CLASE 5 – del 13 de diciembre
Es una clase que se encuentra como se diría «entre
chien et loup»… clase de tránsito diría, pero donde
Lacan acentúa al pasar algunos puntos bien
importantes.
Trataré pues de ponerlos de relieve.
Después de un denso trabajo de las cuatro primeras
clases concentradas en una desconstrucción de la
certeza cartesiana de la posibilidad de deducir la
identidad de un ser, para el caso a partir de la certeza
de un « yo pienso », de una actividad pues, de una
acción, de una enunciación.
Sabemos que el propio Descartes para mantener la
implicación entre el pensar y el ser, tuvo que recurrir
a un garante, a un Dios no engañador, única
posibilidad de mantener la certeza, más exactamente
la permanencia del « ergo », del « pues » de la
consecuencia entre ser y pensar.
Ya ha desplegado ampliamente su noción de « rasgo
unario » que abstrae de la segunda identificación de
Freud. Uno de los problemas de este inicio del
seminario es el cuestionamiento de como articular
este rasgo unario con la definición del sujeto que
finalmente resulta difícil reducir a identidad alguna.
En efecto el sujeto es siempre el efecto de la
articulación significante: recordemos la definición que 1es de esta época (Subversión del sujeto y dialéctica
del deseo), definición que repetirá en este seminario:
Un significante representa a un sujeto para otro
significante. Apenas representado por un significante
se dirige a otro significante, cómo cernir entonces
algo que sea verdaderamente del orden de la
« identificación » del sujeto. Es un problema y que en
estas primeras clases puede leerse en la paradoja
mismo de la definición del rasgo unario: ¿significante
o letra?
Si bien se ha podido definir el rasgo que caracteriza
al significante como aquello que es lo que los demás
no son, su identidad siendo de « pura diferencia »,
queda abierto pues el interrogante: ¿qué unidad para
el sujeto?
Aquí Lacan se inclina por una identificación al « rasgo
unario ». De la teoría de las tres identificaciones de
Freud sólo toma en cuenta la segunda – pero de
hecho, esta segunda identificación depende en Freud
de la primera, o sea del amor al padre. El ejemplo de
Dora es paradigmático: la tos (analizada como rasgo
unario) remite claramente a una primera identificación
con el padre… se trata de la tos del padre.
En todo caso el rasgo unario, lo han visto y es lo que
me parece primordial por la manera en que
intervendrá en el mecanismo de la repetición, es
consecuencia de una « pérdida », de un « duelo », de
un objeto amado u odiado del cual se abstrae un
« rasgo » con el que se identifica el sujeto.
El sujeto del significante, más bien sin identificación
posible, situado siempre entre significantes, logra de
2todos modos una identificación por la vía del rasgo
unario.
Resumo brevemente lo que supone el rasgo unario
.) que pueda constituirse una serie (la de los
«animales matado» (los palotes encontrados por
Lacan sobre un hueso que se supone serían las
marcas de su caza, o bien la del «expreso de las
8:45». o bien la de simplemente los « palotes » que
se mandaban hacer en la escuela.
.) Introduce una distinción en lo real, un rasgo de
discreción (sobre un real que puede ser concebido
como continuo, sin elementos discrecionales)
.) remite a un corte, entre el Uno y lo Otro, «ser lo que
los otros no son » según definición de Saussure.
De todo ello puede descartarse la noción de «corte »
que será una operación fundamental de la topología
que comenzará a introducir precisamente en este
seminario Lacan.
Después de la clase 5, Lacan intentará abordar la
identidad del sujeto (no del significante) a partir del
nombre propio. O sea que esta clase 5 se encuentra
entre el rasgo unario (significante, la unidad en tanto
diferencial) y el nombre propio (mas cercano a la letra
y que remite a una identidad) Ya verán pues más
adelante.
Veamos pues esta clase 5
Comienza con una cita que está en la línea de lo que
venía definiendo como «identidad» en tanto
diferencia absoluta. 3La cita es de Euclides, matemático y geómetra
griego, (325 antes de Cristo a 265 antes de Cristo).
Se lo conoce entre otras cosas por el debate en torno
al axioma de las paralelas que parece poco evidente.
Diversos matemáticos intentaron sin éxito prescindir
de dicho axioma, presentándolo como un teorema.
