Freud con Husserl, María Laura Frucella

FREUD CON HUSSERL: ACERCAMIENTOS Y CONTRASTES

ENTRE PSICOANÁLISIS Y FENOMENOLOGÍA RESPECTO DE

LA TEMPORALIDAD. REFLEXIONES FRAGMENTARIAS A

PARTIR DEL TEXTO DERRIDIANO

MARIA LAURA FRUCELLA- 19 de junio de 2008

Fenomenología y psicoanálisis son dos fuentes fundamentales de donde abreva el

pensamiento de Jacques Derrida.

De la Fenomenología, le interesa principalmente su modo de superar las antinomias

entre el mundo externo y mundo interno, lo objetivo y lo subjetivo o, en términos

propiamente fenomenológicos, lo que aparece y el aparecer.

Todavía más íntima es la relación de la obra de Derrida con el psicoanálisis, y, si bien

resulta sumamente compleja y trazada en planos múltiples, podemos sin dudar anclarla

sobre un punto de partida: la noción freudiana de huella (Spur) está en la base de la

huella derridiana (trace), y el concepto de la Nachträglichkeit (a-posteriori) es de

importancia clave en el motivo de la différance1

.

Intentaremos caracterizar someramente el modo en que el enfoque fenomenológico

de Husserl da cuenta de lo temporal bajo la forma de lo que llama “conciencia interna del

tiempo”. Provocaremos también un contacto entre el texto de Husserl y el de Freud, no

para proponer una comparación término a término sino para fecundar la reflexión situando

problemáticas en común, zonas de proximidad y alejamiento, contrastes. Ejercicio que,

por otra parte, Derrida realiza a lo largo de toda su obra, en especial cuando considera la

doble vertiente de la temporización y el espaciamiento en la différance.

Derrida recuerda que, siempre que se ha intentado pensar en el tiempo, se ha partido

del presente, el ahora, – nûn, praesens, Gegenwart, – como si ello representara lo

conocido, lo cercano, lo accesible, como si no fuese tan oscuro a nuestro entendimiento

como todo lo que se da en llamar lo temporal. Siempre se ha amalgamado de manera

indisoluble el presente y la presencia en tanto condiciones en las que se produce el ente;

Heidegger lo señala, y sin embargo no puede deshacer el lazo. La analogía entre el

ahora y el punto establece el comienzo de un modo de relación entre espacio y tiempo

que no despega más allá de la centralidad del aquí y el ahora. Aún negándole

espacialidad al punto por medio de las aporías aristotélicas o la Aufhebung hegeliana –el

punto es espacio que no ocupa espacio-, aún considerado el ahora como núcleo

intemporal del tiempo, la correlatividad del punto y el ahora no pierde centralidad en la

tradición del pensamiento filosófico sobre el tiempo y el espacio2. El ahora es asimilado al

1 En la noción de différance, Derrida esboza la posibilidad de una diferencia que es al mismo tiempo

“autodiferencia”, destacando aquello que distingue a cualquier elemento respecto de sí mismo en virtud de su no

identidad y su inconsistencia. Derrida plasma este movimiento, en donde la sustitución de la e por la a, lejos de ser un

mero juego vanguardista, intenta mostrarnos la diferencia inaudible que va de lo gráfico a lo fónico, la marca muda

que actúa en la escritura.

2 Sobre este tema, ver Derrida, J. “Ousia y Grama”, en “Márgenes de la Filosofía” (1989), Ed, Cátedra, Madrid.punto, el devenir temporal se aplana en la línea unidireccional: ¿será posible poner en

contacto el tiempo y el espacio de otro modo? ¿Puede imaginarse una espacialización del

tiempo y una temporalización del espacio que traspase los límites de la metafísica? Son

las preguntas que guían el pensamiento derridiano, y que encuentran una vía en la huella

(trace). La huella se postula como anterior a todo ser, a todo ente, inclusive a toda

diferencia entre ser y ente, pues no se deriva de una presencia originaria. Anterior,

entonces a toda presencia o ausencia, anterior a toda diferencia entre lo anterior y lo

posterior: pensamiento imposible, ilógico, inconcebible. “El afuera, exterioridad

