“De la inscripción de un significante a la escritura de

una letra”

Intervención para el Seminario de Umbral: “El Psicoanálisis y sus

psicoanalistas”, del 17 de mayo de 2010: sobre el texto “De una cuestión

preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, apartado IV “Por el lado de

Schreber”, de Jacques Lacan (1).

Texto de la intervención

He intentado hacer, a través del tiempo, un repaso orientativo de lo que Lacan

ha ido investigando y conceptualizando sobre la cuestión del nombre del padre,

y de su forclusión.

Al cabo de esta lectura surgen dos observaciones:

1) que sorprendentemente siguiendo en el tiempo los conceptos

mencionados, en cada salto o progresión de su pensamiento, que lleva

a una nueva visión, nada viene a desdecir o desmentir sus

planteamientos anteriores, no los invalida. En realidad se trata de que

ninguno de los elementos en cuestión vale por sí solo para explicar

una causalidad y que deben valorarse en su relación a los otros

elemento de la estructura, todos sus elementos guardan una relación

recíproca entre ellos. Y así muchos de los conceptos forman parte del

empeño en el estudio de la estructura del sujeto y toman su lugar

como elementos de una estructura;

2) que Lacan en todo el tiempo de su producción nunca abandonó la

cuestión de la psicosis, creo que el horizonte de la psicosis estuvo

siempre en su progresión y en sus formulaciones, para mí es el hilo

que atraviesa toda su investigación a través de sus etapas de

predominio de un registro u otro, Imaginario, Simbólico y Real. La

psicosis estuvo presente ya en el origen, con el tema de la tesis

doctoral sobre la paranoia (2) y de alguna manera dará continuidad

durante años a su estudio.

Quiero señalar también que en el fondo de este recorrido siempre planea el

mito del asesinato del padre de tótem y tabú.

I.- En el artículo que nos ocupa, “De una cuestión preliminar a todo tratamiento

posible de la psicosis”, cita al final de este IV apartado, titulado: “Por el lado de

Schreber”, su intervención en Bonneval de 1946, “Propos sur la causalité

psychique” (3)

En ella critica la teoría organicista de la locura y expone su argumentación

sobre la causalidad psíquica de ella. Va a tomar el concepto de Imago para

tratar de definir dicha causalidad psíquica.

La historia del sujeto se desarrolla en una serie de identificaciones ideales, que

revierten a la función de la Imago, siendo el Yo el sistema central de dichas

formaciones. “Nada separa al Yo de sus formas ideales (el Yo-ideal)” Por lo

tanto no hemos de confundir el Yo y el ser del sujeto. Así presenta la paranoia

1como,

la estasis del ser en una identificación ideal”, que implica una confusión

mortífera entre “el Yo y el Ser del sujeto”.

Hace referencia a la fase del espejo como una captación de identificación a la

imago. Estamos en un tiempo donde plantea la cuestión de la alienación del

sujeto, como efecto de la Imago en el ser humano; puesto que es en el otro en

quien el sujeto se identifica, toma ese modo particular de relación al mundo

llamado transitividad, como una verdadera captación por la imagen del otro, y

así el sujeto se identifica en su sentimiento de Sí mismo a la imagen del otro, y

a su vez esta imagen del otro cautiva en él ese sentimiento de sí mismo.

Encontramos aquí el punto de apoyo del nudo imaginario designado con el

nombre de narcisismo, y es aquí donde se aloja la relación de la imagen

narcisista a la tendencia suicida, como ocurre en el mito de Narciso, es decir la

relación pulsión de muerte y narcisismo primario en términos freudianos.

Lacan dice: “Así ligados, el Yo primordial como esencialmente alienado y el

sacrificio primitivo como esencialmente suicidario. Es decir la estructura

fundamental de la locura.

