En psicoanálisis, la mentira tiene un valor que contrasta con la inmediata patologización

que de ella hace la psiquiatría, puesto que el lazo entre mentira y lenguaje es

indisociable. Ciertos estilos fabulatorios en niños y adolescentes nos hablan, más que de

un delirio, de un “deseo de decir”, como lo expresa Jorge Jinkis. Trataremos de pensar

el tema de las mentiras, la mitomanía, la “pseudología fantástica”, como lo llamaba

Hélène Deutsch, en relación al sujeto adolescente.

Sugiero consultar los siguientes textos:

Abraham, K. «La historia de un impostor a la luz del conocimiento

psicoanalítico» (1925). En «Estudios sobre psicoanálisis y psiquiatría». Editorial Hormé,

Buenos Aires, 1961.

Deutsch, H. (1818-1830) – Ed. Seuil, París, 2000.

“Les Introuvables d’Hélène Deutsch. Cas cliniques et autoanalyse

Freud, S- “La proton pseudos histérica”- En “Proyecto de una Psicología para

neurólogos”- O.C. Tomo I, Ed. Amorrortu, Bs. As. 1986.

Freud, S. “La indagatoria forense y el psicoanálisis”- O.C. Tomo IX, Ed. Amorrortu, Bs.

As. 1979.

Freud, S. “Dos mentiras infantiles”- O.C.,Tomo XII, Ed. Amorrortu, Bs. As. 1986.

Jinkis, J. “Hélène Deutsch, un deseo de decir”, en Conjetural 48. Revista Psicoanalítica,

Buenos Aires, Ediciones sitio, 2008.

M’Uzan, M. “La trayectoria de la mentira”. En “La boca del inconsciente”, Ed.

Amorrortu, Bs. As. 1995.

Sami Ali, M. “Lo visual y lo táctil. Ensayo sobre la psicosis y la alergia- Ed. Amorrortu,

Bs. As. 1988.

Tausk, V. “Acerca de la génesis del aparato de influir en el curso de la esquizofrenia”

Archivo electrónico: http://www.indepsi.cl/indepsi/Servicios%20Indepsi/arti-tausk.htm

Por Laura Frucella

PRESENTACION CLÍNICAPresentaré el caso de Y, jovencita de 14 años, que llega a consulta a través de un pedido

de los adultos de su entorno, al no poder diferenciar entre sus relatos y los hechos

ocurridos efectivamente. Lo que relata produce grandes consecuencias para ella y su

familia: la internación de su madre y de sus hermanos provisionalmente en centros de

acogida y la actual permanencia de Y en un centro.

El presente caso no solo nos confronta con problemática de una adolescencia virulenta y

la reactualización de conflictos edípicos, sino fundamentalmente con la problemática

del des-encuentro entre culturas, los duelos no resueltos y los mitos familiares que

producen efectos en la subjetividad de Y. La importancia de la escucha analítica ha sido

fundamental para encaminar a diferentes profesionales en el abordaje terapéutico de Y

y su familia.

Por Alicia García Fernández

PRESENTACION TEORICA: SOBRE LA MENTIRA EN PSICOANALISIS

Laura Frucella

En psicoanálisis, no podemos disociar la cuestión de la mentira, del lenguaje y la

constitución del sujeto en su seno. Habría múltiples vías por las cuales abordar la tríada

verdad, mentira, ficción, en donde la ficción haría de bisagra entre ambas. La verdad es

un tema que históricamente ha sido patrimonio de la filosofía, y Lacan le da un nuevo

estatuto al afirmar que la verdad tiene estructura de ficción, y también señalar la

disyunción entre saber y verdad.

Pero ahora haré un recorrido acotado que nos ayude a pensar la mentira ya sea como

síntoma, como defensa o como formación del inconsciente, y su función estructurante

en la constitución psíquica.

Primera referencia ineludible: la proton pseudos histérica, primera mentira histérica.