“espacial” y “objetiva” de la cual creemos saber qué es como la cosa más familiar

del mundo, como la familiaridad en sí misma, no aparecería sin la grama, sin la

différance como temporalización, sin la no-presencia de lo otro inscripta en el

sentido del presente, sin la relación con la muerte como estructura concreta del

presente viviente.” (Derrida, J. -1998- “La Juntura”, en “De la gramatología”- México:

Ed. Siglo XX)

A partir de estas preguntas cobra sentido el plan de acercarnos a los planteos

fenomenológicos de Husserl y a los textos de Freud para percibir de cerca los

interrogantes derridianos, y para comprender las respuestas que se esbozan en ellos.

Tanto Husserl como Freud – contemporáneos y ambos discípulos de Brentano– se

ocuparon de investigar cómo entra en juego el factor temporal en las percepciones,

recuerdos y expectativas de los seres humanos; cómo el tiempo se produce en la esfera

subjetiva y es a su vez productor de efectos, y también, sobre todo Husserl, de qué

modo los seres humanos se representan el tiempo a sí mismos. De todo lo cual resulta un

modo de entender la temporalidad a nivel de la “conciencia interna”, o bien del “aparato

psíquico”.

¿Cómo concibe Husserl la temporalidad? En primer lugar, pone entre paréntesis el

tiempo del mundo para centrarse en el modo en que la conciencia lo percibe. Este es el

gesto general de la fenomenología: dirigirse al aparecer del objeto y no a su realidad, la

cual queda suspendida. Entre el objeto real y la esfera subjetiva, Husserl supone dos

fases. En la primera, los estímulos emitidos por el objeto llegan a la conciencia en forma

de “datos primarios” o sensaciones. Para que estos estímulos sean captados, hace falta

luego un “acto” que la conciencia realiza a partir de su “intencionalidad”, esto es, su

orientación fuera de sí misma, en dirección hacia aquello que la transciende.

Las “Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo” intentan, en segunda instancia,

“poner el tiempo objetivo y la conciencia subjetiva del tiempo en la relación

correcta y hacernos comprensible cómo la objetividad temporal, es decir, la

objetividad individual en general puede constituirse en la conciencia subjetiva del

tiempo” (Husserl, E. -2002- “Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del

tiempo”- Madrid: Ed Trotta -)

. Se trata de dar respuesta al problema de cómo se constituye el dato temporal primario y

cómo, a través de un acto intencional, se arriba a la composición del tiempo

fenomenológico.

Husserl toma muchos elementos de la filosofía de su maestro Franz Brentano – en

especial el concepto de intencionalidad que éste promueve- pero en relación a la

conciencia del tiempo encuentra numerosos reparos. Le critica a Brentano,

fundamentalmente, algo que Husserl llama “dogma de la momentaneidad de un todo

en la conciencia”, que consistiría en que las distintas representaciones que se dan la

2conciencia son, inevitablemente, parte de un “acto único e indivisible” (Husserl, E.

Op.Cit.) por más que ellas se den en orden sucesivo.

Brentano admite la multiplicidad de sensaciones de diversa índole que pueden

presentarse en un mismo instante, pero considera que todas ellas forman una masa en la

cual cada una de estas percepciones es un fragmento del todo. “Cuando percibimos

simultáneamente un color, un sonido, calor, un olor, nada nos impide atribuir cada

uno a una cosa especial. Por el contrario, la diversidad de los actos de sensación

correspondientes, el ver, el oír, el experimentar el calor y el oler, y con ellos, el

querer y sentir y el reflexionar simultáneos, así como la percepción interna que nos

da conocimiento de todo ello, hemos de tomarlos por fenómenos parciales de un

fenómeno unitario, en el cual están contenidos, y por una única cosa.(…)Pues lo

que aquí tocamos no es nada menos que la llamada unidad de la conciencia, uno de

los hechos psicológicos más ricos en consecuencias y atacado de continuo”.

