ENCUENTRO CON… KEPA MATILLA
Este es nuestro tercer encuentro con los colegas y potentes clínicos de la OTRA
PSIQUIATRICA
Hace cinco años propuse y nos encontramos con Fernando Colina y José María
Alvarez. Y hace dos años con Chus Gomez y Pepe Eiras.
Al reunirnos hoy con Kepa Matilla, a quien le damos la bienvenida y le agradecemos
que haya aceptado reunirse con nosotros, lo estamos haciendo con la segunda
generación de la Otra Psiquiatria. Es decir, con el recambio generacional de clínicos
que, contra viento y marea, contra lo oficial y la mayoría, apuestan por el estudio de
la locura, el rigor y la claridad. Otra Psiquiartria que, como nos dijo José María
Alvarez en esta misma sala, no es otra que el psicoanálisis.
KEPA MATILLA es psicoanalista y doctor en psicología clínica. Trabaja en Burgos,
donde también lleva un grupo de estudio sobre clínica psicoanalítica, y en el hospital
universitario Río Ortega de Valladolid, junto a Fernando y José María.
En su tesis doctoral trabajó: “El concepto de psicosis en Freud. Sus antecedentes en
la psicopatología psiquiátrica y los principales desarrollos en la nosología freudiana.”
De sus trabajos publicados destaco el de: “Clérambault y la atomización de la
alucinación.” Y el de: “Clínica lacaniana de los fenómenos elementales en la
paranoia.”
Actualmente está trabajando, con José María, en un libro sobre las formas discretas
de locura.
Kepa Matilla ha participado en las conversaciones o jornadas anuales de la Otra
Psiquiatria con la presentación de trabajos sobre:
-“La utilidad de la paranoia”
-“Perspectivas teoricas sobre las psicosis actuales.”
Y sobre “Las denominadas estructuras clínicas.”
Especialmente fue este último trabajo el pre-texto para proponeros encontrarnos con
él, ya que, si el diagnóstico diferencial por estructuras es un recurso de nuestra
práctica clínica, mejor revisarlo y pulirno de tanto en tanto para que no se nos oxide,
ya que la clínica del caso por caso no nos permite utilizar plantilla alguna, ni
protocolos de actuación para reconocer lo uno en lo múltiple y lo múltiple en lo uno.
La literatura, que siempre ha estado a la altura de nuestros dilemas, nos boca Goethe, por ejemplo. “¿Qué es lo general? dice en
El caso singular. ¿Qué es lo
individual? Millones de casos.”
Sin embargo… hoy en día ya no se tiene tanta amplitud de miras. Así nos lo dice
Sandor Marai “Hoy ya no existe el destino personal, sólo existe la probabilidad
estadística.”
1Y el también escritor Ray Loriga, otro ejemplo, nos dice: “Todo lo que se agrupa, por
desgracia se amontona, y todo lo que se amontona tiende a diluir nuestro perfil como
individuos”.
Se supone que la clínica psicoanalítica del caso por caso, con sus semejanzas y
diferencias, nos perminte agrupar más que amontonar, pero no nos ahorra la
complejidad de ir de lo particular a lo general, ni garantiza que la asistencia no reste
existencia a nuestros pacientes. Primera cuestión para nuestro invitado: cómo hacer
para clasificar sin descalificar, ya que se une y se separa al mismo tiempo. En
definitiva para que el saber no acabe siendo un poder sobre el paciente. Ya que, en
la prosa satírica de Kraus: “Una enfermedad muy difundida es el diagnóstico”.
Partimos de la base que la psicopatología estructural es una construcción provisional
y artificial, lo que no es poco, ya que nos aleja de los que utilizan el modelo bio-
médico y la in-videncia científica para dotarse de una taxonomía que llaman, para
más inri, de los desordenes mentales, como si fueran descubrimientos de
enfermedades mentales y naturales, cuando son meros inventos.
Estructuras clínicas como arti…ficio, también, en el sentido de arte y oficio de cada
cual, ya que, en la clínica de un sujeto en transferencia, ir a la estructura del
fenómeno dependerá del relato del paciente y de la escucha del analista.
Entre que damos por sentado que las estructuras clínicas no logran comprimir la
subjetividad para comprehenderla, y que por lo tanto, sigue siendo vigente aquello
de que “no son todos los que están ni están todos los que son”. Y que, por otra
parte, los casos que nos vienen rebotados de la clínica del Devocionario de la Salud
Mental o DSM, nos llegan mal diagnositicados, es decir, diagnositicados por la
agrupación de sintómas y no por la estructura del paciente, la cuestión es que
vamos de complejidad en complejidad y tiro porque me toca. Un ejemplo de lo que
digo es la mala praxis de esquizofrenizar la locura histérica para medicalizarla con
ganas, aun cuando, el delirio histérico no es un delirio disociado. En los casos de
neurosis obsesiva grave, que se mueven peligrosamente entre la paranoia y la
melancolía, el diagnostico diferencial es más complicado, y ante la duda, también
nos llegan medicalizados como esquizofénicos. De todas maneras, hay que
reconocer que si existen casos de dificil clasificación también lo serán para nosotros.
