunos saberes
sólo al servicio del mercado. Con lo que algunos, producen hijos a falta de
cualquier otra cosa que producir, identificados con el capital, o no los producen
si el capital los necesita todos, entero su tiempo y sus deseos. Eso, del lado de
los padres, del lado de los hijos, interesan hijos esclavos, dispuestos a hacer lo
que les mandan: consumir y callar y usar la boca con el otro fin: que estamos
en época de oralidad, de voracidad nadie lo duda, la parte rica del mundo
capitalista genera obesos, gordotes, bebés de 90 kilos. Paradójicamente
nuevos hijos desamparados.
5 Radio “La Ser”, Miércoles 8-4-09, noticias de las 13 hs.
6 J.Lacan, Seminario Nº 16 “De un Otro al otro”. Clase del 20-8-68.
4Bibliografía
J. Lacan, Seminario Nº 16 “De un Otro al otro”. Buenos Aires, Ed. Paidós. 2008
“Radiofonía y Televisión”. Barcelona, Anagrama, 1977,
Roland Chemama, “Elementos lacanianos para un psicoanálisis de lo
Cotidiano”, Ed. Del Serbal, Barcelona 2001
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