Esta reflexión de los seis años que llevamos trabajando en UMBRAL, fue
motivada por una invitación para publicar que luego no se llevó a cabo1. Vale la
pena agradecer la fracasada invitación porque ha estimulado poder pensar
UMBRAL como un espacio no sólo de atención clínica para gente con
problemas económicos, que fue su objetivo original, sino con los efectos de
creación y formación que ha tenido para los profesionales que vamos haciendo
parte de este recorrido. Este es un intento de contar a otros, el deseo de armar
un lazo entre psicoanalistas dentro de un espacio que valore la producción y
las ideas de cada uno de sus profesionales.
En principio, señalar que lo que va de un analista a otro recorre toda la
formación y la experiencia clínica en esta profesión. No hay posibilidad de
analista sin otro, con todas las ventajas y complicaciones que tienen los
vínculos con los pares. Las bases de este recorrido son hoy las mismas que
Freud planteó en 19182, cuando describió las cuatro patas en que se sostiene
el oficio de psicoanalista:
– su análisis personal
– la formación teórica
– la supervisión
– la interlocución con los pares.
El fundamental, el análisis del analista. El trabajo en su propio análisis será lo
que posibilite a ese sujeto recorrer el camino que lo ha constituido en este viaje
del Otro a otro. Es en el dispositivo donde el inconsciente se pone en acto,
donde el analista (de este futuro analista) sabrá hacer con los semblantes
necesarios, la conducción de una cura que posibilite algo nuevo a producir
movido el sujeto por el deseo de saber, reducido el goce y por fuera del puro
síntoma. Es en este proceso que luego de la reducción de las identificaciones y
el atravesamiento del fantasma, se produce la caída de “a”, y algo nuevo
aparece: un cambio de posición subjetiva. En este momento, Lacan supone
que todo analizante pasa a ser un analista. Agreguemos que algunos vamos a
trabajar de ello y otros no, pero sabrán hacer uso de esta nueva posición para
lo que quieran hacer de sus vidas. Se trata del sujeto advertido. Uno que no
desaprovechará las contadas situaciones para ser feliz.
Queda dicho, puntuado muy rápidamente lo que sabemos es un proceso largo
duro y difícil, porque no es este punto en el que nos detendremos.
1 El texto no gustó al amo de la revista, que había hecho la invitación, muy en la línea discurso amo que
no solo rige la mayoría de asociaciones psicoanalíticas, sino también sus publicaciones.
2 S. Freud, Sobre la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad. Ob. Completas
1El lugar de la lectura. Lo que los analistas hacemos es justamente esto, saber
leer en un discurso. Para ello, además del propio análisis (donde aprendemos a
leernos), están los libros, para estudiar, investigar y pensar sobre los textos que
los creadores de la teoría han tenido a bien escribir para enseñarnos y a veces
también para transmitirnos -en este acto de escritura- no sólo la teoría
psicoanalítica sino lo que se juega en su acto. A veces –y ocurre demasiadas
veces- los textos son aburridos o herméticos, se trata de una escritura por fuera
de la experiencia, una manera de repetir y repetirse en citas de otros… otros
normalmente padres, Freud o Lacan las más de las veces. Y como todos
sabemos: los padres mejor muertos, es la única posibilidad de heredar y
establecerse en la línea de la sucesión. De lo contrario se roba o en el mejor de
los casos se copia, si bien hay un largo momento de la formación en que se
busca y mucho, contrariamente a lo que Picasso proponía.
También se suele leer a los pa(d)res de las instituciones de las que se forma
parte. A ellos, las más de las veces, se los lee y se los escucha interesen o no
porque se trata de algo políticamente correcto y suele convenir por cuestiones
de mercado. Y esto es un problema porque hay producciones interesantes en
los actuales dirigentes en el mundo analítico que terminan por no ser leídos por
fuera de sus propias instituciones por cuestiones de rivalidad y a veces también
de tiempo… hay demasiado por leer y la pila de los no leídos en la mesilla de
noche y el escritorio de la consulta suele ir aumentando de forma escandalosa.