(Brentano, F. “Psicología”-1935- Madrid: Ed. Revista de Occidente- )

Este principio implica que la percepción de duraciones o sucesividades sería siempre

inferida a partir de un saber “sin tiempo”, a partir de elementos simultáneamente

presentes entre los cuales concurriría, de forma agregada, la “serie” de lo temporal. Por lo

tanto, la intuición del tiempo tendría lugar necesariamente en la “momentaneidad”, es

decir, lo diacrónico se inferiría en un punto del tiempo, en lo sincrónico, y nunca se

presentaría a la conciencia más que secundariamente, por el anexado del orden temporal.

Desde la perspectiva de Brentano, no habría percepción propiamente dicha de las

sucesiones o los cambios: queda descartada la posibilidad de una conciencia originaria

del tiempo.

Según Husserl, la conciencia de temporalidad se da de modo concomitante al

fenómeno percibido –o bien al recordado- Cada vez que la conciencia acoge un objeto en

su aparecer, sea trascendente o inmanente, este “da de sí una representación

semejante a él y provista de una determinación temporal” (Husserl, E. Op.Cit.) Somos

concientes del presente puntual, pero también de su duración y de lo que ha pasado

recientemente: no se trata de una síntesis constantemente reproductiva de lo aparecido

en último término, pues esto daría lugar a superposiciones que fundirían lo pasado y lo

actual en un mismo bloque – es claro el ejemplo de una sucesión de sonidos que

conforman una melodía, pues si ellas permanecieran en la conciencia o se reprodujeran

sin más, en lugar de melodía tendríamos acordes de sonidos simultáneos- En cambio,

Husserl propone una asociación originaria3 a la que llama retención, que no presentifica

el pasado sino que lo capta en tanto ausente, en tanto forma vacía que va tendiendo a su

debilitamiento. Del mismo modo, la protención será esa misma forma vacía aplicada al

porvenir, la experiencia del pasado actuando como expectativa de futuro.

La retención o recuerdo primario es lo que permite, por ejemplo, la constitución de

una melodía: “yo no oigo en verdad la melodía, sino el único sonido presente. Que el

fragmento ya transcurrido de la melodía sea objetivo para mí se lo debo al recuerdo

(…) y que al advenir el sonido actual, yo no dé por supuesto un “esto es todo”, se lo

debo a la expectativa que adelanta la mirada”. (Husserl, E. Op.Cit.) Así, en la

aprehensión conciente de un objeto en decurso- como puede ser una melodía o un tren

que pasa- sólo una parte ínfima es percepción, la que corresponde al momento actual; el

resto es recuerdo primario que va a la zaga de la percepción (retención) o bien es

expectativa (protención).

3 Siempre que Husserl habla de lo “originario”, ya sea en cuanto a impresiones o asociaciones, se refiere a lo que tiene

conexión con la percepción o aprehensión a partir de sensaciones donde confluyen los datos hiléticos.

3El recuerdo secundario o rememoración consiste en la evocación de algo que no

está dado en el ahora, y se opone tanto a la percepción como a la retención o recuerdo

primario. Se abre aquí la brecha entre el presentar y el re-presentar4, pues la retención

aún está al servicio de lo presente – “la retención constituye el horizonte vivo del

ahora, yo tengo en ella una conciencia del “acaba de pasar” (Husserl, E. Op.Cit.) -, en

tanto la rememoración – a veces llamada también “fantasía”– implica la conciencia de

pasado: “representa un ahora pero no da un ahora en sí mismo” (Husserl, Op.Cit) . En

este sentido, Husserl la considera “vicaria” respecto de la impresión original, siempre

“remite al tiempo dado de manera originaria”, y en esto se aleja definitivamente de

Brentano, que explica la conciencia de lo temporal siempre a partir de la rememoración.

La retención extiende la conciencia del ahora, y el recuerdo secundario representa

vicariamente esa conjunción de impresiones y retenciones que dieron cuenta en su

momento de un ahora originario.

