Umbral: de febrero a octubre 2016
Marcelo Edwards
En el marco de la lectura del Seminario La Transferencia de Jacques Lacan
Retomo hoy con Uds. los comentarios que hice en el mes de febrero, que
ahora intentaré precisar aún más, dado que la lección que nos toca trabajar
es la denominada: El símbolo ф.
El lugar del falo simbólico: la juntura de lo simbólico con lo
real
Cito entonces algunas frases de Lacan, para orientar lo que voy a decir.
“Porque está claro, por otra parte, que la abstención del analista, su negativa
a responder, es un elemento de la realidad en el análisis. Más exactamente, es
en esa negatividad en cuanto que es pura, es decir desprendida de todo
motivo particular donde reside la juntura entro lo simbólico y lo real.”
Función y campo de la palabra y del lenguaje (1953)
“El falo es el significante privilegiado de esa marca en que la parte del logos
se une al advenimiento del deseo. (…) este significante es escogido como lo
más sobresaliente de lo que puede captarse en lo real de la copulación
sexual, a la vez que como el más simbólico en el sentido literal (tipográfico)
de este término, puesto que equivale allí a la cópula (lógica).” La
significación del falo (1958)
Dieciséis años más tarde, en R.S.I. (1974-75), Lacan inscribe al ф, en el nudo
borromeo, justamente en la juntura entre lo real y lo simbólico, ligado
además al goce fálico, y dice respecto de su función de excepción, que
como sabemos introduce la castración para todo ser hablante del lado
masculino:
“Es necesario que no importa quien pueda hacer excepción para que la
función de la excepción devenga modelo. Este es el estado ordinario.” Y
agrega: “Un padre no tiene derecho al respeto, sino al amor, más que si ese
amor, ese respeto está padre (père)-versamente orientado, es decir
constituido, por el objeto petit a que causa su deseo”.
“…su función de padre, que es la función del síntoma tal como la he
escrito…Para eso basta con que sea un modelo de la función. Esto es lo que
debe ser el padre, en tanto que él no puede ser más que excepción, no puede
ser modelo de la función más que realizando el tipo. Poco importa que tenga
síntomas, si agrega allí aquel de la perversión paterna, es decir que la causa
sea una mujer que él ha tomado para hacerle niños, y que, de ellos, lo quiera
o no, tome cuidado paterno.”2
“No puede ser modelo de la función…”. En otras palabras, si el padre real
realiza el tipo, si cumple con la función simbólica, que es de excepción, por
ser un hombre deseante de la madre, cosa que implica la castración, entonces
deviene modelo de la función de excepción.
El analista es un sujeto
Retomo ahora algunas frases del Seminario La Transferencia. En primer lugar,
de la lección XIX, donde indica con claridad que el analista es un sujeto que
ha de venir a un lugar preciso en la cura, que no es la del objeto agalmático.
“Para cumplir con la búsqueda de ese objetivo, a saber, el de lo que desea ese
otro que viene a nuestro encuentro, es preciso que en este punto nos
prestemos a la función de lo subjetivo, que podamos representar no, como
creen, el objeto al que apunta el deseo (el agalma), de ningún modo, sino
el significante.”
“Es preciso que mantengamos vacío el lugar adonde es llamado aquel
significante que sólo puede ser anulando a todos los demás, aquel φ cuya
posición, central en nuestra experiencia, trato de mostrar a Uds.”
“…hay que saber ocupar su lugar, en la medida en que el sujeto tiene que
poder localizar allí el significante faltante.” “…la paradoja de nuestra
función es que somos llamados a ser -y a no ser nada más- la presencia
real, en tanto esta es inconsciente: es el lugar donde se nos supone
saber.”
“…estamos allí como lo que calla…en lo que falta en ser. Somos en último
término, en nuestra presencia, nuestro propio sujeto, el punto donde éste
se desvanece, donde está tachado. Por eso podemos ocupar el propio lugar
donde el paciente, como sujeto, a su vez, se borra y se subordina a todos
los significantes de su demanda.”
“En el fantasma el sujeto se capta como desfalleciente ante un objeto
privilegiado, que es degradación imaginaria del Otro en ese punto de
desfallecimiento. Para que, en la transferencia, es preciso que nosotros
mismos para el sujeto pasivo en el fantasma, en $, que de algún modo
seamos verdaderamente este $, que seamos en última instancia aquel que
ve el petit a, el objeto del fantasma, que seamos…aquel vidente…que
puede ver el objeto del deseo del Otro, con independencia de la distancia
a la que se encuentre dicho Otro de sí mismo.”
