Primeros dos capítulos
Seminario de UMBRAL, “El psicoanálisis y sus psicoanalistas”
Clase 14 de septiembre 2015
Laura Kait
Freud como Sócrates sirven a Eros para servirse de él 1
J. Lacan
Este curso vamos a hablar de amor. “No tanto de la naturaleza del amor”,
dice Lacan a modo de introducción, “sino de su relación con la transferencia”.
Y para saber de amor elige un texto del año 416 a.C., escrito por Platón. Por
lo que podemos suponer que en este tema las cosas no han cambiado
mucho para los humanos. En lo que a verdades subjetivas se refiere no hay
demasiado progreso, parece que éste ocurre, sobre todo, en el campo de la
técnica con su causa, la ciencia. Amor, Eros, nada más lejos de las
tecnociencias, tema estrella de nuestra actualidad. Vamos a ubicarnos cinco
siglos antes de nuestra era o si lo prefieren, también, en el inicio de los
sesenta del siglo pasado, donde tras el fondo de la Guerra de Vietnam, los
hippies hablaban de amor y Lacan también.
Roudinesco señala esta década como la más fecunda en la obra de Lacan, 2
“se convierte entre otros en el maestro de una escuela de pensamiento
centrada en una ruptura con los ideales de la fenomenología” Esos otros
son, Althuser; Barthes, Foucault y Lévi-Strauss. Y elijo comenzar por aquí,
dado que se ha retornado a la fenomenología con el auge del cientificismo y
la enseñanza de una psicología reducida a lo cognitivo-conductual al servicio
del mercado. Una Universidad digna de gentes que no han leído nada de lo
producido en esos años sesenta del pasado siglo, ignorantes de qué se trata
cuando tratamos con seres de palabra. Es decir que, hablando de la
1
2
Lacan, “La Transferencia”. Primer capítulo. Transcripción de la Escuela de la Escuela Freudiana de Bs. As, 1982.
Elizabeth Roudinesco, La Batalla de los Cien Años. T.2. Ed. Fundamentos, Madrid 1993.
!1transferencia, el aspectos técnico 3
más importantes del dispositivo analítico,
incluso hablando de técnica, tampoco vamos a hablar de fenomenología.
Muy lejos de eso. Vamos a hablar de amor.
Antes, algunos apuntes más sobre este 1960 que inicia la gran década.
Venimos del seminario de La Ética, acabado antes del verano de este mismo
año, nosotros hemos hecho lo mismo en este 2015. Lacan dicta sus clases
en el hospital Saint Anne y será dentro de un hospital donde inicie su nueva
lectura de Freud, en una época donde casi no se traducían sus libros en
Francia y las traducciones existentes eran severamente criticadas por Lacan.
Así, la publicación de las Obras Completas de Freud se reactivará a partir de
1966 y por efecto de su enseñanza. Cabe considerar que en 1923, Freud
mismo había aprobado la traducción de su obra al castellano por López
Ballesteros. Con lo que los lectores franceses deben agradecer al fenómeno
de transferencia de Lacan con Freud el poder leer al maestro vienés no sólo
de una nueva manera, sino en la totalidad de su obra.
Problemas de traducción y edición no acaban con este fenómeno en Francia;
aún hoy son actuales en el campo analítico lacaniano. Este seminario, el
número 8, no se publica en castellano hasta 2003. Es decir 43 años después
de haberse dictado. Y la publicación de Paidós es la “arreglada” por J. A.
Miller, así que mucho no me interesa debido a la fuerte censura que ejerce o
sólo podría interesar para comparar y ver que ha quitado y por qué, lo cual
hace perder bastante tiempo y es trabajo de bibliófilo. Elijo seguir trabajando
con las ediciones fotocopiadas , que suelen mantenerse más cercanas a la 4
época en que varios discípulos grababan sus clases y luego transcribían.
Algunas de estas versiones circulan en páginas web tanto en francés como
traducidas. Una vez más recordemos que la enseñanza gruesa de Lacan es
oral y que nunca escribió sus seminarios. Él también ha tenido sus platones.
