Advertencia: Este escrito corresponde a la exposición que el

lunes16 de noviembre hice en el Seminario de Umbral “El

psicoanálisis y sus psicoanalistas”; en el que me tocó ocuparme de

las Lecciones del 14 y 21 de diciembre de 1960 del Seminario sobre

La Transferencia impartido por Lacan en ese año. En consecuencia

se trata de unas notas mínimamente revisadas sin ninguna otra

intención que la de que los colegas que asistieron ese lunes -así

como los que no pudieron asistir- dispongan de ellas en el mismo

tono más o menos coloquial que utilicé entonces.

Lo que allí pueda haber suscitado duda o discusión se encontrará

aquí en el mismo estado y sin posterior elaboración. He tomado sin

embargo la precaución de utilizar otro tipo de letra para reproducir

los tramos de la exposición que respondían más a asociaciones o

propuestas mías que a comentarios ceñidos a los textos (se

encontrarán en tipología Century y letra inclinada)

Eduardo Mardarás, noviembre 2015

Como es sabido las dos lecciones de Lacan de las que aquí nos

ocuparemos corresponden respectivamente a los discursos de

Erixímaco y Aristófanes en El Banquete de Platón. Las fuentes que

consulté fueron el Seminario La transferencia en edición Paidós

2003 y texto establecido por Jacques Alain Miller en traducción de

Enric Berenguer y la versión en francés “Stécriture” de ese mismo

Seminario en el sitio de la ELP

El Banquete lo releí en traducción de Victoria Juliá, Ediciones

Losada 2004 y lo fui contrastando con la versión de Edu. Mec

(biblioteca digital del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay)

También tomé algunas referencias del artículo “La transferencia es

algo que pone en tela de juicio el amor” Jesús Mansilla; Acte Nº 56

de julio 2005 del Ateneo de clínica psicoanalítica de Catalunya,

Formaciones clínicas del Campo Freudiano

12

Por curiosidad y de forma más bien lúdica visioné en internet la

película dirigida en 1988 por Marco Ferreri con Irene Papas y

Philippe Leotard. La empresa de volcar El Banquete al lenguaje

cinematográfico es sin duda osada y en este caso el resultado es -a

mi juicio- por lo menos interesante.

Planteamiento

La primera cosa que Lacan hace al comenzar la Lección del 14 de

diciembre que versa sobre el discurso de Erixímaco es remitir al

texto de Platón y a la lectura que cada uno pueda hacer de dicho

texto. Llega a decir incluso que si en dicha lectura estamos influidos

por la suya, eso es mejor que no leerlo. De lo que se desprende

que no es lo mejor. También es cierto que advierte que no

perdamos de vista la cuestión de la transferencia.

Yo he tratado de seguir ese camino: leer los discursos de Erixímaco

y Aristófanes sin volver antes a la lectura de La Transferencia que

hacía varios años que no realizaba y, acto seguido, ver que es lo

que Lacan dijo sobre cada uno de esos discursos.

Lo que transmitiré hoy aquí resulta de ese ejercicio; por

consiguiente haré en cada caso un comentario de la lectura virgen

de cada discurso y a continuación un comentario de la lectura que

hace Lacan.

Naturalmente no se puede hacer una lectura totalmente virgen

porque sobre ella pesa todo el après Lacan; o sea todo el après

coup del Lacan y el psicoanálisis leído y experimentado a lo largo

de los años. No obstante me pareció que podía ser interesante esta

especie de confrontación que sin duda tendrá resultados distintos

para cada colega que la haga.