Es algo que retoma en la lección XXII, denominada Descomposición
estructural.
Lacan se vuelve a plantear allí cual es nuestra participación en la
transferencia, no en tanto contratransferencia, sino en cuanto a cómo
estamos involucrados en la transferencia. Cómo está involucrado en ella ese
sujeto que es el analista. Esto afecta a nuestro ser, no se trata simplemente
de una conducta a seguir. Pero Lacan plantea la pregunta: ¿qué es el analista?3
“La transferencia implica que el analista es para el paciente, algo que no
es en la realidad. No obstante, interviene con algo que es del orden de su
ser. Es un hecho de experiencia. ¿Porqué, sino resulta necesario una
corrección de su posición subjetiva, una investigación de su formación, si no
fuera porque en su posición hay algo que está llamado a funcionar
eficazmente en una relación que no puede agotarse por entero en una
manipulación, aunque sea recíproca? Todo lo que se ha desarrollado acerca
del alcance de la transferencia después de Freud plantea al analista como
un existente.”
Un existente, o sea un sujeto.
Tal como dice Lacan, la orientación de kleiniana pone el acento en la función
del objeto en la relación transferencial. Es la más fiel al pensamiento
freudiano, y si situó al analista como buen o mal objeto para el sujeto, es
porque piensa la relación analítica como dominada por los fantasmas
inconscientes. No obstante, la teoría kleiniana del fantasma, le parece
insuficiente, y señala que hay que corregirla con su fórmula: ($ ◊ a), donde $
no es el simple correlato noético del objeto: el $ está en el fantasma.
La otra orientación que sigue a Anna Freud, pone el acento en el analista
involucrado en la transferencia en tanto sujeto. En ella se hace hincapié en la
alianza terapéutica. De allí su correlato: la acentuación de los poderes del
ego. Plantea que en el primer tiempo del tratamiento no se trata de abordar
lo inconsciente sino las defensas, que es con lo que uno se encuentra
inicialmente. Pero no es lo mismo poner en primer plano las defensas, lo que
es legítimo según Lacan, que hacer del ego una masa inercial dotada de
elementos irreductibles e ininterpretables, que es a lo que llega la escuela de
Hartmann. E incluso se tiende a hacer del ego algo todavía más irreductible
añadiéndole defensas. No es la vertiente más freudiana.
Así pues, el analista no representa un objeto bueno o malo, ni tampoco, como
hemos visto antes, un objeto agalmático para el analizante. Pero tampoco un
sujeto del conocimiento. Por otra parte, no se ha confundir al sujeto con el yo
del analizante.
La respuesta de Lacan es, tal como hemos visto, que el analista en tanto
sujeto -que ha sido analizado, y que por ello ha de poder ocupar ese lugar de
abstinencia- pueda operar de tal modo que sea ese $ que capta el objeto
causa del deseo del paciente.
Las funciones de S(Ⱥ), ф y ϕ.
En la lección XVII, titulado El símbolo ф, que nos ocupa hoy, Lacan dice: “ф
es el símbolo del lugar donde se produce la falta de significante” “…Digo
significante, en la medida que se utiliza como tal. Pero cuando lo he
introducido hace un momento he dicho el símbolo falo, y quizás este es,
en efecto, el único significante que merezca en nuestro registro -y de un
modo absoluto- el título de símbolo”.4
Un símbolo, recordémoslo, no es ni un significante, que representa a un
sujeto para otro significante, ni un signo, que representa algo para alguien:
un símbolo, es símbolo de una ausencia.
En otras palabras, se lo usa como significante, cuando toma la forma
degradada de –ϕ, pero en tanto símbolo, ф, es símbolo de la falta de
significante, de la ausencia de significante.
Por eso, es imposible de negativizar, como dice Lacan en Subversión del
sujeto, Imposible de negativizar, tal como el número cero. Ese cero, que como
Lacan rescata de Peano, es absolutamente necesario para que la serie se
pueda inscribir. Es a partir de él, que los S1, S2, S3, etc. se pueden ordenar en
una cadena.
La frase que citado ha dado lugar a que algunos lacanianos confudan ф con
S(Ⱥ). Es algo que Lacan ha señalado con insistencia en De un discurso que no
fuese semblante y en Encore: no hay que confundirlos. Para captar con más
claridad la diferencia nos hemos de remitir a Subversión del sujeto y
dialéctica del deseo (1960).