En cuanto al singular, al único, diremos que los historiadores ubican a Platón
en un siglo entre el 427 y el 327 a.C., aunque aclaran que ha vivido en torno
a unos 80 años. No solo fue quien nos escribe a Sócrates sino que fue el
fundador de la Academia, donde Aristóteles vendría a estudiar, compartiendo
unos 20 años con su maestro. Puente entre los dos genios, su propia
genialidad y su escritura ha dado consistencia a la filosofía como campo,
fundándola con su enseñanza y su escritura.
3
Sigmund Freud, Psicoterapia (Tratamiento por el Espíritu), 1905, pag. 1014. Biblioteca Nueva, T. III, Madrid
4
1969.
Traducción de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1982. S. Mizrahi; M. del C. Meroni; S. Amigo; H. Heinrich y
J. Zuberman.
!2Nos introducimos en La Transferencia por la vía de dos lecturas. En primer
lugar leyendo a Platón , lo que es una cita obligatoria para todos los que 5
asisten a este seminario y que aún no hayan leído El Banquete. En segundo
lugar, leeremos hoy los dos primeros capítulos de noviembre de 1960, donde
Lacan plantea los objetivos y razones por las cuales ha elegido el texto de
Platón. Lo dice de varias maneras. Se trata de “saber qué es ser sabio en
amor, mostrar su estructura”, plantearse para qué sirve este saber. Estos
serán nuestros ejes. Y se desarrollarán en una escena donde hay dos, un
amante o amador (erastés), el activo, y un amado (erómenos), el objeto de
amor.
Dos han sido Alcibíades con Sócrates. A tal punto que Lacan señala que en
El Banquete se da la primera transferencia analítica con todas las claves
para entender el concepto. También dos han sido Platón con Sócrates.
Recordémos, dice Lacan, a Anna O. con Breuer, “al principio de la
experiencia analítica fue el amor”, o qué hace eco con qué al principio del
psicoanálisis. No habría sido el verbo sino el amor, así lo prueba también la
relación que ha hecho posible esta nueva teorización allá por 1880, en el
vínculo de Freud con Fliess. Y en los años sesenta, con Lacan y Freud, se
reactiva la transferencia gracias a la cual tenemos esta nueva lectura de los
conceptos freudianos, que han hecho historia y a los que nos dedicamos…
aún. Trabajamos gracias al amor, convendría que ningún analista perdiera
este elemento de perspectiva. Y ¿para qué necesitamos el amor? Se trata,
tal como está dicho en la primera clase, de “aislarse con otro para enseñarle
¿qué? Lo que le falta”.
Cierto es que no se trata de cualquier experiencia amorosa, sino de una que
tiene condiciones especiales. La primera es la disimetría, “que va más allá de
la simple noción de disimetría entre dos sujetos”. Y es así que Lacan inicia su
seminario, con la cuestión de la “imparidad” subjetiva de la transferencia. No
hay lugar para la intersubjetividad en el espacio analítico. La subjetividad es
solo del analizante, por eso Lacan nos indica que la escena es especial y no
duda en calificarla de falsa. Justamente es por esta falsedad del dispositivo
analítico, que podemos llamarlo escena, en el mejor sentido teatral. Hay una
escenografía, bastante estable a pesar de los aportes y gustos personales
de cada profesional y de la rigidez o no de la escuela donde se inscriba. Hay
una utilería determinada y unas reglas de la escena.
También es así en El Banquete, nos encontramos con un dispositivo
especial, una escena donde los personajes van a jugar su texto. Señalemos
que este obra plantea una diferencia importante con las otras escenas donde
5
Platón, Obras Completas, Ed. Aguilar, Madrid 1981.
!3Platón siempre ha ubicado a Sócrates, que es dentro de un diálogo que
permite el constante juego dialéctico. Aquí desaparece el diálogo y se tratará
de un symposium, un encuentro, reunión o conferencia en que se examina
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o discute un tema determinado. Y así lo define la RAE hasta hoy. Agatón
invita a cenar a su casa para celebrar el éxito obtenido la noche anterior en
que se estrenó su primera tragedia y hacia los postres cada uno de los
oradores hará un discurso, una ponencia sobre el tema que los convoca.
Pero antes, recordemos que Platón escribe aquello que ha sido producido
por la tradición oral, algo anterior a la escritura, dice Lacan, “cuando las
cosas quedaban grabadas en los sesos”. Apolodoro, que es un discípulo de
Sócrates hace este relato. Caminando de su casa hacia Atenas se encuentra
con un amigo que le pide le cuente lo que ocurrió en aquel banquete.