Finalmente algunos decidieron prescindir de dicho
axioma y dieron lugar a las conocidas como
« geometrías no euclidianas ».
Aquí Lacan lo reconoce a Euclides como un iniciador
de « discurso».
La cita que traduzco de la traducción en francés del
griego hecha por Didier Henrion es la siguiente: «La
unidad : esto por lo cual toda cosa que es se nombra
una. El Numero es una multitud compuesta de varias
unidades».
La cita es de: Euclides, Elementos, VII, 1.2.
El término de «monas», es equivalente a « unidad » y
Lacan recuerda que ya había hablado de ello en su
seminario sobre La Transferencia. En efecto habla en
la clase del 7 de Junio de 1961, de la «mónada
primitiva del goce en la esfera narcisista», a la cual se
identifica el recién nacido, lo cual plantea la
problemática de cómo diablos sale de esta burbuja el
infans.
En todo caso Lacan toma la cita de Euclides como lo
mejor para dar cuenta, desde la matemática, de esa
«función del UNO».
El acento está puesto pues en la unicidad.
4Como ya he señalado, la definición del sujeto como
sujeto del significante lo deja siempre en la apertura
hacia el otro significante en una metonimia que no
tiene fin. Movimiento pues contrario a toda
identificación o a toda identidad.
Habrá que recurrir a otras manifestaciones para dar
cuenta de una posible identidad del sujeto: por
ejemplo a la fijación al goce del síntoma. Si Lacan
termina por decir que al final del análisis hay algo así
como una identificación al síntoma… el término de
identificación está claro que remite a este rasgo
unario del cual habla Lacan en este seminario.
En este seminario Lacan retoma la cuestión de la
escritura para dar consistencia a la letra, insiste en
consecuencia en la diferencia entre el signo y el
significante, todas elaboraciones que van, a mi
parecer, en el sentido de encontrar el elemento que
fija la unidad del sujeto y al mismo tiempo su deslizar
forzosamente metonímico.
El elemento que fija al sujeto no está ni del lado del
signo, ni del lado del significante, sino del lado de la
letra, de la marca. Por ello en la siguiente clase se
ocupara del Nombre como aquello que identifica al
sujeto de una manera singular, que hace que pueda
contarse como eso y no como otro.
El rasgo unario puede entonces concebirse como un
mixto de simbólico y real. El significante remitiendo a
su efecto simbólico y la letra a su relación con lo real.
Lacan Insiste en hablar de la Monas, como la unidad
en el sentido del rasgo unario y recuerda que ha
tomado esta expresión del Einsiger Zug freudiano
Aquello por lo cual cada hablante es dicho ser un 5Uno, con la ambigüedad que introduce el Eis en
griego porque es un neutro… hay pues que decir Lo
Uno, cada uno es Lo Uno (como no pensar en el Hay
Uno, muy posterior del Seminario 19). En todo caso
el Uno, lo Uno es lo que permite que algo se
distingue de todo lo que lo rodea. Alusión pues a un
CORTE entre Lo Uno y lo Otro.
Lacan habla del «advenimiento » en el decir de esta
unidad… Lo Uno es un hecho del decir. Y surge en un
momento de la historia. Es más, en el seminario XVII
Lacan aclara que el discurso del amo surge cuando
puede aislarse ese S1 a partir del Uno de los
matemáticos. Sitúa la anterioridad histórica de este
discurso en lo que llama las sociedades
«etnográficas», por no llamarlas «primitivas» (¡¡¡pues
nada tienen de primitivas!!!) en la que esta función del
Uno, no se hubiera aislado como tal de manera
operativa.
Lacan termina de citar la frase de Euclides: «el
Número no es otra cosa que esta suerte de
multiplicidad que surge precisamente de la
introducción de las unidades». A partir del Uno, puede
concebirse una multitud de Unos.
Vuelve a insistir sobre el hecho de que se trata de la
segunda identificación de Freud («Psicología de las
masas… ». Identificación que Freud llama regresiva,
vinculada al abandono (o al duelo) del objeto amado
u odiado… aclara que del mismo modo que la
identificación al rasgo unario es restringida, limitada
ya que sólo se aísla de la persona de la cual se hace 6el duelo, o de la cual hay separación, un mínimo
rasgo, él también utiliza la teoría de las
identificaciones de Freud de manera restringida.