En este texto, contemporáneo del seminario sobre La transferencia, Lacan
dice que S(Ⱥ) es un significante. Por ende, un significante representa a un
sujeto para otro significante. “Este significante, el S(Ⱥ) será aquel por el cual
todos los otros significantes representan al sujeto, lo que quiere decir, que, a
falta de ese significante, todos los otros no representarían nada. Ahora bien,
dado que la batería de los significantes…está completa, este significante no
puede ser sino un trazo que se traza de su círculo sin poder contarse en él.” Y
según él, se lo puede simbolizar “por la inherencia de un (-1) al conjunto de
los significantes”. “Como tal es impronunciable, pero no su operación,
puesto que es lo que se produce cada vez que un nombre propio es
pronunciado: su significado se iguala a su significación.” (Por ejemplo, el
nombre propio de un sujeto).
De allí que introduzca el álgebra de esta operación:
S (significante)
____________ = s (el enunciado) siendo S = (-1)
s (significado)
o sea:
-1 = s por s
-1 = s (al cuadrado)
s = raíz cuadrada de -1
Aquí se capta con claridad que S(Ⱥ) que Lacan define como -1, y que es
impronunciable (un nombre impronunciable) pero necesario, porque sin él, los5
otros significantes no significarían nada, es diferente de s, que es igual a raíz
cuadrada de -1.
Un poco más adelante, en este mismo escrito, vuelve sobre el S(Ⱥ), del que
dice que es el significante de la falta del símbolo cero.
“Esta elección se hace posible por el hecho de que el falo, o sea la imagen
del pene, es negatividad en su lugar en la imagen especular. Esto es lo que
predestina al falo a dar cuerpo al goce, en la dialéctica del deseo”.
“Hay que distinguir pues del principio del sacrificio, que es simbólico, la
función imaginaria que se consagra a él, pero que lo vela al mismo tiempo
que le da su instrumento”.
“Es así como el órgano eréctil, viene a simbolizar el sitio del goce, no en
cuanto a él mismo, ni siquiera en cuanto imagen, sino en cuanto parte
faltante de la imagen deseada: por eso es igualable a la raíz cuadrada de -1,
de la significación más arriba producida, del goce al que restituye por el
coeficiente de su enunciado a la función de falta de significante: (-1).”
En esta frase, Lacan viene a decir que la significación, es significación fálica:
el falo imaginario, en tanto – ϕ de la imagen deseada, es igual a raíz cuadrada
de -1, siendo que -1 es la función de falta de significante, es decir, S(Ⱥ).
“El paso del (-ϕ) de la imagen fálica de uno a otro lado de la ecuación de
lo imaginario a lo simbólico, lo hace positivo en todo caso, incluso si viene
a colmar una falta. Por muy sostén que sea del (-1) (que es el S(Ⱥ)), se
convierte allí en φ, el falo simbólico imposible de hacer negativo,
significante del goce.”
En la lección XVIII de La Transferencia, titulada La presencia real, Lacan,
vuelve sobre el S(Ⱥ), del que, como hemos visto, ha dicho que es el
significante de la falta del símbolo cero, es decir, de ф.
Falo imaginario y falo simbólico en la transferencia
En la Lección XVIII del Seminario La Transferencia, Lacan se propone “la
articulación precisa de la función del falo en la transferencia”.
Para ello se refiere a dos trabajos, uno de George Favez, que pensaba que el
analista viene de alguna manera al lugar de un fetiche para el analizante, y
otro de Bouvet que sostenía que el analizante -una obsesiva en la ocasión-
tenía que poder incorporar oralmente el falo del analista para resolver sus
síntomas. De alguna forma, estos analistas, aún no situando de manera
precisa la función del falo, aproximan la cuestión, y Lacan parte de allí para
tratar se situar correctamente la cuestión del falo en la transferencia.
Para ello, aborda los fantasmas de la neurosis obsesiva
Ⱥ ◊ ф (a, a’, a’’, a’’…)6
y de la histeria:
a
◊ A
__
– ϕ
Y dice hablando del obsesivo: “ϕ es lo que subyace a la equivalencia
instaurada entre los objetos en el plano erótico. Es de algún modo la unidad
de medida en la que el sujeto acomoda la función a, la función de los objetos
de su deseo”.