Esto resuena con lo que vamos a encontrar en el artículo que nos ocupa, la

cuestión del sacrificio, en el giro del delirio de Schreber del horror a la

redención, y lo mortífero del narcisismo, “identidad reducida a la confrontación

con su doble psíquico, pero que además hace patente la regresión del sujeto,

no genética sino tópica, al estadio del espejo, por cuanto la relación con el otro

especular se reduce allí a su filo mortal

. (4)

Ya hay aquí en esta etapa de predominio de una alienación imaginaria, la

cuestión de la escisión del sujeto, aunque sólo después, con la subordinación

de la alienación imaginaria a la alienación significante, dicha escisión se afirma

como estructural. En las formaciones del inconsciente: “el sujeto humano es un

sujeto dividido y sino está loco”, es el mismo año del texto que nos atañe. (5)

II.- En su seminario sobre las psicosis (6), 1955 y 1956, propone el término

forclusión (verwerfung) y trata de precisar sobre qué actúa la forclusión, por ello

va a interrogarse y a realizar todo un trabajo sobre la función paterna.

Va a designar la noción de padre como el punto de capitón, amarre

fundamental necesario para no entrar en la psicosis, es decir un significante

nodal gracias al cual la realidad y el orden simbólico de un sujeto, se aseguran

y se organizan.

Por lo tanto la función de padre no puede ser pensada fuera de la categoría del

significante.

“Ser padrees un significante primordial.

“Ser padre”, contrariamente a “ser genitor”, supone el acceso a la dimensión

simbólica, al lenguaje, necesario para la estructuración normativa del sujeto.

Respecto al caso Schreber va a decir que se trata de la ausencia del

significante masculino primordial: “el significante ser padre es la carretera

principal hacia las relaciones sexuales con una mujer. …el presidente Schreber

2carece de ese significante fundamental…). Tuvo que imaginarse así mismo

mujer y efectuar a través de un embarazo, la 2ª parte del camino necesaria,

para que… la función ser padre quede realizada.” (7)

III.- En el artículo que nos ocupa, de final 1957 y principio de1958, establece el

concepto de forclusión como mecanismo específico de las psicosis y formula

que la forclusión recae sobre el significante de la función paterna, el Nombre-

del-Padre.

Por lo tanto respecto a las psicosis, es en el campo del gran Otro donde se

presenta el error, un error que supone una ausencia de articulación en lo

simbólico, pues es en el campo de lo simbólico donde se inscribe el gran Otro.

Y así lo va a ilustrar en este artículo, con su esquema R de la estructura del

sujeto psicótico.

A la pregunta, ¿En qué consiste la intervención paterna? Responde con la

metáfora paterna, esta intervención es para el sujeto del orden de una

experiencia metafórica, gracias a la cual se produce la significación fálica, es

decir anuda el Nombre-del-Padre y el falo.

IV.- En el seminario V, “Las formaciones del Inconsciente” (5), efectuado

también en los mismos años, 1957 y 58, donde trabaja no sólo la importancia

del lenguaje y de la palabra, sino también la importancia del significante en la

economía del deseo del sujeto, dice que está trabajando cuestiones de

estructura, ya que es la manera de poner las cosas en su lugar.

Así la función del padre tiene su lugar en el centro del Edipo, no sólo en cuanto

está directamente ligado a la función del Ideal del Yo, sino también como forma

mítica que procura el origen de la ley. Y para que la ley sea fundada en el

padre es necesario que haya asesinato simbólico del padre. Por lo tanto ambas

cosas están ligadas, el padre en tanto que procura la ley es el padre muerto, es

decir el símbolo del Padre, y el padre muerto es el Nombre-del-Padre.

Recordar respecto a esto mismo que G. Pommier plantea justamente que el

nombre del padre es el símbolo de la represión del asesinato del padre.

V.- El punto de la no completitud del gran Otro, el gran Otro barrado, es la

cuestión de finales de los cincuenta, es decir el agujero en el Otro como un

hecho de estructura.

Si decimos que el padre como significante que se sustituye al significante

materno (operación de la metáfora) hace de la falta de significante en el gran

Otro, el significante de la falta del Otro, o sea el falo (resultado de la metáfora),

estamos justamente planteando que un significante esencial falta en el Otro,

que anotado (S A∕) en el grafo del deseo lo hace entonces exterior a la cadena

significante, donde sitúa el goce fálico.