Las supervisiones, son ese lugar donde podemos pensar sobre nuestro acto,
buscar respuesta a las preguntas que se abren en el vínculo transferencial,
ligar la práctica con la teoría. El dispositivo puede ser individual o en grupo,
espacio este que abre a múltiples e interesantes interrogaciones o lecturas.
Hasta aquí, cualquiera de estos tres actos: analizarse, estudiar, supervisar,
pueden ser individuales. Individual no quiere decir a solas. Siempre, en esta
práctica, estamos a solas con otro analista, o en presencia o en los textos
(deseable es que no siempre los autores sean analistas, una de las mejores
fuentes de formación es la literatura… pero este es otro tema). Y me gustaría
poder pensar que estos tres actos se deciden con autonomía por el futuro
analista pero muchas veces, están más ligados a intereses institucionales que
a la interrogación o el deseo propios.
Y esto nos lleva al cuarto punto, que es el que me interesa desarrollar, la
reunión de analistas.
La institución psicoanalítica sigue el viejo modelo edípico inaugurado por Freud
que pasa el testigo de mando a su hija. Tal fue la ceguera de este padre
amante que se negaba a conocer a Melanie Klein, a quien ignoró lo que pudo
hasta que no habrá podido evitar citarla en uno de sus textos. Una sola vez y
al lado de su hija. Una hija que en todo caso fue una creativa y original
pedagoga, dando origen, tal vez, a lo que se ha dado en llamar el psicoanálisis
aplicado, en este caso a la educación.
J. Lacan sigue el modelo casi al pie de la letra, elige dejar el testigo a su yerno,
lo que ya da qué pensar en pleno auge del discurso feminista. Este “hijo” no
venía de la pedagogía sino del discurso político y en ello transformó al
psicoanálisis, en hijo del discurso capitalista, para ponerse a tono con casi
todos los discursos políticos que en la juventud fueron revolucionarios o
2marginales y tan adaptados en la madurez. También esto es un problema
porque hay textos de J.A. Miller muy interesantes que pasan a ser secundarios
o prescindibles para aquellos que no son parte de su política.
A partir de la disolución de la Escuela y posterior muerte de Lacan, la eclosión.
La mayoría, aunque digan que no o aunque ni lo puedan pensar, hechos a
imagen y semejanza de la verticalidad edípica de los modelos originales.
Pero… hay algo nuevo. Estamos en época de transición, no hay padre nuevo
por lo que este movimiento de padre a hija, o se ha ido reemplazando por el
matrimonio o simplemente la pareja. Véase alrededor cuantas instituciones y
grupos de nuestro quehacer están regidos, armados o movidos por un
matrimonio. Y si observamos atentamente veremos que normalmente el él de
la pareja juega de protagonista y la ella de secundaria con solera. Interesante:
Ana no tuvo pareja heterosexual conocida, y la primera heredera importante en
el psicoanálisis es otra mujer sola: M. Klein. En la actualidad, los herederos de
Lacan en distintas instituciones son un matrimonio, a veces realizado, a veces
sólo una pareja profesional. Entonces, ocurre con muchas asociaciones
psicoanalíticas lo que ocurre en las mejores familias, cuando los hijos crecen
se van a hacer “su propia familia” y los grupos de analistas no dejan de
multiplicarse.
Siguiendo con el modelo familiar de muchos espacios grupales, no podemos
dejar de mencionar a la fratría, ese vínculo donde se odia al semejante como a
sí mismo y donde pareciera que los psicoanalistas:
a- No han aprendido mucho al respecto de la premisa bíblica
O peor, (Au pire)
b- ¿No se habrán analizado?
Y, todos los veteranos conocemos a más de uno en las cimas más altas de
alguna institución cuyo recorrido de análisis jamás se aproximó al
atravesamiento de su fantasma y mucho menos al fin de su cura. O sea,
impostores estudiosos de mucha teoría, muy buenos repetidores y políticos.
Lacan los llamaba canallas: e incluso agregaba que se puede acabar un
análisis en esta posición. Se trata de aquellos que usarán del psicoanálisis para
su beneficio personal por fuera de la ética que esta práctica impone y a la que
los psicoanalistas debiéramos someternos por propia elección.