Aunque disponemos de un tiempo limitado yo propondré que, si

acabado lo dedicado a Erixímaco ustedes quisieran hacer alguna

intervención la hagan con el fin de que luego nos quede un tiempo

limpio para Aristófanes

En cuanto a la transferencia y antes de comenzar a ocuparse

específicamente del discurso de Erixímaco Lacan apunta dos o tres

cosas:

23

a) el papel del “supuesto al saber” en su surgimiento; y la

acotación hecha como al pasar pero mucho más evidente en la

versión francesa de que al que en el fondo se le supone un saber o

una ciencia es al inconsciente, aunque el sujeto no tenga la menor

idea de ello. Esto dejaría en un terreno intermedio la cuestión de si

el saber le es supuesto al analista por el paciente o al paciente por

el analista al enunciarle la regla fundamental

b) el carácter profundamente inconsciente de la misma;

aunque el analizante –agrego yo- pueda tener de ella una cierta

vivencia emocional

c) su similitud con el amor, aunque “lo pone en tela de juicio”

porque introduce la ambivalencia amor-odio. Esto último, como

se verá, está de algún modo en el discurso de Erixímaco que nos

ocupa

Y por último- el trayecto al que la transferencia sirve de

soporte “el sujeto que parte al encuentro de lo que tiene y no

conoce y lo que va a encontrar es aquello que le falta”.

Entendiendo por esto último la emergencia del deseo en

cuanto tal.

Ese es el pie que utiliza para decir porqué eligió El Banquete:

por ser el texto en el que se agita de forma más vibrante este

surgimiento del deseo a la realidad. Pero marca como punto

álgido la escena Alcibíades-Sócrates (y en parte también el

discurso de Alcibíades).

Quizás podrían verse todos los discursos del Banquete como

“caras” (fantasmas) de la transferencia que sólo se muestra de

pleno en “la escena” final y en parte en el discurso de Alcibíades

que la acompaña. Yo acentuaría lo de “la escena” no sólo por lo

ruidosa que es en El Banquete, sino por su carácter de acto o más

específicamente de acting-out

A partir de aquí Lacan entre en el discurso de…

Erixímaco.

Tal como anuncié haré previamente un comentario de dicho

discurso:

Erixímaco se apoya en el discurso anterior de Pausanias para

retomar la dualidad de Eros y tras decir que dicha dualidad es

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omnipresente toma su voz de médico para situarla en el cuerpo.

Entre las cosas sugerentes que dice sobre la labor del médico está:

“…es preciso sin duda que sea capaz de hacer amistosas a las

cosas más hostiles que hay en el cuerpo y lograr que se deseen

unas a otras”

Por detrás del aliento poético que le insufla a la descripción de esta

dualidad en el cuerpo es casi imposible para nosotros no estar oyendo

hablar de la pulsión de vida y la pulsión de muerte.

Erixímaco se expresa en términos de sano y enfermo pero también

de repleción y vacuidad y uno puede leer en términos del agujero y lo

que rellena los bordes del agujero. Uno puede “ver” el Toro.

A partir de eso hace una relación no exhaustiva de opuestos y

contrarios (como lo frio y lo caliente) y oscila también su discurso

en una ambivalencia:

Por un lado parece que la función del médico fuera ayudar a

instalar el amor bello y erradicar el amor vergonzoso; pero

inmediatamente después afirma que se trata de armonizar esos

opuestos con toda la dificultad que ello implica. Y lo cierto es que

se hace un lío digno de un obsesivo con la cuestión de si puede o

no concordar lo discordante. Entonces echa mano de la música en

la que el concepto de armonía le permite expresar mejor esa idea

de la articulación y la proporción entre ambos Eros; dice:

cuando sea preciso, en relación con los hombres, usar el ritmo y la

armonía, ya sea componiéndolos, lo que llaman precisamente

composición melódica, ya sea utilizando correctamente melodías y

metros ya compuestos, lo que se llama justamente educación,

entonces sí que es difícil y se precisa de un buen profesional.

Lamento no tener acceso al griego clásico para precisar un poco más esta

traducción que no es idéntica en las dos versiones consultadas; puesto que

si bien resulta claro el uso de melodías y metros armónicos en la

educación, no puede afirmarse categóricamente que el “componiéndolos”

se refiera a también los hombres. En tal caso estaríamos en la labor

médica que extrapolada a la psicoanalítica vendría a resaltar la

importancia de la métrica y las escansiones en las intervenciones del

analista. Un poco abruptamente Erixímaco cierra esa parte de su

argumentación diciendo: “Una vez más, aparece, pues, la misma

argumentación: que a los hombres ordenados y a los que aún no lo

son, para que lleguen a serlo, hay que complacerles y preservar su

amor”. No es imposible oír esto en términos de hacer semblante y sostener

la demanda.