Ante la pregunta por lo que distingue un recuerdo de una percepción, Husserl afirma:

“no ser autodonación, tal es la esencia misma de la fantasía” (Husserl, E. Op.Cit.)5

.

Las impresiones originarias se dan, simplemente, aparecen y quedan retenidas por los

recuerdos primarios, pero estas retenciones sufren modificaciones, se van atenuando

conforme se “hunden” cada vez más lejos del punto fuente. Tanto la retención como el

recuerdo no están dados como “siendo ahora”, no son conciencia de imagen.. Un

objeto temporal que ha pasado no muere para la conciencia, pero “la conciencia nunca

mas volverá a operar respecto de él como conciencia perceptiva, o quizás mejor

como conciencia impresional” (Husserl, E. Op.Cit.). Se da, pues, una “escisión entre

impresión e imaginación”, entre aquello “susceptible de percibirse” y lo “susceptible de

representarse”.

Lo rememorado es siempre secundario, no tiene existencia propia, autónoma, y sin

embargo sufre, según Husserl, modificaciones similares a las de las retenciones.

Se echa de menos en este punto una reflexión más organizada respecto de las

diferencias entre percepción y recuerdo. ¿Por qué supone Husserl que ambos productos

psíquicos se modificarán de modo similar? ¿ En qué se fundamenta la suposición de que,

esto que en términos freudianos llamaríamos “primeras transcripciones de huellas

perceptivas”, sufran idéntico destino que los recuerdos? ¿Por qué se postula un continuo

entre percepción, retención y recuerdo? ¿Toda retención irá a transformarse en recuerdo,

o la génesis del recuerdo es mucho más compleja que eso?

Husserl se pregunta si es posible una retención que no esté precedida por una

impresión. La respuesta es negativa, pero pone especial cuidado en diferenciar la

necesidad de una percepción previa del objeto recordado de la existencia de dicho objeto,

la cual no es necesaria. “Fuese ella o no el objeto de una atención primaria, A se

ofreció en persona de manera conciente” (Husserl, E. Op.Cit.)

Desde sus primeras conceptualizaciones del aparato psíquico, Freud intenta por todos

los medios explicar en qué se funda la sensación de percepción, es decir, en qué consiste

la “cualidad perceptiva” y qué es lo que impide confundirla con un recuerdo.

Normalmente el recuerdo no produce nada que posea el carácter peculiar de la

cualidad perceptiva”, afirma Freud en el “Proyecto de una Psicología para Neurólogos”.

Allí postula la existencia de un sistema de neuronas especial, al que llama “neuronas

perceptivas”, que denomina con la letra ω, que se distinguen de las neuronas

permeables φ y de las neuronas de recuerdos ψ, impermeables o poco permeables. Las

4 En el original en alemán, aparece el término Re-präsentation.

5 Fantasía debe entenderse como el género de los actos no perceptivos, de los cuales el recuerdo es uno de ellos.Para

referirse a lo que normalmente llamamos fantasía Husserl utiliza la expresión “mera fantasía”

4neuronas perceptivas serían dispositivos destinados a convertir la cantidad exterior en

cualidad (Freud, S. “Proyecto de una psicología para neurólogos”- Primera parte. “El

problema de la cualidad”). De ese modo producirían la sensación conciente que

acompaña a la percepción.

Freud y Husserl coinciden en que todo lo que vuelve a la conciencia en forma de

recuerdo debió alguna vez ser percibido. Freud afirma que “sólo puede hacerse

conciente lo que ya fue alguna vez una percepción conciente” (Freud, S. “El yo y el

ello- O.C.). Pese al cierre inmediato de la cuestión, la posibilidad de una representación

psíquica puramente autoengendrada, sin correlato con un objeto exterior percibido,

parece fascinar a ambos, pero por necesidad lógica y cronológica terminan por negarse a

ella: un recuerdo que precediera a una percepción sería una inversión imposible en la

flecha del tiempo6. Surge entonces la alucinación7 como único caso aceptable en donde

la conciencia percibe un objeto que no está presente en la realidad, pero ella se salva de

la aporía lógica puesto que la percepción del objeto existe, aunque no exista el objeto:

“yo puedo incluso tener una percepción de A cuando A en la realidad no tiene lugar

en absoluto” (Husserl, E. Op.Cit.)

