Relato de un trabajo psicoanalítico en grupo
MARIELA BLECHER MENDOZA
11 de junio de 2008.
Lic. En Psicología. Nº col. 14399
Miembro de la Red UMBRAL.
Este escrito tiene como fin poder dar cuenta del trabajo realizado a través de Umbral
con el grupo de fibromialgia perteneciente a ACAF (Asociación Catalana de Afectados
por la Fibromialgia), sede Vallirana.
El grupo solicitó a Umbral, en enero del 2006, un coordinador para un grupo que tenía
cita en Molins de Rei, el grupo estaba formado y la coordinación la llevaba hasta el
momento una de las integrantes. Siendo desbordada por las temáticas, es ésta misma
quien solicita el apoyo de Umbral.
Es importante primero plantear mis ideas respecto a los grupos ya que desde esa
perspectiva es desde donde cada uno sostiene su trabajo.
Comparto con Ana M. Del Cueto que los grupos no son sumas de individualidades,
“…son procesos en movimiento, productivos y productores de subjetividad que en su
devenir van organizando sus formas propias…” [1], crea y recrea sentidos. Cada grupo
se organiza como un campo de tensiones y dentro de ellas se generan sus formaciones
grupales: sus mitos, ilusiones, el tipo de coordinación, la institución que la habita, sus
redes de identificación y de transferencia. Estas formaciones grupales recorren los tres
registros: lo imaginario, lo simbólico y lo real.
El lugar del coordinador es ser soporte de la creación grupal buscando sus expresiones
únicas, lo nuevo, donde hay miles de imágenes y sentidos confusos. Esto, muchas
veces, hace sentir al coordinador en soledad, pero al igual que en la clínica individual,
una intervención apresurada puede dejar sin palabra al grupo, impidiéndole situarse
como sujeto de producción. Asimismo es muy diferente de la terapia individual ya que
hay allí un otro real, otro que miro a la cara, otro de carne y hueso que me provoca, que
me alienta o que me dice lo que no quiero escuchar. Hay situaciones que están
cargadas de emociones y que hasta al mismo coordinador invaden de imágenes,
angustias, ideas o sensaciones. La función interpretante del coordinador no
necesariamente será una palabra sino básicamente la particular lectura del aquí y
ahora del grupo y la comprensión de los procesos en juego para poder generar
movimientos de apertura, hacer circular las inquietudes y alentar la búsqueda de
respuestas por parte de los miembros del grupo.
El grupo que nos atañe comienza, como todo grupo, siendo una serialidad donde ya
hay gente que se conoce de otros grupos de referencia y gente “desconocida”. Surgen
en primer lugar los miedos a presentarse y lo primero que aparece como punto en
común es el padecer fibromialgia o síndrome de fatiga crónica. Todo grupo nace con
una marca que lo constituye y en este caso es el de padecer una de estas
enfermedades.Este encuentro con los “otros” (el coordinador y los miembros del grupo) es percibido
de distinta manera. Al mismo tiempo que el coordinador está siendo el depositario de la
ilusión del saber, los otros están siendo un espejo permanente de la propia
subjetividad.
Este acto de nacimiento del grupo, como todo encuentro con el otro, moviliza desde el
comienzo el interjuego identificatorio producido en transferencia,…“En la vida anímica
del individuo el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como
auxiliar y como enemigo…” (Freud, 1921)[2]
Muy lentamente van aceptando el hecho de que el coordinador no sea el que hable
permanentemente sino que más bien toma la palabra para señalar que, algo dicho por
alguna integrante tiene resonancia en otras. Dicho con otras palabras se transforma en
el portavoz del discurso grupal.
En principio se plantea el encuadre al grupo, se establece un horario y una frecuencia
para la reunión. También se plantea el secreto profesional y el de las integrantes entre
sí como un respeto mutuo. Se pide asociación libre y también que lo que salga del
grupo se reintegre al grupo, a modo de asociaciones, pensamientos o charlas que se
han podido tener fuera de este contexto y que permitirán trabajar el siguiente
encuentro.
Asimismo el coordinador escribe una crónica que es leída al comienzo de la reunión
siguiente y que hace las veces de memoria grupal.
El grupo logró sostenerse estable a raíz de plantear y recrear las normas de ingreso en
el mismo, y la regulación de las ausencias. La ausencia a veces también se hacía
presencia y era necesario por parte de las integrantes un mayor compromiso. Pudieron
quejarse y demandar algo a otro/a y comprometerse con su palabra. Esta era una
dificultad común: la de no poder pedir para ellas y sí estar atentas a la demanda ajena
permanentemente.
Es poco a poco que van pudiendo salirse de plantear sólo el tema de la fibromialgia y
empezar a hablar de otros temas ligados a la familia y a sus “otros dolores”. Desde la
coordinación siempre se intentó marcar el lugar de la subjetividad y el punto donde esta
afección que padecen les permitió poner freno a otras cuestiones que, por distintas
razones, no pudieron parar. Pudieron decir no, con dolor pero un NO al fin. Había una
dinámica en relación con la enfermedad: la manera en que traducían todo en términos
de dolor. Hasta lo satisfactorio es doloroso, todo deseo es transformado en obligación y
tener una sensibilidad extrema a flor de piel fue parte de la significación que pudo
crearse en este grupo dejando de lado lo que decían los médicos y reumatólogos con
quien no se sentían escuchadas. Pudieron hacer un puente entre lo que sentían
físicamente y lo que sentían a nivel emocional. También se dio cuenta de que estas
enfermedades tienen un punto de desencadenamiento con un hecho traumático y cada
una pudo expresar dentro del grupo cuál era su particularidad y a la vez, sentirse
entendida o acompañada.
Llegó un momento en que el grupo se encontraba muy unido, momento de la ilusión o
ideal grupal, en que se llegaron a hablar temas muy íntimos como la muerte y la
sexualidad.Luego de esto hubo integrantes que no pudieron continuar y que, en la búsqueda de “el
entender qué me pasa”, a algunas integrantes ya les resultaba poco lo trabajado en el
grupo y solicitaron análisis personales. El grupo se disuelve y se despide a finales de
2007.
Como coordinadora de grupos me satisface la tarea realizada ya que el análisis grupal
intenta que esas significaciones enquistadas y repetitivas del grupo, su imaginario que
lo constituye, en este caso el de padecer fibromialgia, deje también lugar a poder crear
significaciones nuevas que le permitan colocarse a los integrantes en otro lugar y poder
de esta manera preguntarse por su deseo.
[1] Del Cueto, Ana María: “Grupos, instituciones y comunidades”.1999. Ed. Lugar.
Pág.26
[2] Freud, S. “Psicología de las masas y análisis del yo”. 1921. Ed. Amorrortu. Pág.67.
BIBLIOGRAFÍA
• DEL CUETO, ANA MARIA: “Grupos, instituciones y comunidades”. 1999. Ed.
Lugar.
• FREUD, SIGMUND.: “Psicología de las masas y análisis del yo”. 1921. Ed.
Amorrortu.
• GONZALEZ, M. PILAR: “Orientaciones teóricas fundamentales en psicología de
los grupos. 1997. Ed. EUB.
• MUNNE, FREDERIC: “La interacción social, teorías y ámbitos”. 1995. Ed. PPU.