Recordemos que en este apartado del Proyecto de una Psicología para neurólogos,

Freud halla la explicación del síntoma de su paciente Emma -la fobia ante la

perspectiva de ir sola a una tienda- por la relación entre dos escenas. Una, que puede

tratarse como escena encubridora, mentirosa –la de dos empleados que supuestamente

ríen de sus vestidos cuando ella va a una tienda- y la que está detrás, recordada en

análisis: una situación hacia los ocho años, en la cual el pastelero pellizca sus genitales

por debajo de los vestidos, y ríe. La risa masculina es el elemento que se mantiene de

una escena a la otra, y los vestidos son precisamente el elemento encubridor, pues no se

trata de vestidos precisamente sino de lo que cubre, es decir, los genitales. Recordemos

a propósito el término Einkleidung – prenda, vestido – usado por Freud para hablar de

la “vestidura formal” del síntoma.Freud habla de proton pseudos aludiendo a Aristóteles, que indica que a partir de una

premisa falsa sólo se puede llegar a una conclusión falsa. El síntoma es, entonces, una

conclusión engañosa a partir de una premisa engañosa, una defensa original para no

saber nada de aquel mal encuentro con el goce.

Respecto de esto, Lacan, en la clase 6 del Seminario de la ética, dice: “La dirección de

la verdad (la excitación sexual que acompañó a la escena infantil reprimida) es indicada

bajo una cobertura, bajo la Vorstellung mentirosa de la vestimenta». En el Seminario 16

Lacan llama a la proton pseudos, “mentira soberana”.

Freud encuentra que también el sueño puede mentir cuando descubre que su paciente,

la joven homosexual, sueña para engañarlo –tiene sueños donde muestra el anhelo de

un marido e hijos-. Pero, claro está, el sueño no es el inconsciente sino la vía regia al

inconsciente, y justamente permite a una verdad abrirse paso a través de la

“deformación onírica”. Sin embargo, de los sueños de la joven homosexual puede

despejarse su deseo de engañar al padre –era un plan de ella casarse para que su padre

no la molestara más, y simultáneamente seguir con su inclinación hacia las mujeres –.

Al mismo tiempo, estos sueños conseguirían engañar a Freud y obtener su amor,

demostrando ser una paciente dócil.

Vemos aquí que lo engañoso no es el sueño en sí mismo sino el modo en que un sujeto

se dirige al Otro, en todo caso, en el relato del sueño. La mentira cobra valor en ese

contexto.

En Dos mentiras infantiles (1913), Freud presenta dos viñetas clínicas de pacientes

mujeres en las que ciertas mentiras dichas en la infancia dejaron una marca que aún

subsiste y, tras su análisis, es posible encontrar algo en común: se trata de mentiras

constituidas en torno a una demanda de amor, en estos casos, en relación con el padre.

En uno de los casos, la paciente recuerda que a los siete años le pide al padre dinero

para comprar pinturas que utilizaría en la decoración de huevos de Pascua. El padre se

rehúsa, entonces ella compra las pinturas con el cambio de un dinero que se le había

dado para otra cosa. El padre se da cuenta de que hay menos dinero de cambio del que

debería y le pregunta si acaso no ha comprado las pinturas con ese dinero faltante. Ella

lo niega pero es delatada por su hermano, quien señala dónde están escondidas las

pinturas, la prueba del delito, tras lo cual sobreviene un castigo por parte de los padres.

La paciente dice que ese episodio marcó un quiebre en su infancia y, habiendo sido

confiada y simpática, se convirtió en una niña un tanto sombría y retraída. Detrás de esa

escena recuerda otra: un tiempo antes de esto, una vecina le había encomendado cierta

compra en una tienda. Una vez ha realizado la compra, al volver de la tienda la niña ve

pasar a la mucama de la vecina y súbitamente arroja el cambio en la calle. La paciente

asocia con Judas arrojando los denarios recibidos por traicionar a Cristo. Y eso la lleva

al recuerdo de una escena aún más antigua: siendo muy pequeña tenía una niñera que se

veía con un médico, siendo ella era testigo de sus encuentros amorosos. Para que no

comentara las relaciones indiscretas de su niñera con sus padres, ella recibía moneditasde parte de la cuidadora, acaso también del médico. Sin embargo se las arregla para

delatarla: juega ostensiblemente con los centavos recibidos, de modo que su madre le

pregunta de dónde los ha obtenido, y ella cuenta la verdad. Esta escena da la clave de la

escena anterior: su culpa por haber delatado a la niñera, a quien en realidad quería y

celaba. Luego de la elaboración de esas tres escenas, Freud colige que “tomar dinero de

alguien había tenido para ella tempranamente el significado de la entrega corporal, del

vínculo de amor, y tomar dinero del padre poseía el valor de una declaración de amor”.