Freud toca estos tema en muchos pasajes de su obra. Se pregunta en qué consisten

los signos de realidad que permitirían distinguir una percepción de un recuerdo, y cuál

es la instancia psíquica que asume la prueba de realidad. Ya en el Proyecto considera

que es el yo quien lleva a cabo esta distinción, siempre a partir de la información que

proveen las neuronas ω, pero siempre y cuando el yo se presente en un “estado de

deseo” no tan urgente como para darle lugar a la necesaria inhibición que implica el

reconocimiento de las diferencias entre un recuerdo y una percepción: si el yo no hace

posible esta inhibición, un recuerdo podría ser tomado alucinatoriamente por una

percepción real. Sería imposible seguir aquí los vaivenes de la reflexión freudiana en

torno al “examen de realidad”, pues este constituye un eje clave en sus interrogantes y

está presente a lo largo de toda su obra. Sólo podemos decir que, salvo en alguna

ocasión que fuera más tarde rectificada8, la función de identificar los signos de realidad y

diferenciarlos de los recuerdos es atribuida al yo, en el contexto de sus relaciones con las

instancias que generan las sensaciones perceptivas.

Podríamos afirmar que lo que Husserl denomina conciencia de imagen se aproxima

notablemente a lo que Freud llama cualidad perceptiva : ambas expresiones quieren dar

cuenta de esa diferencia evidente pero a la vez incapturable entre la sensación conciente

que se produce durante las percepciones y la que acompaña al recuerdo de esas

percepciones. Este es un punto al que Derrida otorga particular importancia: en la

fenomenología, la experiencia perceptiva mantiene su privilegio al captar el aparecer de la

presencia del objeto en el presente. Es coherente, entonces, que lo originario, lo

modélico sea la percepción, mientras que la retención y el recuerdo son pensados

secundariamente a partir de ella. En Freud, la cualidad conciente de lo percibido

constituye uno de los problemas a resolver respecto del funcionamiento del aparato

psíquico: representa un interrogante y no un punto de partida. Por su parte, Derrida

subraya el carácter derivado de la percepción tanto como del recuerdo, e invita a abolir la

primacía de lo presentado a instancias de lo re-presentado, lo cual “no sobreviene a la

presentación sino que la condiciona fisurándola a priori” (Derrida, J. –1995 – “La voz

y el fenómeno. Introducción al problema del signo en la fenomenología de Husserl”-

Valencia: Ed Pre-textos -)

6 Algo tan frecuente en las creencias populares, el cine o la literatura fantástica.

7 También el sueño, aunque fuera del estado de vigilia.

8 En “En Psicología de las masas y análisis del yo”, Freud considera que la prueba de realidad la efectúa el ideal del yo.

5Una lógica similar opera en la diferenciación que Husserl esboza entre la rememoración

y la mera fantasía : “En la mera fantasía no se da ninguna posición del ahora

reproducido, ni ninguna coincidencia de él con un ahora pasado. La rememoración,

en cambio, sí hace objeto de posición a lo que reproduce”. La expresión posición

(Setzung) refiere a la creencia en el ser9 que acompaña percepciones y rememoraciones.

En el recuerdo, la posición se guía por el faro orientador de la percepción originaria y por

la distancia con el punto del ahora, referentes fundamentales en la fidelidad del

contenido representado. “El recuerdo es, pues, re-presentación del objeto mismo en

el sentido del pasado. El recuerdo presente es un fenómeno enteramente análogo a

la percepción; comparte con la percepción correspondiente el fenómeno del objeto”

((Husserl, E. Op.Cit.) .Así, el recuerdo es ponente y la (mera) fantasía no ponente.