45

Continúa Erixímaco: “Y éste es el Eros hermoso, el celeste, el de la

musa Urania. En cambio, el de Polimnia es el vulgar, que debe

aplicarse cautelosamente a quienes uno lo aplique, para cosechar

el placer que tiene y no provoque ningún exceso, de la misma

manera que en nuestra profesión es de mucha importancia hacer

buen empleo de los apetitos relativos al arte culinario, de suerte que

se disfrute del placer sin enfermedad.”

Es también aquí posible sentir la resonancia d algo que se refiere a la

modulación del goce.

Una de las últimas cosas enunciadas por Erixímaco es la presencia

de Eros –con su dualidad y su armonización- más allá del

comportamiento humano; y lo ejemplifica con las estaciones del

año, las pestes, las plagas. Otorga a Eros “un poder total” sobre

los fenómenos del Universo. Nosotros podríamos decir que apunta a

una dimensión de la libido inscrita en lo real

Pero veamos ahora lo que leyó Lacan:

De entrada se detiene en el hecho de que E. sea médico y en al

peso que su discurso adquiere por esa razón en el contexto

socrático.

De inmediato pasa a subrayar cómo el discurso de E. comienza

desacreditando la parte final del de Pausanias. Hay que entender

entonces un desacuerdo de E. (y del resto de los participantes) con

esa conclusión de Pausanias en la que distingue entre el amor de la

Diosa Celeste orientado a la virtud y a la sabiduría y el amor de la

otra Diosa la vulgar.

Lacan dice que sorprende un poco la anuencia de todos en que ese

final de discurso sea tan malo; pero agrega “tan acostumbrados

estamos a oír esta clase de necedades sobre el amor” Y aquí

aprovecha para hacer un apunte sobre “el tono” del discurso de

Pausanias (¿Cuántas veces invoca a los Dioses para que el tono se

sostenga…?) Yo leo esta referencia al “tono” como un llamar la atención

sobre la enunciación en relación con el enunciado; un poco más adelante

volverá a referirse al tono del discurso y a la importancia de la percepción

de consonancias

Pasa entonces a tratar de situar la escuela de medicina a la que

pertenecería Erixímaco e infiere que se trata de la escuela de los

alcmeódinas coetánea de los pitagóricos, en la cual ocupa un lugar

relevante la noción de armonía. Pero señala que no está resuelto

en qué consiste la esencia y la substancia de esta armonía que

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resulta tan problemática como hasta el día de hoy la idea de salud.

Señala cómo esta noción es tomada en préstamo por Erixímaco del

dominio musical al cual califica como “la forma pitagórica por

excelencia”

Cualquiera sea la forma de la salud a la que aspiremos habrá

siempre en su interior efectos paradójicos que en la música se

resuelven por la concordancia de los tonos. Y aquí resalta lo

importante de la apreciación de consonancias (yo diría también de

disonancias) y hace una referencia al oído, mencionado “de paso

pero no porque sí”. En mi opinión está aludiendo al oído analítico

Para tener una idea más cabal sobre lo que circula por la mente de

los personajes del Banquete y sobre lo que quiere decir E.

(“creatividad mental sobreabundante de los siglos VI y V del

helenismo”), Lacan recomienda la lectura de “La sabiduría de

occidente” de Bertrand Russell. Pero esto apunta sobre todo a

llamar nuestra atención sobre que “la armonía oculta algo en su

seno” y ese algo es el conflicto del cual surge. En esto Erixímaco –

dice Lacan- estaría adelantándose varios siglos a Freud.

Esta lucha de fuerzas nos colocaría en el plano de la física de las

pulsiones. Ahí se detiene en la frase de Erixímaco “la medicina es la

ciencia de las eróticas del cuerpo” señalándola como la mejor de las

definiciones del psicoanálisis.