Esto tiene sus consecuencias pues si antes se había pensado el

desencadenamiento de la psicosis, por el desvelamiento del agujero en el Otro,

ahí donde debía encontrarse el Nombre-del-Padre, ahora ese agujero es un

hecho de estructura, un hecho de estructura que no es desestabilizador.

Por lo tanto si ese agujero en el gran Otro no es desestabilizador, ahora lo es

justamente el no tener la respuesta fálica, el significante de la falta en el gran

3Otro, la simbolización del falo, sin él no puede abordar la brecha del Otro, le

resulta insoportable, y debe elaborar un delirio para obturarla.

Lo importante de la operación metafórica de inscripción del Nombre-del Padre,

es que gracias a la respuesta fálica, la simbolización del falo, el sujeto dispone

de un medio frente a lo angustiante del deseo de la madre. Es una

mediatización necesaria para que el sujeto se despegue del universo de las

cosas, metaforizado por la falicización del cuerpo en la relación de la madre, y

entre en el universo de las palabras, universo de sentido, metaforizado por la

relación al padre. Sólo así es posible interpretar el deseo en el campo del

lenguaje.

Es decir la concepción del campo simbólico, del gran Otro, como barrado,

agujereado, constituye la condición para que un goce pueda ser localizado,

condicionado entonces, en el lugar de la palabra como goce fálico.

VI.- Lacan pasa a la pluralización de los nombres-del-padre en un seminario

que se proponía llevar a cabo y del que solo hizo una sesión en noviembre de

1963 (8). Señalar en este paso del singular al plural una cierta equivalencia que

supondría el pasar de lo universal a lo particular, y no se trataría ya de un

significante igual para todos, sino de un significante que le ha servido al sujeto

de significante del padre.

Esta pluralidad de los nombres-del padre evoca también la pluralidad de los

objetos a; la relación entre el objeto a y la función paterna, gracias a la cual se

produciría la caída del objeto a, supone que la operación del Nombre-del-

Padre, no sólo recorta o garantiza un agujero en el campo del Otro, sino que

también proporciona el elemento propio con el que recubrirlo. Podemos decir

que funciona reglando el goce, y en este sentido supone una pérdida de goce.

Entonces en el caso del psicótico, se estaría hablando de un goce no regulado,

no localizado. Pensemos en la invasión masiva por el goce del gran Otro en

Schreber, Dios le exige un estado de goce constante, claro que para poder

satisfacerle piensa en la imagen de una mujer sumergida en la voluptuosidad.

VII.- Vienen luego ciertas modificaciones sobre la función Nombre-del-Padre

según las distintas formalizaciones, que J. Lacan va a ir realizando.

Así a las formalizaciones matemáticas corresponderá la analogía del Nombre-

del-Padre con la función del cero, después a las fórmulas de la sexuación

corresponderá su estatuto de excepción, al menos-uno. Esta posición de

excepción en la estructura, en realidad, ya se encontraba en la no completitud

del gran otro y también en esa analogía con la función del cero.

Con respecto a las fórmulas de la sexuación (9) tenemos la existencia de esta

excepción en el lado de los hombres, es decir, existe al menos uno no inscrito

en la función fálica, excepción que afirma la existencia de un Padre mítico, y al

mismo tiempo este Padre funda el conjunto de los hombres, los unifica al

mismo tiempo que los limita, así todo hombre está limitado en su goce.

Dicha existencia es correlativa, en el lado de las mujeres, de una ausencia, la

de La (mayúscula) mujer, y en correlación con el conjunto de los hombres, ese

Todo hombre está limitado en su goce, se sitúa el No-todo, una mujer no es

toda o es no-toda en el goce fálico.

Con ello Lacan diferencia dos modalidades de goce:

41) el goce fálico, tensión perturbadora del cuerpo del sujeto habitado por el

lenguaje, que se localiza fuera del cuerpo pulsional, es el goce del Uno,

2) y un goce otro, suplementario, otro goce no civilizado por el goce fálico, que

no responde a lo unificador.