Así las cosas, algún lector atento podría preguntarse por la experiencia de la
que esto escribe, calificándola de desastrosa en lo que a movimiento
institucional se refiere. Pues he de decir que no. Las instituciones
psicoanalíticas en que he estado terminaron no gustándome, pero durante su
tiempo cumplieron una función y aprendí muchas cosas. Leí y escuché
psicoanálisis, discutí de clínica y de textos para finalmente concluir que no era
ésta la manera en que pienso que los analistas habrían de reunirse. “No es
esta la manera” quiere decir que fui descubriendo que las instituciones
psicoanalíticas se rigen más por cuestiones de prestancia narcisística, poderío
imaginario y mercadeo de pacientes3 que por aquello que importa al
psicoanálisis. En muchas ocasiones se justifican los analistas o las mismas
instituciones diciendo que hay que aguantar estas tres cosas para estudiar,
aprender, y acercarse al saber psicoanalítico y tanto no es así, que pienso que
3 En este caso no los llamo analizantes porque mucha paciencia han de tener.
3son estas tres cuestiones las que generan las desviaciones del psicoanálisis
(ver en la actualidad la cuestión de las leyes de psicoterapia en distintos países
europeos, que están sirviendo de argumento para volver a hablar de
psicoterapia a muchos en nuestra profesión)
¿Qué sería, entonces, lo importante? La circulación del deseo, por ejemplo…
Intentar una reunión de analistas donde el discurso psicoanalítico tuviera algún
lugar, porque resulta que por las instituciones por donde he circulado y otras
conocidas, brilla por su ausencia, generándose un movimiento entre cuatro
discursos que no lo incluyen: el del amo, el universitario, el histérico y el
capitalista.
En estas elucubraciones andaba durante mi último tránsito institucional cuando
se me ocurrió proponer la instalación de un dispositivo que permitiese a los
jóvenes que deseasen comenzar su práctica, empezar a trabajar en nuestros
propios despachos en las horas que los teníamos libres y asegurándoles
supervisiones, a honorarios accesibles. La idea rechazada por mis colegas,
bajo el argumento de que todos habíamos pasado por la castración que implica
el comienzo de esta profesión:
– Estar en análisis
– Instalarse y pagar un despacho
– Supervisar con mucha asiduidad
– Grupos de estudio
– Institución de pertenencia
A la sangría económica que implica el inicio en esta durísima profesión lo
llamaron “castración a atravesar” y se quedaron tan tranquilos. A esto me
refiero cuando hablo de canalladas, proteger una simple cuestión de mercadeo
(quién se analiza conmigo, quien supervisa conmigo, quien viene a mi grupo de
lectura, cómo nos repartimos el pequeño pastel) bajo el paraguas de la teoría.
Me callé, lo que suele no resultarme nada sencillo, pero ante tanta oposición
dudé de mi planteo, tal vez demasiado ladeado hacia un ideal pero la idea
quedó dando vueltas en mi cabeza.
Unos años después vino la crisis en Argentina. Eso que los nativos de esas
tierras con el doloroso sentido del humor que los caracteriza llamaron “corralito”
(algo que après coup algunos piensan como un simple ensayo de lo que ahora
se está produciendo en la economía del resto del planeta). El corralito: ese
lugar donde se encierra a los bebés para tenerlos supuestamente protegidos,
un objeto que por este lado del mundo se llama “parque”. Pero se trata de un
corralito que funciona al revés: se encerró al objeto (dinero) y a los sujetos se
los expulsó (otra vez) generando una migración al borde de la huída del pánico
económico.
Así, llegó a Barcelona (desde donde escribo) una nueva oleada de argentinos
con características muy distintas a aquellos que nos fuimos durante la
dictadura militar. Llegaron por un rato, con ganas de trabajar y juntar dinero
rápido para poder volver. Gente que no quería vivir aquí, añorando y criticando
todo lo que los rodeaba, a la vez que denostando una segregante Ley de
Extranjería que cada vez pone más dificultades al extranjero. Mucha gente muy
joven sin formación alguna, así comenzaron a verse argentinos de camareros,
recepcionistas, dependientes en tiendas. Gente buscándose la vida y con
pocos recursos. Gente dolida y golpeada. Familias enteras melancolizadas o
4ante un duelo durísimo. Gente usuaria de psicoanálisis con enormes
dificultades económicas.