Y menciona entonces a Rodolphe Toepfer
(1799-1946) que fue un pedagogo, un escritor, un
político y que fue el autor de la «banda dessiné» , de
los «comics». Este dibujante suizo es considerado
como el inventor de la historieta, de la historia en
cuadros. Supongo que Lacan lo evoca por esta razón
ya que cada cuadro de una historieta es en si un Uno
que se diferencia de los otros.
Alude también, para poner una nota humorística, que
en la historieta de Toepfer el objeto amado se designa
con un guión (no he podido comprobarlo, pero es de
suponer que pone un guion entre amante y amado).
«Este objeto amado puede ser una mujer, como
puede ser libros raros» (es el caso de Lacan,
coleccionista…) afirma Lacan. Con ello marca a mi
parecer la contingencia del objeto. Necesario por una
parte para constituir lo Uno, es contingente en cuanto
a qué rasgo permitirá hacerlo.
Lo importante, como he dicho al comienzo, de esta
identificación, es que remite a la cuestión de la
pérdida. Originariamente hay una pérdida, pérdida de
lo que hubiera sido una primera satisfacción, pero de
ello queda una marca, un rasgo unario, que es el que
se inscribirá formando una serie en la repetición
como búsqueda vana de esta primera experiencia de
satisfacción. Lacan no cuenta aún con la
formalización de su objeto «a» como objeto causa del 7deseo (lo precisará en el seminario siguiente sobre la
Angustia, aunque ya está muy cerca de aislar este
concepto en este seminario como se podrá apreciar
más adelante. Cuenta, por supuesto, ya con la
noción freudiana si cuenta del «objeto perdido». La
identificación al rasgo unario, al menos en este
contexto, me parece relevante para vincularla con
esta primera pérdida que será causa de la repetición.
Vale la pena señalar nuevamente como Lacan pone
el acento sobre la «contingencia» de este rasgo
unario e insiste sobre su carácter limitado
parcializado, altamente limitado, restringido, un solo
rasgo que es como un « ersatz » del objeto perdido
(lo que queda del objeto perdido… lo que lo
reemplaza… el sustituto…).
Es evidente que Lacan privilegia esta segunda
identificación freudiana al rasgo unario no por la
teoría general de la identificación en Freud, sino por
la posibilidad de abstraer este concepto del «rasgo
unario», y no por la dinámica o la diferencia, e incluso
la génesis que podría haber entre las tres
identificaciones.
En todo caso, es una condición previa articular la
relación del sujeto con la cadena significante para
poder dar cuenta de la estructura de la relación del
sujeto con sus necesidades… y con la demanda y el
deseo.
Antes de proseguir sus desarrollos, Lacan señala que
conviene atenerse a «una cuestión de método». Cita 8a Platón del Sofista que aconseja desconfiar de toda
«Koinomia ton genon» que debe entenderse como
desconfiar de toda Comunidad, y en particular en lo
que se refiere al género con el que tenemos que
vérnoslas en nuestra práctica: la «clasificación» de lo
que es un hombre o lo que es una mujer. Ya Lacan
pone una nota de atención sutil sobre el hecho de
constituir a la clase de los hombres y de las mujeres
c o m o d o s c l a s e s b i n a r i a s , o p u e s t a s y
complementarias.
Lacan se apoyará, al menos hasta su trabajo sobre
l’Etourdit, sobre una lógica de los conjuntos que ante
todo tiene en cuenta el conjunto vacío, digamos el
cero, como elemento de todo conjunto… y define al
Uno (Frege) como el nombre de un conjunto vacío.
Esta advertencia de Lacan anuncia también la crítica
que siempre hará a los universales en el sentido de
aristotélicos (cuadrante de la lógica de Aristóteles,
presentado por Apuleo). Sin entrar en el desarrollo de
este punto, basta señalar aquí que para hacer su
crítica de los universales (como contrarios; Todo
hombre es mortal -universal afirmativo- es
contradictorio con Ningún hombre es mortal –
universal negativo-…) Lacan se apoyará en ese
seminario sobre el «cuadrante» de Peirce. Este
cuadrante tiene la particularidad de operar con una
casilla vacía de la no existencia, por la cual el
universal afirmativo y el negativo se recubren en
parte. No son contradictorios en el caso en que no
hay la existencia de hombre alguno.