De este modo se plantea la cuestión del goce en el sujeto psicótico, si el Padre

simbólico instaura una barrera al goce, entonces su forclusión lleva a un

desencadenamiento del goce, así se podría pensar la invasión del organismo

por voluptuosidades extrañas como en Schreber, algo que Lacan formulará

luego como “pousse-à-la-femme” (10).

La función del Nombre-del-Padre al instaurar el goce fálico, protegería al sujeto

de los efectos angustiosos del imperativo “goza” del superyo, es decir del

encuentro con el gran Otro gozador.

VIII.- Tomemos ahora la cuestión del Nombre-del-Padre en relación a la

topología del nudo Borromeo, algo que conduce a una nueva aproximación a la

estructura del sujeto y a salir de la primacía de lo Simbólico, del predominio del

significante Nombre-del-Padre. Es decir salimos de la inscripción en lo

Simbólico por el significante, para entrar en la escritura de una letra y en lo

Real. El paso de la inscripción del significante, Simbólico, a la escritura de la

letra, Real, letra de goce soporte del síntoma, le permite a Lacan en su

seminario sobre Joyce, asociar el Nombre-del-Padre y el sínthoma (sinthome)

(11), aquí transformado en su escritura, lo define más como “la manera en que

cada uno goza del inconsciente, en tanto que el inconsciente lo determina”,

hace hincapié en su núcleo de goce, junto al goce del fantasma, algo que

escapa al sentido, algo que va más allá del sentido. Esto es lo que destaca en

Joyce, de quien dice que está desabonado del inconsciente, de tal manera que

en su escritura, donde el sentido permanece en suspenso, el lector capta su

goce.

Con la nueva concepción del síntoma, plantea que cada uno anuda su

estructura por la intermediación del S1, el Uno que puede escribirse como letra

y que fija un goce.

Creo que lo importante es retener esta idea de que el síntoma así entendido,

tiene una función de Nombre-del-Padre. En este sentido por ejemplo la

escritura como sínthoma supondría el intento de amarrar, localizar, poner en

otro lugar el goce de la pulsionalidad que anonada y fragmenta el cuerpo.

IX.- Por último quiero una cierta visión contemporánea de la cuestión del

Nombre y para ello voy a tomar a un solo autor, el psicoanalista G. Pommier

(12) y (13).

Al contrario que otros analistas toma el nombre como un nombre del padre,

incluyendo en el nombre, el patronímico (apellido), y también el nombre propio

y a veces el sobrenombre que puede tenerse por una característica cualquiera.

El nombre de familia reenvía al nombre del tótem, es decir a un linaje fundado

por un ancestro (padre muerto) que fue llamado de esta manera. El totemismo

es una invariante universal.

Voy a enumerar sucintamente los puntos más importantes:

51. el nombre propio que legitima la existencia del que habla, sirve para

amarrar (capitonne) (bastear) las frases, su gramaticalidad.

2. El sujeto al identificarse a ese lugar al que el deseo del Otro le llama, al

lugar del falo que falta a la madre, a lo que no hay, no tiene nombre, y

flota.

3. Si el que habla no tiene nombre, entonces los significantes no parten de

él sino del Otro, es decir del afuera, estarán a la misma altura de las

cosas con igual valor pulsional, reflejarán la angustia pulsional.

4. El nombre es todo lo que queda del padre después de pasar por su

asesinato simbólico, que es la manera en que el hijo lo eleva a la

categoría de Padre.

5. Tomar un nombre que es el del padre, es un acto que significa un

parricidio, cuya culpabilidad prohíbe a su vez el goce pulsional materno.

Apropiarse del Nombre, hacerlo suyo, pasa por este parricidio, y significa

la represión del goce materno pulsional.

6. 7. El nombre del padre es el símbolo de la represión de su asesinato.

Apropiarse del nombre del padre supone que el sujeto puede apropiarse

del goce de su cuerpo, gracias a que “el goce del cuerpo se traslada al

goce de las frases”, en este sentido la significación fálica del cuerpo, su

falicización, en el lugar de la demanda del Otro, se traslada a las frases.