Apolodoro dice que ellos eran pequeños cuando aconteció y confiesa que él
sabe de la historia porque se la contó Aristodemo, amante de Sócrates, que
sí participo del ágape. Es decir que tenemos a, Aristodemos, que le cuenta a
Apolodoro, que le relata a un amigo anónimo (quién representaría a
cualquiera de los que escuchan o leen). Se trata de un relato que pasa y
efecto de ese pase es la escritura de Platón que hace que nosotros nos
incluyamos en la serie, veintiséis siglos más tarde, ya no como escuchantes
sino como lectores.
Tiene mucho interés actual la manera en que Apolodoro se presenta. Dice
que para él es un placer hablar de filosofía y que por eso les contará aquel
banquete mientras comparten el camino, a sabiendas que quienes escuchan
son ricos y hombres de negocios que creen hacer algo de provecho sin
hacer nada, mientras ellos pensarán que es al revés, dado que filosofar sería
para ellos hacer nada. Textualmente: “Vosotros a la inversa, tal vez creeréis
que yo soy un desdichado y opino que vuestra creencia es verdadera; pero
yo sin embargo no lo creo de vosotros, sino que lo sé de cierto”. Se
establece en la primera página de El Banquete una contundente distinción
entre la creencia y el saber, tema de absoluta actualidad, igual que lo es el
hecho de que pensar, que es el objeto de la filosofía, no sería tema de ricos y
negociantes, lo que seguramente justifica, entre otras cosas, que la filosofía
haya sido retirada como asignatura de la escuela secundaria española -así
nos quieren ahora, pobres de saber y negociantes… al menos
consumidores-.
En esta introducción, hemos de detenernos en dos de los ponentes a
quienes Platón dedica un diálogo. En primer lugar, Fedro y no solo porque
sea el primer orador de la noche, sino porque en el Fedro o de la Belleza, del
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Diccionario de la Real Academia Española. http://www.rae.es/
!4370 a. C., se trata también el tema del amor, pero más encarado hacia la
cuestión de la locura, por lo tanto del enamoramiento. Es complementario de
El Banquete y muy recomendable su lectura, al iniciar este curso.
Pero en verdad, cuando Lacan, en el segundo capítulo comienza a presentar
a los personajes, lejos de comenzar por el primero, empieza por el último, lo
cual no nos sorprende en el discurso del Maestro. Se detiene en Alcibíades,
debido a que es quien rompe todas las reglas, viene tarde, borracho y no
hará un discurso teórico sino que hablará de su amor por Sócrates y de
cómo este lo ha rechazado. Sabemos que entre los griegos, el amor
homosexual era considerado el más puro, porque no implicaba ningún
objetivo de procreación. Lacan a su vez, considera que este amor por los
hermosos jóvenes, simplifica las cosas que suelen ser tan complejas cuando
se trata del encuentro con el otro sexo. El amor homosexual queda más del
lado de lo sublimatorio y del amor cortés, temas trabajados el año anterior en
La Ética. Lo que no quita, nos aclara, que estemos hablando de perversión
en el sentido estructural, pero no es lo que le interesa sino su articulación
con la cultura: “la perversión produce elementos que agitan la sociedad y la
neurosis favoreciendo la creación de nuevos elementos de cultura”.
Subrayando que no hay creación posible sin transgresión. Con Alcibíades,
“nos encontramos en presencia de alguien que no puede dejar de provocar…
opinión”, por esto interesa su discurso que es el que fundamenta la
conceptualización de la transferencia. Ese amor no correspondido, tal como
Lacan puntúa en el primer capítulo respecto de la disparidad de la escena
analítica, agregando que “el psicoanálisis es la única praxis en la cual el
encanto es un inconveniente”. Y como bien sabemos no hay amor en lo
social sin encanto.
Tenemos, entonces una escena, es decir un dispositivo. Unas reglas de
juego para la escena donde uno habla y otro escucha. Lo digo en singular
porque si bien hay muchos invitados al banquete, el que escucha, en sentido
lacaniano, es Sócrates. Es lo que a Lacan le lleva a leer El Banquete como
una sesión psicoanalítica, donde cada uno de los discursos es sucesión del
otro, al modo asociativo.