Señala a continuación lo de lo repleto y lo vacío a lo que Erixímaco

se refiere, considerándola una intuición topológica a destacar en el

discurso socrático. No olvidemos que en el Seminario del año siguiente

(el de la Identificación) Lacan entrará de lleno en la topología y dedicará

al toro -al cual me referí antes- varias lecciones.

Amplía esta referencia a lo lleno y lo vacío remitiéndonos al

comienzo de la obra cuando Sócrates ironiza a Agatón la idea de

que la sabiduría se podría transmitir por vasos comunicantes. Sin

embargo nosotros podríamos reconocer en ello una de las formas o

fantasmas de la transferencia. Y yo me atrevería a decir que -con mucha

más elaboración- es una idea no del todo ausente en la operación del pase.

Lacan señala también una cierta parcialidad en el discurso de

Erixímaco que no acaba de sostener el principio heraclitiano de que

la unidad se compone oponiéndose a sí misma (como en la imagen

del arco y la flecha) y que le antepone, cuando de armonía se trata,

la mesura y la proporción. De este modo pierde fuerza la noción del

conflicto como creador en sí mismo; cosa con la que Lacan no sólo

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no parece estar de acuerdo sino que dice sorprenderse ante este

pasaje de Platón

A mí me sorprende que él se sorprenda de esto en Platón y que no

considere lo que de “reprimido” hay en el idealismo platónico. Tal como

nos lo recuerda Jesús Mansilla para los griegos de entonces Armonía era

hija de Ares y de Afrodita cuyo ideal de belleza se expresaba en las 4

inscripciones del muro del templo de Delphos: “lo más exacto es lo más

bello”, “respeta el límite”, “odia la hybris” y “de nada demasiado”

Sin embargo casi de inmediato Lacan modula su supuesta sorpresa

y traza -recurriendo a lo que Sócrates dice sobre la armonía en El

Fedón- su hipótesis de que todo El Banquete está jugado en el

registro de lo cómico (entiéndase lo irónico y caricaturesco). No

habría entonces que pensar que Platón sostiene lo que dicen los

diferentes personajes sino que lo refleja con ironía. Por cierto que

este carácter de comedia está muy bien captado y plasmado en el film de

Marco Ferreri al que antes me referí.

Por último va a referirse al lugar que Erixímaco da lo cósmico en el

amor, tal y como yo lo había anticipado más arriba; dice: “…esto

nos devuelve a un contexto en el que se pueden emplear las

nociones que promuevo ante ustedes como aquellas categorías

radicales a las que estamos obligados a recurrir para plantear , a

cerca del análisis, un discurso válido, o sea, lo imaginario, lo

simbólico y lo real” (el énfasis es mío)

Aristófanes

Haré aquí el mismo recorrido: primero una pasada por el texto

original y algún apunte sobre lo que me sugiere y luego lo que

Lacan dijo al respecto.

Este discurso a mí me parece deslumbrante y repleto de meandros

y circunloquios. Trataré de no extenderme demasiado.

Aristófanes comienza con una cierta burla al discurso de Erixímaco

sirviéndose de lo del estornudo como forma de cortar el hipo e

introduce de inmediato que lo que va a decir puede que no sea del

orden de lo risible sino del orden de lo ridículo. Esta advertencia

merece alguna atención puesto que la diferencia entre risible y ridículo es

muy sutil; etimológicamente ridículo es lo que causa risa, pero con la

particularidad de que es algo pequeño y extravagante, sin demasiada

importancia. Pero más adelante -y ya dela mano de Lacan- veremos

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también cómo la cuestión puede resultar risible si centra uno en su

contenido (enunciado) y ridícula si la atención se pone en quien la enuncia

(enunciación)

Introduce entonces el mito de los tres sexos como si se tratara de

una evolución filogenética: varón-hembra y el andrógino (nótese que

no lo llama hermafrodita sino andrógino) y pasa a describir con lujo de

detalles la morfología de este tercer sexo desaparecido: esférico,

cuatro brazos y cuatro piernas, dos rostros, dos partes pudendas

Para nosotros es difícil no pensar por lo menos en términos de “lo tengo

pero no lo soy”, “lo soy pero no lo tengo” y “lo tengo y lo soy”

Sigue Aristófanes describiendo las cualidades del andrógino, su

velocidad de desplazamiento, su vigor y su fuerza que dan lugar a

una particular arrogancia que será castigada por Zeus. Aquí podemos

asociar con la arrogancia de la perversión o del “lo soy y lo tengo” y con

las reacciones que suscita.