Es el caso del significante rata, en el Hombre de las ratas, que se multiplica
de modo metonímico en la sintomática del obsesivo: “tantas ratas, tantos
florines”. “La rata simboliza, ocupa el lugar de ϕ, en tanto que es una
cierta forma de reducción de ф, una degradación de dicho significante.” …
“ф representa la función del falo en su generalidad para todos los seres
hablantes y se trata de percibir su función en lo inconsciente, a partir del
punto que nos da la sintomatología de la neurosis obsesiva, donde esta
función emerge bajo formas degradadas” (Es decir, como – ϕ, en la
ecuación: – ϕ (a a’, a’’…a’’’).
“ϕ…emerge en el plano consciente. Para el obsesivo no está reprimida como
en la histeria. El ϕ está ahí en función de todos los objetos como la ʄ de una
función matemática: manifiesta en el síntoma.”
Lacan dice que conscius en latín, quiere decir cómplice y que el obsesivo es
cómplice respecto de sí mismo y del Otro, del observador. ϕ es consciente
para él, pero al mismo tiempo participa de la represión, tal como Freud lo
articula en La Negación. Sin el analista no es reconocida: permanece en el
desconocimiento.
El sujeto obsesivo quiere mantener la inflación fálica, ϕ, para velar ф, es
decir su castración.
La función ф es la presencia real, ese término significante, que en nuestra
cultura católica se relaciona con la eucaristía. Es lo que sólo puede aparecer
en los intervalos de la cadena significante. Es la presencia, que, si se hace
demasiado presente, amenaza a todo el sistema significante. Es conveniente
que sea una presencia que se mantenga ausente. Es la hiancia entre los
significantes, necesaria de mantener para que S1, sea diferente de S2 y así
sucesivamente. Es el cero que se desplaza en la metonimia. Pero es muy
diferente de S(Ⱥ) que es aquel significante que, como dice en Subversión del
sujeto, y que he citado, “es aquel por el cual todos los otros significantes
representan al sujeto, lo que quiere decir, que, a falta de ese significante,
todos los otros no representarían nada.” Es decir, una definición clara de la
función del Nombre del padre. Este es el significante que sitúa, que localiza
la falta simbolizada por ф. Hay que recordar que en la fórmula de la metáfora7
paterna en De una cuestión preliminar, Lacan escribe Falo con mayúscula, no
con minúscula: ф y no ϕ, que es un significante, pero que es la degradación
de ф que es un símbolo.
Volviendo al obsesivo, se trata de un sujeto que necesita colmar los
intervalos, y el objeto fóbico (-ϕ) es la forma más simple de esa obturación.
Retoma el caso de Bouvet para hablar del insulto a la presencia real. La
paciente (obsesiva) se representaba imaginariamente órganos genitales
masculinos en lugar de la hostia. Para Lacan, ella superpone los órganos
masculinos de modo significante, de manera simbólica, a la presencia real. Se
trata de reducir esa presencia real, de quebrarla, triturarla en el mecanismo
del deseo. Esa es la función de los fantasmas sacrílegos del sujeto obsesivo.
Se trata de degradar al Otro, reduciéndolo al otro. Un paciente colocaba la
santa hostia en la vagina de la mujer, como para que al penetrarla hiciera de
sombrero a su pene.
Esto muestra que el deseo habita el lugar de la presencia real, φ, poblándolo
con sus fantasmas. El Hombre de las Ratas se obligaba a contar hasta un
número entre la luz del rayo y el ruido de su trueno. Tenía que colmar el
intervalo. Si tiene que hacerlo es porque allí podría producirse algo que
disolvería toda la fantasmagoría.
El objeto fóbico, ese significante universal, está antes, en avanzada respecto
de la hiancia significante. Lo que Juanito teme encontrar es el deseo del Otro
materno que lo devolvería a la nada, de antes de toda la creación del sistema
significante.
Ahora bien, Lacan agrega que el falo no es simplemente el órgano de la
copulación, está atrapado en el mecanismo perverso.
El falo, φ, puede funcionar como el significante del punto que, en tanto
estructural, representa la falta de significante. Pero, ¿qué define como
significante a algo que, por hipótesis, por definición, es el significante
excluido del significante? ¿Qué permite definirlo como significante y no como
esa degradación imaginaria y consciente que es ϕ? Lo que permite aislarlo
como φ, es el mecanismo perverso.
Quiero señalar que en Encore (1972), respecto de los matemas de la
sexuación, Lacan dice: “…del lado del hombre inscribí, no ciertamente para
privilegiarlo en modo alguno, el $ y el ф que como significante es su soporte,
lo cual se encarna igualmente en el S1, que entre todos los significantes es el
significante del cual no hay significado, y que, en lo que toca al sentido,
simboliza su fracaso”.