A estas dos causas que acabarán generando una asociación llamada Umbral4
,
se suma una tercera. Trabajé durante ocho años en una institución pública, que
se ocupa de embarazadas y madres adolescentes5, mientras son menores de
edad. Esto significa que mientras lo son están amparadas, pueden vivir en la
residencia maternal, recibir formación, tener cubiertas sus necesidades y tener
dos sesiones a la semana. A los 18 años podía derivarlas a centros públicos
donde pasaban a ser atendidas una vez al mes o cada quince días con muy
buena suerte. Y esto es una hipocresía institucionalizada porque sabemos,
incluso quienes lo practican, que una visita al mes casi es mejor evitarla porque
incluso se puede crear la ilusión de estar en un tratamiento que en verdad es
inexistente. Y esto no es un problema particular, muchos profesionales que
trabajan en instituciones públicas se encuentran ante el dilema de a dónde
derivar porque la atención “psi” es absolutamente deficiente.
Con la convergencia de estas tres causas y por el efecto que produjeron en mí,
y otras colegas, nace Umbral. Comencé a preguntar a mis amigos
psicoanalistas cuantos analizantes estarían dispuestos a recibir por “honorarios
accesibles” (es decir, lo que el sujeto pudiese pagar) y algunos decían uno, y
otros cuatro o dos… Se fueron acercando los profesionales jóvenes con más
disponibilidad para recibir. Y creamos unos reglamentos para funcionar:
– Protocolo de Derivación
– Protocolo de Derivación desde Instituciones Públicas
– Protocolo de Equipos Umbral para intervenciones en la comunidad
Y creamos espacios de supervisión, y luego un seminario, y después otro. Y
grupos de estudio y…. Se ha ido constituyendo un espacio de reunión de los
psicoanalistas donde si alguien dice “¿por qué no hacemos….?” Sabe que
habrá de organizarlo y sostener. Se trata de que cada uno trabaje a partir de su
deseo.
Umbral, no es un espacio que se rija por votación, por mayorías o minorías,
sino por ideas que se pueden transformar en actos si los otros responden a la
propuesta. Por ejemplo, estaría bien hacer una página web, quien lo propuso
coordinó el trabajo y hasta el diseñador (que no es un psicoanalista) ha
trabajado por honorarios accesibles. O estaría bien tener un Espacio Clínico, o
unas jornadas, o un grupo de estudio y lectura, y si hay colegas que apuesten a
la propuesta, se lleva adelante. En la Red hay profesionales de otros campos,
médicos, psiquiatras, sociólogos, logopedas, mediadores, que también
atienden siguiendo esta norma.
Alguien, podría preguntarse ¿cualquier propuesta se ha aceptado? Y la
respuesta es un sí, porque un psicoanalista no tiene cualquier propuesta, sino
que es un profesional responsable de su subjetividad por lo que sabrá qué es lo
que propone y estará dispuesto a sostenerlo. Esto, que podría hacer reír a
muchos en nuestro campo (y fuera de él) resulta que puede funcionar. En los
seis años que tenemos de práctica, a nadie se le ha ocurrido un disparate.
Cuando se crean las buenas condiciones, es decir, cuando uno habla a adultos
responsables de sus actos, resulta que se encuentra con ello: un profesional
4 UMBRAL, Red de Asistencia “psi”, www.umbral-red.org
5 Escribí esta práctica en “Madres, no mujeres. Embarazo adolescente” Ed. Del Serbal, Barcelona 2007
5responsable de sus actos. ¿Siempre? Pues no siempre y los que no entienden
esta manera de comprometerse desde la responsabilidad subjetiva, se van.
Hay muchos profesionales que necesitan transitar por las otras instituciones,
escolares, académicas o jerárquicas y allí se forman, participando en Umbral,
solo para la atención clínica, esto también es posible, la Red permite que cada
uno participe con lo que desea poner allí. Es así como en esta asociación nos
reunimos profesionales de casi todas las instituciones de Barcelona, aquí
comparten algún objetivo, espacios de reflexión, hablan, discuten y se
escuchan.