Será la pretensión de divinidad del andrógino lo que llevará a Zeus

a realizar una primera operación en la que los parte por la mitad

(como se puede deducir de lo que dirá más adelante, no sólo los

andróginos son objeto de esta división, sino que en la redada caen

también varones y hembras. Claramente en el orden de lo cómico

está la reflexión sobre el incremento de población que de paso

obtiene Zeus de este modo. Advierte además que si siguen

envalentonados volverá a cortarlos por la mitad y los dejará cojos

andando sobre una sola pata. Esta otra operación no llega a producirse

en el discurso de Aristófanes; sin embargo no es difícil asociarla con la

castración. Primero la pérdida de la esfericidad, luego la amenaza de

perder lo que viene a colocarse en el agujero de esa pérdida.

Pero sí que hay una segunda operación, porque el resultado de la

primera a pesar del trabajo encargado a Apolo quien por otra parte

deja el ombligo como cicatriz de ese corte (y aquí sí que resulta

evidente la primera operación como salida de la esfera o si se me permite

trauma de nacimiento, con el ombligo como marca de la pérdida en ser)

deja a estos nuevos seres con las partes pudendas “puestas hacia

el exterior”, es decir que no podían copular y en su ansiedad de

unirse se entrelazaban y morían de inanición por no querer hacer

nada que no fuera estar el uno con el otro. Es bastante sorprendente

esta figura de “amor ciego”, de fusión, sin mediación del acto sexual como

respiro y que lleva a la muerte por simbiosis.

89

Zeus se compadece de esto y toma nuevamente el bisturí para

poner las partes pudendas por delante. De este modo si en esa

búsqueda de la otra mitad daba varón con mujer podían engendrar

y si daba varón con varón se producía al menos cierta saciedad y

descansaban del contacto por un tiempo pudiendo dedicarse a

actividades productivas. Sorprendente también resulta la idea del coito

como portador de una cierta saciedad que abre camino a lo reproductivo o

a lo productivo. No es difícil leer tras ella que “la relación sexual no

existe”.

Procede a continuación a hacer una especie de clasificación de los

resultados, una especie de análisis combinatorio: varones

resultantes de la división de andróginos son filóginos y adúlteros;

mujeres resultantes de esa misma división aman a varones y son

adúlteras Esto correspondería para ambos sexos a la inscripción en la

heterosexualidad y es curioso como el adulterio aparece como atributo

inherente.

Las mujeres que son sección de mujer, buscarán a la compañera. Y

dedica una extensa y elogiosa descripción a los varones sección de

varón, a los que entre otras cosas considera cabales para los

asuntos políticos.

De esta alineación sexual enuncia experiencias maravillosas en

amistad, intimidad y eros y la identifica como aquella en la que la

vocación de re-unión es más intensa. Uno se pregunta de dónde puede

provenir el carácter elevado (casi espiritual) que da a la homosexualidad

masculina. Una respuesta posible sería que en ella la no existencia de

relación sexual es casi insoslayable en consecuencia o se desencadena

una búsqueda compulsiva que se orienta hacia la promiscuidad (tantas

veces vista en analizantes homosexuales) o se produce este otro fenómeno

de re/unión o co/munión que describe Aristófanes y que les propone

Hefestos.