Si quisiéramos contrastar este punto con la perspectiva freudiana, tropezaríamos

nuevamente con la imposibilidad de abordar en este espacio un tema que ha sido objeto

de tan complejas y arduas disquisiciones. Acotando en extremo el tema -dejando de lado,

entre otras cosas, la consideración de las denominadas fantasías inconcientes y las

fantasías originarias– podríamos afirmar que la mera fantasía de Husserl se

corresponde aproximativamente con la idea freudiana de fantasía entendida como

contenido conciente, ensueño diurno que se produce en estado de vigilia y que no

comporta procesos delirantes o alucinatorios, pues el autor no la confunde con la realidad.

Freud entiende esta clase de fantasía como un heredero de la satisfacción alucinatoria

que se da en el lactante en ausencia del pecho materno, una reserva creada durante el

doloroso pasaje del principio del placer al principio de realidad, para proporcionar un

sustituto de satisfacciones pulsionales a las que se tuvo que renunciar en la vida real.

Así, la diferencia entre un recuerdo y una fantasía vuelve a involucrar el examen de

realidad, función llevada a cabo por el yo. Podríamos decir, desde el punto de vista

derridiano, que la fantasía pide en modo privilegiado ser entendida según el motivo de la

différance: conserva todos los rasgos de la satisfacción alucinatoria sin descuidar la

necesidad de una satisfacción real, hace lugar al principio de realidad sin renunciar al

reinado del principio del placer. En definitiva, la fantasía es la alucinación diferente y

diferida , separada diastemáticamente en lo que va del principio del placer al de realidad.

En Husserl el recuerdo es análogo a la percepción; aunque se produzcan

modificaciones, siempre será reproductivo respecto de ella: mientras perdura, se conserva

con un alto grado de fidelidad. Las modificaciones que sufren luego no obedecen a

ninguna “ley”; simplemente, al retroceder en el pasado, el objeto temporal se va

apagando, desdibujando, contrayendo. Encontramos aquí un importante contraste con la

concepción freudiana del aparato psíquico, en donde ninguna huella aparece inmodificada

– tal vez para hallar una concepción semejante deberíamos remontarnos a los inicios del

psicoanálisis, en donde regía la noción de catarsis como reproducción de una escena

que se hubiera conservado inalterable en el inconciente- La huella nunca se mantiene

inalterada – y esto es una constante tanto en el “Proyecto de una Psicología para

neurólogos” como en la “Carta 52”, la “Interpretación de los sueños” o “El block

maravilloso”- ; una vez que ingresa en dominios de lo inconciente, es trabajada por los

mecanismos del proceso primario.

Así, encontramos en Husserl la idea de una esfera de claridad, dentro de la cual se

produce la percepción en el punto fuente y el recuerdo fresco de lo percibido cuando es

plenamente evocado en la conciencia, y la de un progresivo oscurecimiento a medida que

9 Ver nota del traductor, pág. 72, Husserl, op.cit.

6“nos alejamos del ahora. Los recuerdos se van debilitando para finalmente

desaparecer por completo (si cabe afirmar tal cosa) tan pronto como cesa la

retención” (Husserl, E. Op.Cit.) El pasado, la distancia respecto del ahora se piensa

como territorio de la oscuridad, caída del objeto temporal en el vacío. “Al retroceder el

objeto temporal en el pasado, va contrayéndose sobre sí y con ello va a la vez

oscureciéndose”(Husserl, E. Op.Cit.) Solamente aparece la noción de huella ligada a

resonancias sensoriales que no tienen relación con la “esencia de la retención: los

datos de sensación dejarían tras de sí imágenes-huella” (Husserl, E. Op.Cit.). En

realidad, una reflexión sobre el destino de los restos perceptivos escaparía al proyecto

fenomenológico, que se aboca a dar cuenta del aparecer de los objetos a la conciencia,

pero dado que los recuerdos se actualizan en la conciencia, Husserl se ve

indirectamente aplicado a la caracterización de cómo se reproduce lo evocado en el flujo

de la conciencia.