Así, pues el φ se encarna en el S1…lo que es otra forma de decir, que el S1,
equivale a ϕ, esa forma degradada, imaginaria de φ.
El falo simbólico es el padre muerto8
En la lección XX, titulada La abyección de Turelure, e inscripta por Miller en la
sección El mito de Edipo hoy (en Subversión del sujeto también apunta que el
Edipo es un mito, aunque no la castración), Lacan dice:
“…el mantenimiento de la dimensión del padre, del drama del padre, de
aquella función del padre a cuyo alrededor ven ustedes que se agita en todo
momento lo que nos interesa en la posición de la transferencia.”
Sabemos, dice, que no debemos operar como Freud, desde la posición del
padre, pero tampoco desde el de la mala madre. Y mediante el drama
claudeliano, intenta plantear de nuevo lo que está en el corazón del
problema: la castración.
“…la castración es idéntica a la constitución del sujeto del deseo, no el sujeto
de la necesidad, el sujeto frustrado, sino el del deseo. La castración es
idéntica al fenómeno por el cual, el objeto de su falta (el deseo es falta),
es -en nuestra experiencia- idéntica al instrumento del deseo, es decir el
falo” (o sea, φ).
“El objeto de su falta, la del deseo, para ser caracterizado como objeto del
deseo, y no como tal o cual necesidad frustrada, deberá ocupar el mismo
lugar simbólico que ocupa el propio instrumento del deseo, el falo, ese
instrumento en la medida en que es elevado a la función del significante”.
Así pues, ese instrumento es elevado a la función significante, para ocupar
ese lugar simbólico. Y agrega:
“Cual es ese lugar? Pues bien, es precisamente el lugar del punto muerto
ocupado por el padre en tanto que ya muerto. Quiero decir que, por el solo
hecho de ser el padre quien articula la ley, detrás, la voz no puede sino
desfallecer.
Además, o bien falta como presencia, o bien, como presencia, lo que está es
demasiado presente. Es ese punto donde todo lo que se enuncia vuelve a
pasar por cero, entre el sí y el no. No la he inventado yo esa ambivalencia
radical…entre el amor y el odio, entre la complicidad y la alienación. Para
decirlo todo, la ley, para instaurarse como ley, requiere como antecedente la
muerte de aquel que la soporta.”
Si está demasiado presente, si no hay hiancia, anula la articulación de los
significantes, tal como he comentado: es lo que ocurre con el acceso de
angustia, donde falta la falta, y cada sujeto responde a ello con sus defensas.
La instancia-amo o el lugar del semblante
Ahora quisiera resaltar algunas cosas que dice Lacan en 1969-70, es decir unos
9 años más tarde, en El revés del psicoanálisis. En la lección VIII, titulada Del
mito a la estructura, vemos que Lacan retoma otra vez ese tema que ha
abordado en La transferencia.9
Como sabemos viene intentando la escritura de una lógica que dé cuenta de
los discursos, y en particular de aquel que es el reverso del discurso analítico,
el discurso del amo o de lo inconsciente.
S1 → S2 a → $
___ ___ ___ ___
$ // a S2 S1
En esta lección Lacan aborda dos de los mitos freudianos: el de Edipo y el del
Padre de la horda. En el mito de Edipo, el asesinato del padre -sin saberlo-
desemboca en el incesto, y su consecuencia es la castración, como castigo. En
el del Padre de la horda, el padre es el supuesto poseedor de todas las
mujeres, por ende el que goza, y su asesinato desemboca en la identificación
de los hijos con el padre muerto, y la instauración de la ley de prohibición del
incesto, es decir, que así se introduce la castración.
Mientras que, en el primer caso, el asesinato conduce al incesto y luego a la
castración, en el segundo el asesinato conduce a la instauración de la ley, y la
castración y no al incesto.
En ningún de los dos casos se trata de un padre imaginario que amenazaría
con la castración.
Lacan recuerda que el deseo es idéntico a la ley misma, y por ende a la
castración. Y que lo que hace posible que esto opere, es la función del
padre muerto. Un padre que mantiene en reserva, prohibido, al goce
incestuoso, lo que lo hace equivalente a ese goce. Y por ello, Lacan
considera al padre real, un operador estructural más allá del mito de Edipo.