Utilizará esta lógica para sostener que «todo padre es
Dios». La casilla pudiendo estar vacía (caso de la
psicosis) le tocará a cada uno verificar si hay o no un 9padre de tal talla. Con este cuadrante tenemos una
primera aproximación a lo que será años más tarde el
establecimiento por Lacan de sus fórmulas de la
sexuación.
Luego Lacan nos recuerda que la experiencia del
psicoanálisis está dominada por el registro de lo
simbólico (a lo cual objetará con los nudos
borromeos). Evoca su conferencia ISR de 1953, y
habla de sus tres categorías, llamadas más adelante
las dichas-menciones, o dichas-mansiones del
«parlêtre » (que ya no se confunde con el sujeto del
significante).
En este momento Lacan pone el acento en que estas
categorías no remiten a ninguna ontología, no son
«seres» en el sentido de la filosofía clásica… son
solo dice ahora «campos del ser».
Aclara que en « el campo de nuestra experiencia » se
trata del juego de estas dimensiones, ese campo es
freudiano, es un campo de experimento, no se trata
de Erlebnis, de «experiencia vivida de la
fenomenología». Se trata de un campo constituido a
partir de un ARTIFICIO, que es la faz complementaria
del descubrimiento del inconsciente freudiano,
complementario como el derecho es al revés (pensar
mas bien en una banda de Moebius, me parece)
habla de un derecho « realmente» accolé » pegado
al revés… En todo caso este artificio es lo que
solemos llamar como «dispositivo» del análisis:
diván, asociación libre (del analizante) y atención
flotante (del analista)…
10Hablando del momento de la emergencia pues de la
experiencia analítica, Lacan pone el acento sobre el
descubrimiento de los símbolos emergentes del
inconsciente y ello tuvo mucho éxito y se dispersó
rápidamente en la cultura (basta evocar a Dalí…).
Tuvieron al inicio incluso una eficacia terapéutica
evidente… pero con el tiempo se perdió la «frescura»
de estos primeros tiempos.
Es un hecho de experiencia que hemos perdido esta
«frescura», que ya no sería operativa (quien iría hoy
a analizar a un paraguas como remitiendo al
falo?????).
Lacan habla de ese momento del descubrimiento del
inconsciente cuya frescura hemos perdido. Y que era
correlativa al efecto de «choque», de «sorpresa»,
características de las primeras emergencias de las
relaciones del inconsciente… «flash sobre la
imagen», adherencia de nuestra relación al campo
imaginario…
Lacan evoca ese tiempo muerto, que dio lugar a
diferentes distorsiones. Debemos designar en alguna
parte la fuente de estas desviaciones, de esos
«fouvoirments»… ¿Por qué las imágenes que hemos
descubierto se han banalizado? ¿Es una cuestión
sólo de familiaridad?
En todo caso hay una desviación clara en la medida
en que esas imágenes fueron tratadas como
arquetipo, crítica sin duda a Jung. Con ello la
experiencia analítica se inscribe en el campo de la
tradición de la alquimia y la gnosis.
El pensamiento humano, a decir de Lacan, ha
quedado prendido en esta confusión durante muchos
siglos. 11Lacan advierte que con su crítica no apunta, como
podría creerse, a la teoría de la Gestalt. Pero
distingue la Gestalt cristalográfica (inspirada de la
matemática) y a la cual manifiesta su respeto, de la
Gestalt antropomórfica que hace coincidir micro y
macrocosmos a la cual critica claramente.
Ya no usamos estas imágenes y como diría Freud
«son como esas sombras que en el campo de los
infiernos estás listas para surgir. No supimos
realmente reanimarlas, no le hemos dado suficiente
sangre para beber. Pero después de todo más vale
así, no somos necromantes». (Es esta una cita que
Lacan toma de «La interpretación de los sueños» de
Freud).
Lo vivo de lo que aportaba Freud no estaba en el
retorno de estos viejos fantasmas….
No se trata de reanimar estos signos… se cita a sí
mismo evocando una frase de Causalidad psíquica.
De 1946, donde habla de los signos que deja la
gacela sobre la roca y que sólo un cazador bien
especializado podría detectar. Pero no nos interesa
especializarnos en poder leer esos signos. Es de otra
lectura que se trata. Esos signos hay que articularlos
como significantes y en tanto tales operar con ellos
por su virtud asociativa en la cadena (claramente
referencia a la metáfora y a la metonimia de la
«Instancia de la letra en el Inconsciente»).