Aristófanes acaba su discurso volviendo sobre la necesidad de ser

considerados con los dioses para que no se produzca esa otra

escisión con la que amenazó Zeus y que nos dejaría aserrados por

la nariz en dos tablas. Una cierta humildad ante lo divino (o sea ante lo

real) que evitaría una castración traumática. Dice: “porque si llegamos

a ser amigos del dios (eros) y nos reconciliamos con él,

descubriremos y encontraremos a nuestros propios amados, cosa

que logran muy pocos de nuestros contemporáneos”… …” estoy

hablando de todos los humanos absolutamente, tanto varones

910

como mujeres”. Lo que en lo imaginario correspondería a la esfera, en lo

simbólico correspondería al no hay Uno, pero hay algo que hace Uno

Lo que dijo Lacan

Antes de entrar en lo que es propiamente el discurso de Aristófanes

Lacan reconoce que lo que ha venido desarrollando puede parecer

que no tenga mucha relación con la transferencia y advierte que

ahora alcanzará el punto más bajo de esa elipse.

Dedica entonces toda la primera parte de esta clase a situar El

Banquete en lo que es el pensamiento de esa época y en especial

el de Sócrates y el de Platón. Por una parte nos lo enmarca en una

corriente filosófico-científica que arranca en el siglo VI caracterizada

por el intento de que el universo entre en el orden del significante; el

discurso apunta expresamente al universo, a tornarlo discursivo.

Platón no escapa a esto y su obra intenta ingenuamente asir lo real

por el discurso.

Lo que está en juego es “la Cosa” la realidad última a la cual el

pensamiento se enfrenta y de la cual depende. Lo que Platón

considera la finalidad de la operación dialéctica: LA PRAXIS, no es

sino una forma de hacer con la Cosa.

Pero éste no sería el caso de Sócrates de quien Lacan nos dice que

toma al discurso no como revelador de verdad alguna sino como

generador de la dimensión de verdad; el discurso socrático de la

episteme o de la ciencia obtiene la certidumbre de su propia

estructura. En tal sentido Sócrates sería un súpersofista; pero algo

más debe de ser -nos dice- para haber engendrado lo que

engendró.

A partir de ahí desarrolla todo un análisis de la personalidad de

Sócrates y de su producción en el que la atopía es clave.

Sócrates es un fuera de lugar, eso le permite dejar lo real para los

dioses, tener una especial relación con la muerte, incluso con su

propia muerte; no hacerse resonante de la tragedia y desarrollar un

saber que es saber del discurso. Yo diría obtener la más grande de las

fecundidades del registro lo simbólico.

En Sócrates no hay “ningún garante de la palabra del Otro sino esa

misma palabra”

Platón es muy distinto –nos dice Lacan- , es un dandi que aspira

con su praxis a asir la Cosa; sus escritos están dirigidos hacia

afuera y destinados a burlarse o ironizar de lo que sus personajes

dicen. ¿Qué es entonces lo que lo hace admirador (porque ni

siquiera es discípulo) de Sócrates? Según Lacan la transferencia;

del mismo modo que es la transferencia lo que hace que el deseo

1011

cristiano se reconozca en Platón cuando el primero apunta a la

resurrección de los cuerpos y Platón a la disolución de estos.

Malentendidos y contradicciones; ni Platón podría comulgar con

Sócrates, ni el cristianismo con Platón a no ser por la transferencia

que y aquí viene la sorpresa con la que he dado título a estas notas- no

se asienta tanto sobre el amor como sobre la adoración al Verbo.

Recordemos aquí lo que en la primera sesión de este Seminario se comentó

sobre Apolodoro al principio de todo diciendo “Cuando hago yo mismo

discursos filosóficos o cuando se los oigo a otros, aparte de creer que saco

provecho, también yo disfruto enormemente” y la relación de esto con la

pulsión invocante

El amor no tendría en todo esto más que una participación

instantánea ¿quizás de puesta en marcha?; pero la transferencia se

mantiene más allá de eso.

A mi entender es a esto a lo que Lacan se refiere cuando antes dice que la

transferencia pone en tela de juicio al amor (en el original es “met en

cause l’amour” y la traducción “pone en tela de juicio” no es, creo, la

mejor; pues de lo que se trata es de que la transferencia requiere del amor

como testimonio, pero no se agota allí. Otra cosa es el amor de

transferencia cuya caída puede darse sobre el final del análisis o incluso

bastante antes. Pero la transferencia persiste como transferencia al

análisis (de eso intenta dar cuenta el pase) o en un sentido más amplio

como transferencia al Verbo.