Recuerda que Freud -contra toda evidencia científica- plantea ese asesinato
como real, lo que, a su juicio, revela que se trata de un imposible en la
enunciación de Freud.
Agrega que en realidad esto nos remite a una referencia muy diferente: la de
la castración a partir del significante-amo.
“El discurso del amo nos muestra que el goce le viene al Otro, que es quien
tiene los medios. Lo que es el lenguaje no lo obtiene (ese goce) más que
insistiendo hasta producir la pérdida a partir de la cual el plus-de-goce toma
cuerpo. El lenguaje, incluso el del amo, no puede ser más que demanda
que fracasa. No es de su éxito sino de su repetición que se engendra la
pérdida, de la que el plus de goce toma cuerpo. Esta creación repetitiva,
dimensión a partir de la cual se ordena la experiencia analítica, puede partir
de una impotencia original, la del niño…”
“Si el psicoanálisis nos muestra que el niño es el padre del hombre, en alguna
parte ha de haber una mediación: la instancia del amo, en tanto produce el
significante-amo, a partir de cualquier significante”.10
Vale la pena subrayar lo que Lacan distingue aquí: la instancia del amo, del
significante amo. Entiendo que la instancia del amo, no es otra que la del
padre muerto, es decir, el falo simbólico, φ. En cambio, el significante amo,
el S1, producido a partir de esa instancia, es ϕ, es decir, su forma degradada.
Recuerda entonces que en el Seminario de Las relaciones de objeto habló del
padre real como agente de la castración simbólica. Es una función simbólica
relativa a la articulación significante. El objeto de dicha castración simbólica
es el falo imaginario: – ϕ.
Así pues, el padre real, ese señor “gentil” que trabaja y mantiene a su familia
e incluso quiere ser amado, es el que introduce la castración simbólica. Más
adelante, en R.S.I., Lacan agregará que es aquel que desea a la madre en
tanto objeto a, causa de su deseo, y se ocupa paternalmente de sus hijos. Y
Phillipe Julien subraya que introduce la castración simbólica justamente por
su posición de deseante de esa mujer que es la madre, y no por ninguna
supuesta amenaza de castración que sería atribuible a un padre imaginario.
Este es un fantasma, una creación del niño o de su entorno … justamente
cuando desfallece la función del padre real. Es su deseo el que separa al niño
de la madre, introduciendo la castración para ambos. El deseo es castrador a
nivel simbólico.
Por eso Lacan dice que la noción de agente de la castración del padre real,
no hay que entenderla en el sentido de un acto, sino más bien como la de
aquel que hace el trabajo de la agencia-amo (instancia-amo).
La castración es una operación real introducida por la incidencia
significante en relación con el sexo, y determina al padre real como siendo
ese imposible. Es la introducción del significante lo que hace de él un
imposible.
“Es esa castración que no es un fantasma y de la que resulta el objeto causa
del deseo, en tanto producto de esa operación, la que hace que el fantasma
domine toda la realidad del deseo, que es la ley.”
Así pues, tal como hemos visto, el padre muerto, simbólico, que es el falo
simbólico, ф, que tiene una función de excepción, es equivalente al goce.
Es el lugar vacío, o conjunto vacío, que permite la constitución del deseo
que equivale a la ley, que se articula en el fantasma.
Lugar del muerto que Lacan atribuye al analista, desde el principio de su
obra. Y como dice en esta lección octava, el muerto no goza.
En De un discurso que no fuese semblante y en El saber del psicoanalista, que
continúan con la elaboración de los discursos, Lacan dirá claramente que el
semblante es el significante, pero en el segundo de estos seminarios, nombra
como lugar del semblante, el lugar del agente de cualquier discurso. En otras
palabras, que a ese lugar puede venir cualquiera de los 4 elementos: el S1, el
S2, el $ y el a.11
Siguiendo con lo que voy comentando, entiendo que esto implica que la
instancia-amo o lo que en este seminario ubica como lugar del semblante, no
puede ser otro que el lugar del φ.
Es el lugar que ha de ocupar el analista en la cura, y a ese lugar pueden venir
los diferentes elementos de los discursos: S1, S2, $, y a. Y este último caso
que no se produce constantemente en un análisis, pero es cuando el analista
puede ocupar el lugar de objeto causa del deseo, que ocurre la apertura de lo
inconsciente, y en esas ocasiones, se producen los S1, que tal como dice
Lacan en este seminario, tienen la función de Nombre del padre. Afirmación
que merece una mayor elaboración.