El nombre acolcha, amarra el goce del cuerpo al lugar de la palabra”,

pero no sólo permite apropiarse de su goce sino que también lo localiza.

8. Con esta cuestión de la transmisión del nombre, que es lo que peligra en

el psicótico, en el sentido de desanudarse, soltarse, tendríamos desde el

vacío que sería que el nombre no habría sido dado ni tomado, hasta que

aún habiendo sido dado, no se haya tomado.

9. Por lo tanto al final de este proceso la simbolización permitirá por medio

de los significantes metaforizar el falo, el nombre sirve para simbolizar el

falo. Y así el goce pulsional parásito del cuerpo buscará descargarse en

el goce del cuerpo de las palabras.

X.- Breve comentario de la parte final del apartado IV. Por el lado de Schreber

citado al inicio de esta intervención.

En este apartado Lacan va a tratar del fracaso de la metáfora paterna y sus

efectos, y para ello, se va a servir del Esquema I, esquema de la estructura

subjetiva del psicótico (ver esquema en página 8), pero además nos va a

señalar la evolución del delirio schreberiano, evolución que viene a encontrar

un modo de solución, es decir una estabilización, trata no tanto del

desencadenamiento sino de la estabilización de este proceso psicótico.

En el esquema, la forclusión del Nombre del Padre la representa, en el campo

de lo simbólico (S), por Po, significante forcluido, lo que va a provocar que el

lugar del Ideal del Yo (Y) tome el lugar vacante en P, ahí donde se mantiene lo

creado, que en el lugar del significante del objeto primordial M, inscripción de la

madre simbólica, venga el Creador, dejada de la mano del Creador, sin olvidar

que en la línea que rodea el agujero excavado en lo simbólico, están las

criaturas de la palabra, en el lugar del niño negado a las esperanzas del sujeto.

Y lacan nos señala que es alrededor de este agujero donde ocurre toda la

6lucha de reconstrucción del sujeto con esa imposibilidad de realizar la metáfora

por la no inscripción del significante Nombre del Padre.

Pero también hay otro defecto de inscripción si no hay Nombre del padre en el

lugar del gran Otro simbólico, que es la ausencia de representación del sujeto

por la imagen fálica, de significación fálica, de representación fálica en el

campo de lo imaginario (I), representado por ˳ que conforma así la otra rama

de la doble hipérbole originada por la forclusión. Esa ausencia de

representación del sujeto por la imagen fálica provoca que en el lugar del S

encontremos desplazado el yo delirante, yo ideal, imagen especular (i), lugar

del goce transexualista.

De este modo la doble hipérbole esta formada por las dos ramas asíntotas, en

el campo imaginario por m-i, el yo futuro de la criatura y la imagen especular; la

rama del campo simbólico por I-M, el ideal del yo y el Creador, ambas ramas

abiertas al infinito. Simplemente señalar ahora que lo que Lacan marca como

una limitación de la extensión al infinito son los puntos a’, ama a su mujer y a,

se dirige a nosotros (sus memorias escritas y publicadas).

La evolución de su metáfora delirante implica una estabilización y una cierta

solución frente al desencadenamiento y la disolución imaginaria, ya que

produce una cierta restauración de la estructura imaginaria, se coordina la

imagen y lo simbólico, viniendo a procurar una suplencia significante, la de

“mujer de Dios”.

Sigamos ahora los pasos de dicha evolución, que podemos dejar enunciados

en su orden secuencial:

De → Ser el falo que falta a la madre

↓ Ser la mujer que falta a los hombres

7↓ Ser la mujer que falta a Dios

Observar que en esta secuencia se trata del Ser, ser y tener, que en la

neurosis se oponen, aquí se confunden por ausencia de los significantes

nodales, esos que tendríamos que encontrar en el esquema, en los dos

vértices, el del lugar simbólico P y el del imaginario φ, y por lo tanto va a ser en

el eje m-i que va a intentar un sustituto del falo. Lacan nos va a recordar que el

primer intento de suicidio de Schreber ocurre en el momento en que se refugia

en casa de la madre, algo que vendrá a relacionarse con la falta de ser el falo

de la madre.