Todo esto lleva a Lacan a decir que la forma última de unión con La

Cosa no hay que buscarla en la efusión amorosa y que es eso lo

que hace que Aristófanes (como bufón) sea el único que habla

convenientemente del amor en El Banquete.

En cuanto al discurso de Aristófanes propiamente dicho Lacan

resaltará que siendo un poeta bastante obsceno y procaz es sin

embargo a quien Platón hace decir las mejores cosas sobre el

amor. Y la primera de esas “mejores cosas” que cita es la

localización del goce amoroso más allá del goce sexual, muy

explícita en la propuesta de Hefestos. Cabe señalar que en este

punto Lacan está disconforme con la traducción “la comunidad del

goce amoroso” y da por mucho mejor la de León Robin en La

Pléyade: “compartir el goce sensual” ( y no sexual como aparece en

la edición de Paidós)

También hay un señalamiento del hecho de que sea éste discurso

el único en el que se habla de los genitales.

1112

La unión deseada va más allá de la muerte y es en tal sentido que

resulta extraña para la época y similar a lo que propugna el

romanticismo tantos siglos después. Pero todo esto está

presentado en forma grotesca risible o ridícula según el acento se

ponga en el enunciado o en la enunciación. Platón recurre a lo

cómico a lo payasesco para decir algo que quizás de otra manera

no podría ser oído.

Toda la última parte de esta Lección está dedicada a la esfera y su

corte. Casi como al pasar y apoyándose en una coma que parece

ser que Robin introdujo en su traducción del texto, nos dice que lo

más importante no es la esfera sino el corte. Hace una pulcra

ilustración del encanto que la esfera ejerce sobre sus víctimas, de

la filia que tiene sobre el espíritu; paseándonos por la astronomía

(Copérnico, Galileo, Kepler) en la que entre otras cosas se ve

cuánto tardó en descubrirse la elipse allí donde el imaginario ponía

una esfera. También remite al Timeo de Platón donde la esfera tiene

todo hacia adentro y se ama a sí misma.

Las esferas de Aristófanes, con brazos, piernas y genitales, serían

una burla (una irrisión) de ese imaginario que encontramos en el

Timeo de Platón.

La referencia a la astronomía la toma Lacan del discurso mismo de

Aristófanes en el que dice que los machos provienen del Sol, las

hembras de la Tierra y los andróginos de la Luna. En ese punto

recoge lo de la tendencia al adulterio propia de varones y mujeres

resultantes de la división de andróginos y -pareciera que citando a

Aristófanes, aunque yo no lo encontré exactamente así en ninguno

los dos textos con los que me manejé –dice “porque éste no

consiste sino en tener un origen compuesto”. Este apunte daría para

pensar en los términos del componente de búsqueda homosexual del

adulterio -tal como se interpreta, por ejemplo , el comportamiento del

Tenorio- y también en su aspecto “lunático”

Por último recoge la segunda intervención quirúrgica, la del paso de

los genitales a la cara anterior, no tanto como dando la posibilidad

de cópula aliviadora (que es como Aristófanes la presenta) sino

poniendo el acento en lo que en eso hay de sobreimpresión o de

sobreimposición del órgano. Allí donde no había y un poco más abajo

del ombligo se sobreimprimen los genitales, se coloca el falo, sea en su

versión phi o menos phi.

Con esto vuelve a insistir sobre lo cómico y su relación con lo

fálico. Éste es el único discurso -dice- en el que se habla de los

1213

genitales y es el discurso de un bufón. Por otra parte nosotros

sabemos que lo cómico es el falo en estado fláccido.

Lacan afirma al finalizar esta Lección que lo que Platón no sabe es

que haciendo hablar del falo a Aristófanes nos da la clave que hará

bascular hacia otro lado todo el resto del discurso.

¿Hacia qué lado? y ¿por qué Platón no lo sabe?; son preguntas que

podemos intentar responder ahora o que responderán los colegas que se

ocupen de las próximas Lecciones

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Umbral
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