Admitir que había tomado ese dinero era imposible no por el robo en sí, sino porque era

equivalente a confesar un intento seductor hacia su padre. Este, al darle una reprimenda,

rechazaba el amor que ella le ofrecía. Freud dice que los recuerdos más tempranos

aparecieron en esta paciente una vez que él, imitando al padre, le rogó que no le llevara

más flores.

La mentira, entonces, tiene la función de encubrir algo de diferente valor. En este caso,

no un robo sino una disposición erótica de la niña al padre.

En un artículo del año 1906, La indagatoria forense y el psicoanálisis, Freud lo dice de

este modo: “Sucede que un niño a quien se le reprocha un desaguisado niegue con

decisión la culpa, pero luego eche a llorar como convicto pecador. Acaso ustedes opinen

que el niño miente cuando proclama su inocencia, pero el caso puede ser diverso. El

niño en realidad no perpetró el desaguisado que se le imputa, pero sí en cambio otro, de

parecida índole, sobre el que ustedes nada saben y por tanto no se lo imputan. Entonces,

niega con derecho su culpa -por uno de ellos-, y sin embargo en el acto mismo se

denuncia su conciencia de culpa -por el otro-”.

LA MENTIRA COMO LOGRO EN LA INFANCIA

El valor positivo de la mentira en la infancia es algo que hoy día nos resulta hasta casi

del sentido común. Pero revisemos cómo lo han dicho algunos psicoanalistas.

Víctor Tausk en su artículo Acerca de la génesis del aparato de influir en el curso de la

esquizofrenia, dice:

“Conocemos el estadio en el curso del cual reina en el niño la concepción de que los

demás conocen sus pensamientos. Los padres lo saben todo, hasta lo más secreto que

pueda haber, y lo saben hasta que el niño logra su primera mentira. Posteriormente esa

concepción suele resurgir como consecuencia del sentimiento de culpabilidad, cuando

se sorprende al niño en flagrante delito de mentira. La lucha por el derecho de poseer

secretos sin que los padres lo sepan es uno de los más poderosos factores de la

formación del yo.”

Tausk hace derivar de este estadio infantil la idea, muy frecuente en los esquizofrénicos,

de que alguien o algo (puede ser este “aparato de influir”) le haga tener ciertospensamientos. Equivaldría a una regresión a esta etapa en la que el niño no tenía

autonomía alguna, en que no hay separación entre procesos internos y procesos

externos, entre yo y objeto, entre subjetividad y objetividad, en suma, no hay alteridad

ni diferencia.

Agrega Tausk que según Freud, la creencia del niño según la cual todos conocen sus

pensamientos, se origina en el aprendizaje del habla, pues el niño recibe, junto con el

lenguaje, los pensamientos de los demás, y de allí la idea de que “le hacen los

pensamientos”. Tenemos que destacar que Tausk considera que la persistencia de esta

creencia infantil más allá de un momento muy inicial es característica de la psicosis, en

tanto Freud no la restringe a esta estructura. Recordemos que el “Hombre de las ratas”,

un neurótico obsesivo, confiesa que en determinada época de su vida en que tuvo la idea

enfermiza de que sus padres sabían sus pensamientos puesto que él los había expuesto

sin darse cuenta, sin oírse a si mismo. Freud dice de esta idea que era una “suerte de

formación delirante”, lo cual no determina que se tratara de una psicosis. Sabemos que

el trance obsesivo guarda, muchas veces, un parecido fenomenológico con el delirio

psicótico.

Sami Ali tiene un concepto muy cercano, el de la “lógica de inclusiones recíprocas”,

que lo define como “un espacio topológico irracional en que son equivalentes el adentro

y el afuera, con una misma estructura imaginaria rigiendo ambos y con una tiempo

reversible” (en “Lo visual y lo táctil”, 1988)

Lacan en el Seminario 6 también habla del momento “revolucionario” en que el niño,

después de haber creído que sus pensamientos son conocidos por sus padres, se da

cuenta de que no es así. Destaca la importancia de ese tiempo en donde el Otro no

puede saber, y dice que hay correlación entre este no saber en el Otro y la constitución

del inconsciente.

LA “PSEUDOLOGIA FANTASTICA”

Pseudología fantástica, mitomanía o mentira patológica, fue descrita por primera vez en

la literatura médica en 1891 por el psiquiatra suizo Anton Delbrück. La mentira

patológica, llamada por él “pseudología fantástica”, es un cuadro patológico

caracterizado por la continua fabricación de falsedades, desproporcionadas, para obtener

cierta ventaja y que pueden llegar a constituir un complejo engaño organizado, a

diferencia de la mentira ordinaria. Delbrück ubicaba bajo esta rúbrica a diferentes

variantes de mentiras hasta delirios sistematizados, y consideraba a estos pacientes

impostores, simuladores, psicópatas o paranoicos.