En palabras del escritor argentino Damián Tabarovsky “La relación entre ejemplo y la
teoría es siempre desdichada. Cuando el ejemplo es demasiado bueno, no ilumina la
teoría sino que la opaca. Cuando el ejemplo es mediocre, la teoría lo arrasa. Habría
que escribir teorías sin ejemplos o ejemplos sin teorías. O -quizás éste sea el caso-
hacer que el ejemplo y la teoría no encajen, se desacoplen, se revele uno contra el
otro”. Que la cosa acabe en tablas es una posibiliad de la que nos hablan los
llamados casos inclasificables.
Precisamente, en el curso del verano pasado de la Universidad Internacional
Menendez y Pelayo, dedicado a Literatura y locura: los límites habitables, Fernando
Colina nos habló de la vida y obra de Kafka, y lo puso como ejemplo de caso
inclasificable, en tanto que el traje de neurótico obsesivo le vendría corto y el de
2psicótico largo, porque, a pesar de que su escritura le funció como suplencia y
equilibrio interior, no se dan los fenómenos elementales de la psicosis, que sí se dan
en la escritura y vida Joice.
Que cada uno de nosotros pueda dar cuenta de casos inclasificables con los que
trabaja, nos invita a repensar las estructuras clínicas pero teniendo en cuenta que la
subjetividad humana siempre escapará al reduccionismo de nuestras categorías
diagnósticas. La literatura, en boca de José Bergamín, me gana en precisión cuando
dice: “Si yo fuese un objeto sería objetivo, como soy un sujeto soy subjetivo.”
Haciendo un poco de abogado del diablo, para provocar el debate con nuestro
invitado, planteo la sospecha de que tanto por parte de la clínica psiquiátrica oficial
que diagnostica por la descripción y agrupación de los síntomas, como por parte de
la denomianda segunda clínica de Lacan, o clínica borromea, se está ampliando
peligrosamente el perímetro de las psicosis. Si esto es así daría la sensación de que
las denominadas estructuras clínicas han agotado su recorrido, su utilidad clínica,
pues hemos pasado del… todos somos neuróticos, hasta que se desmuestre lo
contrario, al… todos somos discretos, ordinarios y normalizados psicóticos, hasta
que el momento fecundo y el desencadenante nos enloquezcan del todo. En
resumidas cuentas, Kepa, y esta pregunta te sonará ¿consideras que hay un peligro
a la hora de tratar una neurosis como si fuera una psicosis ordinaria?
Si convenimos en que… si la psicosis no está necesariamente unida al delirio, como
Ortega y Gasset, entonces…el delirio a la psicosis tampoco. Si esto es así, digo yo
que alguna diferencia habrá entre que la metafora paterna falle más que una
escopeta de perdigón y que falte. La inconsistencia no es sinómino de la ausencia, y
por lo tanto, alguna diferencia estructural habrá cuando lo que retorna lo hace desde
lo reprimido o desde lo forcluido. De hecho la utilidad clínica de las denominadas
estructuras freudianas son para diferenciar las tres estrategias defensivas contra la
castración. Y como dijo Freud en el Hombre de los lobos “una represión es otra cosa
bien distinta a un rechazo.”
Estructuras clínicas artificiales, hipótesis de trabajo, por lo tanto, provisonales y
orientativas porque la acomodación de cada cual al lenguaje es particular.
Estructuras que empezamos a pensarlas como excluyentes y ahora no sólo se nos
invita a que las repensemos como continuas, sino como continuas y discontinuas al
mismo tiempo. No me digáis que no parece la letra de un bolero, como ese de
Antonio Machín que acaba diciendo… y no estar loco. Aunque pensandolo bien, si
esa escisión del final del bolero refleja nuestra condición humana, ¿por qué ha de
ser difente en el ejercicio de una profesión que definimos como imposible?
No recuerdo a santo de qué, pero en el seminario sobre los escritos técnicos de
Freud, Lacán dijo una frase que bien pudiéramos aplicarla al tema de las estructuras
clínicas: “Si ustedes creen haber comprendido, de seguro se han equivocado”.
Acabo con más preguntas:
¿Cómo minimizar el riesgo a seguir equivocándonos?
¿reconociendo que la clínica psicoanalítica, también, genera falsos positivos?
3¿reduciendo la diferencia estructural entre neurosis y psicosis?
¿ampliando el perímetro de la psicosis?
¿diagnosticando sólo desde la teoría y no desde la clínica del retalo del paciente?
¿o aceptando que el saber es y siempre será supuesto, en tanto que la subjetividad
es irreductivible a la razón y por lo tanto siempre existirán casos inclasificables?
En definitva Kepa, ¿cómo repensar las estructuras clínicas para ir de lo particular a
lo general, aun a riesgo de equivocarnos?
Carlos Rey
22-11-2014
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