Así, el trabajo se propone entre pares para trabajar con las diferencias. Algunos
saben más que otros, pero muchas veces son los otros los que tienen las
buenas ideas. Ser un veterano en esta profesión (como en algunas otras) no es
garantía de creatividad y en mi experiencia, son los jóvenes profesionales los
quienes más aportan al crecimiento de Umbral.
Esto que nació entre migrantes de un país a otro y migrantes de una posición a
otra ha ido creciendo de una manera que no deja de sorprendernos.
Atendemos en 28 poblaciones de Cataluña y Baleares. Podemos llevar curas
en 8 lenguas. Y nos derivan de muchas instituciones públicas, pero…. que no
se diga demasiado. Este es un interesante fenómeno. La Administración
supone que Umbral es una institución privada y desde lo público sería
políticamente incorrecto derivar a la privada. Correcto. Pero en verdad,
preferimos pensar a Umbral como una ONG (Organización no Gubernamental)
de hecho es el estatuto legal que tenemos: Asociación sin fines de Lucro, que
es el que se les da a las ONGs. Ponemos en contacto aquel que lo necesita
con el profesional adecuado, a partir de una entrevista para la derivación. La
Red funciona como un puente, un enlace.
Los profesionales de lo público que siguen la voz de su amo derivan a lo
público, y eso abre dos posibilidades:
a- Psiquiatras que solo medican en un tiempo de entrevista que no debe
superar los 7 minutos reglamentarios.
b- Atención psicológica, donde la hay y hay poca, en condiciones
absolutamente desbordadas. Donde un profesional puede visitar hasta
180 pacientes diferentes en un mes, durante 15 o 20 minutos una vez
cada 30 días la más de las veces. Obviaremos comentarios sobre la
formación de la mayoría de estos psicólogos pertenecientes a lo más
rancio de lo cognitivo conductual.
En este imperio de la cura cuya base es la adicción a medicamentos, hemos de
señalar que hay mucho psicólogo que también medica. Lo que nos pone ante
el éxito clamoroso del discurso capitalista. Médicos y psicólogos, amparados y
sostenidos por la “Administración” trabajando de agente de ventas de los
laboratorios locales e internacionales. ¿Quién gana? El fabricante de objetos
de consumo.
Y aquí, ante esta realidad mercantil, los psicoanalistas tenemos algo que decir
con nuestro acto y algunos profesionales que trabajan en lo público lo saben.
Asistentes o educadores sociales, médicos, psiquiatras inclusive, logopedas,
maestros, etc. eligen derivar a lugares de cura por la palabra y no por la droga
y Umbral está en sus agendas como espacio para derivar, saben que los
psicoanalistas además de tener formaciones teóricas rigurosas, somos
6profesionales que dedicamos mucho tiempo a nuestros analizantes, como
mínimo el que necesitan y hay éxitos importantes en estas curas.
En muchas ocasiones nos derivan sólo para sacarse de encima casos
durísimos o de muy difícil pronóstico, por lo que el trabajo con las instituciones
requiere de la atención de un equipo especial, que se va haciendo escuchar
respecto a qué y cómo se deriva y como se sostiene una cura en el trabajo
actualmente llamado “transversal” y antes interinstitucional o interprofesional.
Ningún profesional puede cobrar más de 35 euros la sesión durante el primer
año de tratamiento y de ahí para abajo se va evaluando cuanto puede pagar
cada persona. A veces se trata de lo que puede y a veces de lo que quiere o no
quiere, también hay pacientes irresponsables, la irresponsabilidad es esperable
en un paciente y esto es desde el inicio, posible material de trabajo, según la
particularidad de cada caso. A partir del año, el analizante repactará con su
analista la manera de continuar y deja de estar amparado por la Red. Si,
efectivamente, el paciente se ha trasformado en analizante, será en el
dispositivo analítico donde habrá de vérselas y Umbral se retira.