Lo primero será la intrusión del pensamiento: ¡qué maravilloso sería el hecho

de ser mujer en el momento de ser penetrada por el hombre! Aunque a esto

viene primeramente una reacción de horror, horror e indignación que apelan a

su honor viril. Esta identificación viril que correspondería al lugar del I, Ideal del

Yo, no puede sostenerse por la ausencia del significante del Padre, por su

estructura, en ausencia de significación fálica, no podrá delimitar el fantasma y

tendrá que ir reformulándolo.

Lo siguiente vendrá dado por la aceptación razonable de su transformación en

mujer y entonces la emasculación se hará necesaria para dicha transformación,

por esa falta, localizable en la forclusión, la de tener legítimamente el pene. La

transformación en mujer responde a la falta de ser el falo de la madre. Así dice

Lacan que no es por estar recusado del pene, sino por deber ser el falo, que

estará abocado a convertirse en mujer.

Mujer viene como significante que reemplaza a la significación fálica, en esa

ecuación de S. Freud, chica = falo, identificación imaginaria del niño, falo

entonces que viene al lugar de la falta materna.

Pero para la solución, la limitación, todavía es necesario otro paso, ya que

como no hay significación fálica tampoco pueden situarse los hombres y sólo

existen “hombres a la ligera”, tan desprovistos de falo como el mismo Schreber.

Esta nueva falta sólo puede conducir a pasar de los hombres y a “ser la mujer

que falta a Dios”. Así puede salvar su honor y aceptar la emasculación

(entmannung) gracias al sacrificio, la expiación, y la redención futura de la

humanidad, algo que viene como señala Lacan después de la “muerte del

sujeto”, del estupor catatónico. Sólo de este modo la copulación divina será

espiritual y dará lugar al germen embrionario de la criatura futura, una nueva

humanidad. En este punto Dios está en M en el esquema, significante del gran

Otro primordial, ese Otro que deja plantado, la madre simbólica, que es el Dios

de Schreber.

Esta es la estabilización, ser la mujer de Dios trae mujer y Dios como suplencia

significante de los dos agujeros o faltas del esquema: mujer en ˳ y Dios en ,

significación fálica y Nombre del Padre.

Bibliografía

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todo tratamiento posible de la psicosis. Siglo veintiuno editores. México.

8ª edición 1983.

(2) Lacan, J. (1932). De la psicosis paranoica en sus relaciones con la

personalidad. Siglo veintiuno editores. México. 3ª edición. 1984.

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París. 1966.

(4) Página 253 de Lacan, J. (1957/1958). Escritos 2. De una cuestión

preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. Siglo veintiuno

editores. México. 8ª edición 1983.

(5) Lacan, J. (1957/1958). Le Séminaire. Livre V. Les formations de

l’inconscient. Editions du Seuil. París. 1998.

(6) Lacan, Jacques (1955/1956). Seminario. Libro 3. Las psicosis. Paidós.

Barcelona. 1984.

(7) Op. Cit. Apartado XXIII La carretera principal y el significante “ser

padre”. Páginas 418 y 419.

(8) Lacan, J. (1963). Des Noms- Du- Père. E. Seuil. París. 2005.

(9) Lacan, J. (1972/1973). Le Séminaire. Livre XX. Encore. Seuil. París.

(10) Lacan, J. (1972). L’étourdit, en Scilicet nº 4. Seuil. París. 1973.

(11) Lacan, J. (1975/1976). Le Séminaire. Livre XXIII. Le sinthome. E. Seuil.

París. 2005.

(12) Pommier, Gérard. Respiration du symtôme. En La Clinique Lacanienne

Nº 6

(13) Pommier, G. Abords de la psychose. En La Clinique Lacanienne nº 15

Rosa Navarro Fernández. Septiembre 2010

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