Como decíamos más arriba, todas las modificaciones del objeto en las rememoraciones

no responden a ninguna otra ley que la de su debilitamiento, su progresivo alejamiento de

la esfera de claridad: a esto se deben también los “errores” característicos de lo

reproducido, que difieren de posibles errores en la aprehensión misma. El hundimiento en

el pasado es un proceso ininterrumpido, y toda modificación de lo percibido va de la mano

de un “debilitamiento progresivo que acaba finalmente en inadvertencia.” ¿No cabe,

pues, la posibilidad de un contenido percibido que no se debilite ininterrumpidamente en

el recuerdo? Tal es la clave de lo traumático en Freud: la vivencia no se debilita y

conserva una cantidad de afecto que se manifiesta en sueños o síntomas, intentos vanos

por tramitar la vivencia dolorosa. En el instante mismo de la vivencia traumática, la

percepción, lejos de darse dentro de una esfera de claridad, resulta desbordada por un

exceso de estímulos recibidos, lo cual sobrepasa las barreras defensivas, las pantallas

que oponen los órganos sensoriales. El efecto del a-posteriori (nachträglichkeit) se

visualiza singularmente en lo traumático, pues al no producirse la traducción del material

psíquico – que en Husserl no es más que debilitamiento y extinción- el presente se ve

constreñido a mirar perpetuamente hacia el pasado.

El modo de concebir la memoria es lo que mejor caracteriza la distancia entre la

fenomenología de Husserl y el psicoanálisis freudiano: la memoria no preexiste de

manera simple, sino múltiple, está registrada en diversas variedades de signos,

afirma Freud. La nachträglichkeit es, pues, un desorden en la flecha temporal: un

pasado que no puede hacerse pasado, en tanto que para Husserl los recuerdos son ecos

perceptivos cuyo destino es la desaparición progresiva. Una vivencia originaria (A-B) dará

lugar al recuerdo de esta sucesión –(A-B)’ – luego vendrá el recuerdo del recuerdo –(A-

B)’’ y así sucesivamente. Y cada vez, la evocación de la sucesión es “una esfera del “yo

puedo” (Husserl, E. Op.Cit.), pues para Husserl es posible la reiteración de cualquier

recuerdo a voluntad. Esto nos recuerda el señalamiento de Derrida acerca de cómo la

“intencionalidad”, postulado básico de la fenomenología, se desliza fácilmente hacia el

voluntarismo. En la idea de que un recuerdo puede repetirse en cualquier circunstancia

según la ley del “yo puedo”, se hace evidente el carácter excluyente de la conciencia, que

a veces raya en la omnipotencia.

Hay algo que en Husserl aparece como una antinomia que le lleva a agudizar sus

reflexiones: “al hundirse, el objeto cambia constantemente su lugar en el tiempo, y al

hundirse debería más bien preservar su lugar en el tiempo.” (Husserl, E. Op.Cit.) Lo

que cambia es su distancia respecto del ahora actual, o mejor dicho, respecto de ese

punto del ahora que es el referente clave de la conciencia del tiempo. Pero Husserl debe

sostener que a partir de esa conciencia del tiempo se ha de producir la “conciencia del

7tiempo objetivo” y toda objetividad en general: ¿cómo compatibilizar el constante “flujo

de modificaciones de conciencia” con la “objetivación del objeto temporal”? La

solución pasa por diferenciar el objeto individual (un sonido, por ejemplo) de la sensación

que se va modificando al fluir la conciencia del tiempo, pero que es lo único que puede, en

su continua diferenciación, establecer el núcleo del objeto inalterable. “Frente al flujo de

modificaciones de conciencia, el objeto que aparece en retroceso permanece

conservado “aperceptivamente en identidad absoluta” (Husserl, E. Op.Cit.) Las

diferencias conciernen, pues, a las sensaciones –al ser evocadas en distintos momentos

– mientras que el objeto, su “apercepción” mantiene la identidad: “Absolutamente el

mismo do ahora y más tarde es igual para la sensación, pero individualmente es

uno distinto” (Husserl, E. Op.Cit.). Ya que en la fenomenología la distinción entre afuera

y adentro, mundo interno y mundo externo está suprimida, debe haber otra vía que

explique la posibilidad conjunta de la objetividad y la multiplicidad siempre mutante de

sensaciones que aparecen en el flujo de la conciencia. Este es, según Derrida, el aporte

fundamental de la fenomenología: delimitar la diferencia entre lo que aparece y el

aparecer, produciendo una juntura que articula la bisagra entre lo idéntico y lo siempre

diferente.