Hélène Deutsch en su texto Sobre la mentira patológica (Pseudología fantástica)

conserva la denominación “pseudología fantástica” pero en lugar de pensarla con

respecto a la psicopatía o la psicosis, la relaciona con la fantasía y el sueño diurno. Así,la define como “un sueño diurno que es contado a otro como si fuera realidad». Se trata

de una fabulación que incluye la representación de los deseos ambiciosos y eróticos en

situaciones que rectifican o modifican el presente, y como en el sueño diurno, la

persona está en el centro de ese relato. Se diferencian, sin embargo, en que la

ensoñación suele ser un secreto vergonzosamente guardado, pues el autor es consciente

de su carácter fantasioso, mientras que el sujeto que cuenta su pseudología no presenta

restricciones y lo muestra como si se tratara de la realidad. En el acto de narrar esta

historia, anula la contradicción entre su contenido y la realidad.

En lugar de analizarlo en relación a una supuesta falla del principio de realidad, como lo

haría la psiquiatría o cierta posición clásica en psicoanálisis, Deutsch lo ubica en

relación con un deseo que se satisface: el deseo de decir.

Creo que es necesario ir más allá de la forma clínica de esta pseudología para despejar

una estructura, pues de por sí no determina que el sujeto inclinado a ella presente una

psicosis o una neurosis. Recuerdo un caso de psicosis, un sujeto mitómano que se había

inventado una vida –profesión, actividades, etc- y ponía en circulación esta mentira con

algunas personas elegidas. Era completamente conciente de que se trataba de una

fabulación, pero pronto los círculos sociales donde mantenía la mentira y aquellos

donde decía la verdad sobre su vida comenzaron a mezclarse, al tiempo que él se hundía

en la desesperación. Lo que se percibía como verdaderamente psicótico allí no era la

mentira, que él había fabricado a sabiendas, sino la suposición de que podría engañar

eficazmente -al Otro/a los otros- con algo que era evidentemente irreal. Como si, para

contrarrestar ese momento inicial en que el sujeto es transparente para el Otro en sus

pensamientos y deseos, ese “espacio de inclusiones recíprocas”, se dotara de una

opacidad delirante.

Helene Deutsch analiza un caso clínico que, por el contrario, acerca la pseudología a la

histeria. Se trata de una familia que pierde a su padre en la guerra, a partir de lo cual el

hermano mayor es encomendado por la madre a hacerse cargo de la familia. El inventa,

con la aprobación de su madre y su hermana, la mentira de que su padre no había

muerto y que un señor con gran fortuna y poder estaba ayudando al padre a retornar al

país, al tiempo que sostenía económicamente a la familia con bienes materiales de

diferente índole. Cuando son interrogadas, madre y hermana defienden la mentira a

rajatabla, pero el muchacho rápidamente admite que se trata de una fabulación. Deutsch

analiza los deseos edípicos en juego en la relación del muchacho con la madre y el

padre muerto, y concluye que esos deseos edípicos son la fuente de la mentira. En esto

se parece a lo que refiere Abraham en “Historia de un impostor a la luz conocimiento

psicoanalítico» (1925) – en Estudios sobre psicoanálisis y psiquiatría- Se trata del caso

de un fabulador altamente eficaz, al estilo del talentoso Ripley, ladrón aunque no

asesino, que se resuelve cuando el sujeto encuentra una mujer que le da un lugar que

resulta restitutivo respecto de su dura historia familiar.

Deutsch dice, respecto de casos como este, que “la pseudología es la reviviscencia de la

huella mnémica inconsciente de lo que en otro tiempo ha sido verdaderamente vivido”.De este modo, los mentirosos no mienten sino que refieren algo de una verdad

desactualizada desde el punto de vista de la temporalidad real.

Finalmente, me interesa algo que dice Jorge Jinkis: que la mentira, al igual que el chiste,

tiene estructura ternaria. Los tres elementos son el sujeto que cuenta, el Otro que

sanciona –con la risa en el caso del chiste, con la creencia en el caso de la mentira- y

aquello referido –lo gracioso o la fábula.

Umbral
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