12Este es el punto de viraje: la INTRODUCCIÓN EN LO
REAL DE UN CAMBIO que no tiene nada que ver con
la idea del cambio aristotélico: nacimiento,
movimiento, corrupción… Se trata de otra dimensión
del cambio…
Se trata del marco fundamental del pensamiento…
Freud sitúa «pensamientos» en el inconsciente. pero
eso puede obviarse porque lo que hay en el
inconsciente… son significantes!!!
Por eso, afirma Lacan, no partió ese año ni de Kant,
ni de Hegel, ni de Marx … sino de Descartes.
Para señalar que si nos ocupamos de la autonomía
del sujeto, y precisamente por esta paradoja, de que
sabemos que no es el sujeto el que guía, que es sin
saberlo, sin ser el cómplice, sin conciencia (conscius)
que poder progresar de nada hacia nada, salvo
localizando «après coup» lo que ha engendrado,
pues no puede engendrar nada sin primero
desconocerlo.
No ilustra la referencia de este sujeto en su
permanencia… en su presencia, porque su presencia
solo puede designarse por el rasgo unario, esos
PALOTES como figura del uno, único rasgo distintivo
del sujeto.
Precisa que no hay que hacer un ideal de la similitud,
ni un ideal del « borra miento de las huellas » .
13El borra miento de las diferencia cualitativas solo nos
interesa para distinguir la alteridad radical designada
por el rasgo.
Nada nos importa que un rasgo se asemeje a otro…
Retoma pues el interrogante sobre LA FUNCIÓN DE
LA ALTERIDAD
¿Cual es esa función?…. es la que en todo caso
asegura la repetición…. justamente porque esta
función hace que la repetición no se confunda con un
«eterno retorno»!!!, vale decir con un ciclo natural, o
con el eterno retorno de los ciclos de la necesidad.
Retorna el cazador que «cuenta» sus presas, así
como Sade «cuenta» sus «coups», sus coitos.
Lo que se cuenta es el rasgo, el rasgo que cuenta,
que importa.
¿Qué está en juego en el AUTOMATISMO DE
REPETICION?
Ante todo es preciso por supuesto diferenciar entre:
.) El ciclo que corresponde a la satisfacción de una
necesidad
.) La repetición al intento de una satisfacción siempre
fallida.
La repetición es repetición sintomática… Lacan habla
de las repeticiones las más molestas, las más
encordiantes, las más «sintomatógenas».
Lo que importa es reflexionar sobre la conexión entre
el rasgo unario, la repetición y el síntoma.
14Lacan evoca el trauma pero no para detenerse en su
vertiente patética, sufriente, de trauma, sino porque
es el que a él le corresponde la UNICIDAD Soportada
POR UN SIGNIFICANTE QUE APRENDEREMOS A
DEFINIR COMO UNA LETRA (Instancia de la letra en
el inconsciente, nuevamente!)
El «trauma» interesa en tanto marca primera, primer
A en tanto es numerable.
El comportamiento se repite para hacer resurgir ese
signifícame que es como tal, ESE NUMERO QUE
FUNDA.
Cuando hablamos de la incidencia repetitiva en la
formación sintomática… ¿donde ponemos el acento?
En: ¿por qué se repite? en lo ¿que se repite?… en
todo caso no es para repetir un signo que se
actualizaría en esta repetición, sino para personificar
como tal el significante… (o la letra??? that’s the
question!!!!).
En todo caso de la repetición podemos afirmar
aunque no esté aún dicho así aquí.
.) Que hay repetición porque con ella nunca se
alcanza lo que se busca. Búsqueda vana del objeto
perdido desde siempre que alimenta las quejas
neuróticas. Versión dela repetición movida por una
negatividad, (pérdida de goce).
.) Que se repite el significante/letra de un goce
sintomático. Versión de la repetición movida por una
satisfacción positiva (ganancia de goce). De ella se
tratará mucho más adelante con la «Identificación al
síntoma, en la medida en que éste se haya
desprendido de su significación fantasmática». 15Estos son los rasgos (de las repeticiones) que
aprendemos a leer en un análisis.
Pero esa Identificación al síntoma, ¿es la
identificación al rasgo unario? Nada menos evidente.
“À suivre” pues….
16