Husserl tiene necesidad de pensar la diferencia entre el fluir temporal en la

“conciencia interna” y la producción objetiva del tiempo: si el tiempo fluye y es rígido a la

vez, lo será atendiendo a esta doble vía. Derrida afirma que los análisis actuales del

tiempo exceden lo desarrollado por Aristóteles y Kant por haber intentado pensar la

aprehensión, la “conciencia” del tiempo, como lo hace Husserl, desplazando la cuestión

meramente fisicalista: en alguna medida, estos esfuerzos trastocan la unidireccionalidad

de la flecha del tiempo. En Husserl esta dislocación se esboza por la acción de la

protención en el recuerdo, que provoca un efecto retroactivo. Como la conciencia está

en permanente flujo, el recuerdo también lo está, pues “cada novedad reobra sobre lo

viejo(…) prestándole a la reproducción una determinada coloración”(Husserl, E.

Op.Cit.). La protención siempre apunta al futuro, a lo que vendrá, y esta intencionalidad

abierta al futuro afecta el modo de rememorar el recuerdo, pues él se reproduce en

nuevas condiciones, podríamos decir, “sabiendo” ya el final de la historia. La vivencia no

se recuerda del mismo modo en que fue vivida, pues ahora, al recordarlo, sabemos lo que

ocurrió después, y desde ese saber se constituye la rememoración. De este modo, la

protención actúa en el recuerdo modificándolo retroactivamente: “La fuerza retroactiva

se trasmite así hacia atrás a lo largo de la cadena.” (Husserl, E. Op.Cit.)

Este efecto retroactivo que Husserl ubica en la rememoración no tiene la contundencia

de la Nachträglichkeit freudiana, pero aún así constituye una grieta en el modo filosófico

tradicional de pensar lo temporal. Y esta vía la encuentra Derrida también en “El origen

de la Geometría” con la noción de Rückfrage, término que traduce como question en

retour10, pregunta retrospectiva.

Para concluir, recordemos la frase que Derrida toma de Heidegger en “Ousía y Grama”:

Si los análisis actuales del tiempo nos han hecho ganar algo esencial más allá de

Aristóteles y de Kant, es en la medida en que tocan más la aprehensión del tiempo y

10 Utilizaremos la traducción de Diana Cohen al castellano como “pregunta retrospectiva” si bien esta no permite

conservar la “resonancia postal” que le interesa a Derrida, en tanto retour tiene el matiz de “vuelta de correo”.

8la «conciencia del tiempo”11

. Esto es lo que hace Husserl, desplazando así la cuestión

meramente objetiva. Sin embargo, Derrida se pregunta si es que la fenomenología está

por completo tomada por la concepción clásica del tiempo por propia elección o por

herencia metafísica, y también se cuestiona si en su seno es posible una apertura que

deba ir de la mano de la inclusión de la dimensión de lo inconciente: “¿la temporalidad

descripta por una fenomenología trascendental, por más “dialéctica” que sea, es un

suelo al que sólo vendrían a modificar las estructuras, digamos inconcientes, de la

temporalidad? ¿O bien el modelo fenomenológico está constituido, como una trama

de lenguaje, de lógica, de evidencia, de seguridad fundamental, sobre una cadena

que no es la suya? (…)Porque no es un azar si la fenomenología trascendental de la

conciencia interna del tiempo, tan deseosa sin embargo de poner entre paréntesis

el tiempo cósmico, deba, en tanto conciencia e incluso en tanto conciencia interna,

vivir un tiempo cómplice del tiempo del mundo” (Derrida, J. -1998- “La Juntura”, en

“De la gramatología”- México: Ed. Siglo XX)

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Publicado el

7 septiembre 2025

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