Los profesionales, a su vez, al inscribirse en la Red, deciden qué tipo de
sujetos quieren recibir (niños, adolescentes o adultos, parejas o familias, qué
tipo de estructura) o en qué lenguas pueden atender y se respetan estas
elecciones en el momento de la derivación. Estamos ordenados en lista
alfabética y se deriva considerando, en primer lugar, elegir al profesional
adecuado para cada caso y luego el orden alfabético.
A partir de este año, los profesionales de la Red hacemos un aporte anual de
cómo mínimo 35 euros (lo que es máximo para los pacientes es mínimo para
los profesionales) y cada uno colabora económicamente siguiendo el mismo
criterio: su deseo, su apuesta.
Umbral, no depende de subvenciones que nunca acabábamos de tramitar
porque implican horas y horas de trabajo de gestión que ningún analista estaba
dispuesto a hacer. Las asociaciones que viven de las subvenciones tienen
alguna persona especial que trabaja solo para buscarlas y tramitarlas. Además,
este dinero que viene del o los gobiernos exige cierto sometimiento a las
condiciones que esas subvenciones imponen. Así, con el aporte de los
profesionales, podemos pagar gastos de infraestructura y sostener algunas
actividades, por ejemplo la supervisión a los Equipos UMBRAL de
Intervenciones en la Comunidad, dado que los honorarios que se pagan en lo
social nunca contemplan al supervisor.
En este sentido, en mayo 2008 ha comenzado una experiencia importante de
trabajo clínico en escuelas y servicios sociales en un barrio marginal. La
Fundación de La Caixa de Pensions sostiene las curas de niños y adolescentes
en situación de riesgo (inmigrantes, familias gitanas, hijos de desocupados o
niños que casi serían de la calle). El Programa está coordinado por el Casal del
Raval de Barcelona, que ha convocado a Umbral para armar un equipo de
psicoanalista que hemos seleccionado para esta intervención. Comenzaron
dos y en la actualidad (junio 2009) trabajan nueve en atención clínica y dos
supervisoras.
Umbral, como espacio de reunión tiende más al encuentro del psicoanálisis con
la cultura, con lo social, que a la producción de psicoanalistas, para ello hay
7otras asociaciones específicas. Tampoco se trata de un lugar de prácticas, se
requiere experiencia en su propio análisis en primer lugar y experiencia clínica
para hacerse Profesional Colaborador. Formamos parte de la Atención Clínica
más de 93 profesionales, en la actualidad. Cada año entre enero y abril hay
nuevas admisiones. Luego, están los que aún no se autorizan para llevar una
cura, pero entran en los equipos de Intervenciones en la Comunidad, como
Acompañantes Terapéuticos o para coordinar actividades grupales, si tienen
práctica o intereses en el trabajo comunitario.
Los analistas de Umbral pueden tomar la palabra en el seminario (El
psicoanálisis y sus psicoanalistas) supervisar por honorarios accesibles en
individual o grupos, proponer espacios que le interesen. Se trata de trabajar
con los pares, haciéndose pa(d)re de sus propias ideas o proyectos. Se trataría
no sólo de saber escuchar a un analizante, sino también a un analista, otro que
no yo. Se trata de darle lugar a esa palabra si es una palabra sostenida por un
deseo de lugar.
En el origen, Umbral es la idea de una que se junta con otras tres6 y esta
primera reunión de cuatro ha generado esta Red que procura moverse desde lo
que se mal-dice al bien-hacer. UMBRAL, es un nombre que señala distintas
fronteras, entre los que llegan y los que están, entre lo conciente y lo
inconsciente, entre lo particular y lo colectivo, entre lo subjetivo y lo cultural.
Esta idea, a posteriori, ha sido en el origen, el sueño de una analista hacia el fin
de su cura. Tantos años hablando los sueños que el atravasamiento por el
umbral puso este deseo primero en palabras y luego en acto. El encuentro con
un lugar que contemple la alegría, no sólo el rigor y la seriedad en este trabajo
que demasiado tiene de restos, sombras y fantasmas.
Un encuentro, que intento contarle a otros.
6 Con Malka Gonzalez, Mariana Indart y Magda Farré, se gestó UMBRAL
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