Alrededor de la mesa están sentados, de izquierda a derecha, Sócrates, el
filósofo; Agatón, el poeta trágico; Erixímaco, el médico; Aristófanes, el
hombre de teatro; Pausanias, amador (erastés) de Agatón, portavoz del
discurso religioso. Luego están sentados otros invitados cuyos discursos han
sido olvidados y llegamos al primero de la derecha que es Fedro, también
con un discurso teológico pero dicho desde la posición de erómenos, de
amado. Estos son seis de los siete oradores. El séptimo no está en la cena.
Se trata de Alcibíades, comandante y político, de una elocuente belleza y
!5aristocrática cuna. Así, los discursos serán siete. Y coloco los oficios u
ocupaciones de algunos de ellos para mostrar que Platón no pone a
cualquiera a hablar, sino que son representantes de determinada clase
social, de poder no sólo económico sino intelectual.
Y es justamente a Alcibíades a quien Platón le había dedicado otro de sus
diálogos, Alcibíades o de la naturaleza del hombre, centrado en la cuestión
de la ambición, de la conquista del poder. Sócrates en este diálogo hace
reflexionar a Alcibíades sobre el tema de las dos ignorancias, la de aquél que
no sabe -lugar donde se coloca el mismo Sócrates- y la posición del
presuntuoso que cree saber lo que realmente no sabe. Es esta la posición
del joven Alcibíades, quien representa la pasión y el ímpetu de todo joven
ambicioso, en aquellos tiempos.
Comienza la serie de El Banquete. Se trata de hacer un elogio del amor.
Hablan uno tras otro. Para Fedro es cosa divina, el amor es un dios.
Pausanias, matizará el tema hablando de dos diosas, una vulgar, que atañe
al cuerpo y otra divina, diosa del alma. Erixímaco, el médico, “colega de
alguno de vosotros” -dice Lacan- será la voz de la ciencia. Mientras
Aristófanes dará la versión humana del amor, el deseo de encontrar lo que
nos falta, la mítica mitad pedida. Con Agatón, el anfitrión, el poeta, juegan las
palabras, lucen la retórica y los sofismas. Socrates, que se supone cerrará
los discursos, lejos de plantearse hacer un elogio del amor, abordará la
verdad a su manera y a través de la voz de una mujer, Diotima, que sabe de
amor. En este punto también coincide con Lacan que doce años más tarde,
en Encore, dirá que se ama desde la posición femenina. Porque las mujeres
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aman las palabras, como el loro de Picasso .
Y sobre esta elección aclara que “hace hablar a una mujer ¿No ven en eso
que el supremo homenaje vuelve, incluso en la boca de Sócrates, a la
mujer?” Cuando ya todos alababan el discurso final de Sócrates…
súbitamente unos golpes en la puerta del patio. Sorprende la entrada de
Alcibíades, que a su vez se sorprende de encontrar a Sócrates allí. Lacan
dice que que con Alcibíades entra la vida, y a nosotros nos toca comprender
qué sentido hay justamente en ese discurso. Sobre esto trabajaremos este
curso, dedicándole a cada ponencia del symposium un tiempo particular,
clase a clase.
Lacan termina el segundo capítulo del seminario recordando dos cosas que
él ya había dicho antes sobre el amor. La primera es que el amor es un
sentimiento cómico, y en El Banquete podremos volver a algo que es
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Aún. Seminario XX, dictado en 1972-73. Ed. Paidós, Barcelona-Bs. As. 1981.
!6esencial, la verdadera naturaleza de la comedia. Es justamente por este
tema que se puede entender que Aristófanes, enemigo de Sócrates, esté
presente en esta escena. Hacía falta alguien que supiese de comedia.
Recordemos entonces que Las nubes, Las Ranas o Lisístrata, son algunas
de sus once comedias.
La segunda cuestión, Lacan la plantea como algo que nos servirá de guía,
“el amor es dar lo que no se tiene”. La cuestión sería poder saber si lo que el
amado tiene es algo de lo que el amante carece. Momento en que Lacan, en
las últimas frases de la segunda clase vuelve al comienzo de lo que dijo en la
primera reunión, la cuestión de la disparidad:
“…del momento de la conjunción del deseo con su objeto en tanto que
inadecuado, debe surgir esta significación que se llama amor”.
Barcelona, agosto de 2015
Laura Kait
laukait13@gmail.com
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