Empezaré por plantear que El Quijote, la obra magna de Cervantes, es

un libro enigmático cuyas características e intenciones han sido

discutidas hasta la saciedad. Lo es como libro y lo son sus personajes y,

también, de entrada, que habremos de poder pensar que un enigma no

es un ininteligible, sino algo que plantea una cuestión y exige una

respuesta.

Desde su publicación, en 1605, la Primera parte del libro conoció un

éxito popular inmediato. Además de las 16 ediciones que su autor

pudo conocer en vida, cientos de ejemplares fueron enviados a

Hispanoamérica desde el mismo año de su aparición, así que, aunque

herido y acongojado por la publicación del Quijote apócrifo de Alonso

Fernández de Avellaneda en 1614, Cervantes exulta jubiloso, en el

prólogo de la Segunda parte, al hablar del libro que le había aportado

más fama que dinero.

¿Cuál puede ser la causa de un éxito editorial tan resonante desde

entonces y hasta la actualidad?. El autor confesó varias veces que a

través de la locura de Don Quijote quería escribir una sátira paródica

de los Libros de Caballería y, textualmente, lo hace. Sin embargo, el

libro alcanza mayor trascendencia y no es raro que ante él se hayan

adoptado todas las posiciones: desde creer que Cervantes hizo una

obra genial de una manera inconsciente hasta interpretar unas

intenciones transcendentales, unas simbologías hermenéuticas y unas

elipsis sutiles que, seguramente, estuvieron muy lejos del ánimo del

autor.

Así que, si aceptamos que el autor escribió una obra genial de una

manera inconsciente, entonces tendremos que acudir a la guía del

psicoanálisis que es quien proporciona una cierta experiencia de lo

inconsciente a través de la capacidad de la palabra de no nombrar a

sus referentes, de referirse a otra cosa y que, además, nos recuerda que

Edipo aparece, en la leyenda, confrontado a oráculos, a preguntas, a

enigmas y al destino. Esta leyenda trata un relato mítico que plantea a

Edipo el enigma de su propia identidad. ¿No muestra el mito acaso que

Edipo no era quien él creía ser?

1Maite Fernandez Página 2 31/05/2015

La personalidad de Miguel de Cervantes es, dentro de las letras

españolas la de una figura mítica. Cualquier aspecto de su vida ha sido

escudriñado y todas las facetas de su obra han sido desmenuzadas

hasta la extenuación por eruditos. Cada época lo ha interpretado a su

manera por lo que, como las interpretaciones se van sumando, la

bibliografía cervantina es inabarcable.

Me resulta pues difícil, en la brevedad de estas páginas, tratar sobre

esta figura tan compleja, tan diversamente interpretada y tan

minuciosamente analizada. La única pretensión en este trabajo es la de

profundizar en otra comprensión de Don Quijote con el pretexto de

conmemorar que en 1.615 Cervantes publicara la Segunda parte del

Ingenioso Cavallero Don Quixote de la Mancha, obra que está

atravesada en su totalidad por la idea del Simulador.

A este respecto es bastante significativa la interpretación groseramente

paradójica de los personajes cervantinos que el continuador anónimo

de la Primera parte del Ingenioso Hidalgo presenta en su

desafortunado plagio: Don Quijote se convierte exclusivamente en un

demente ridículo y su escudero en un ser de lo más vulgar. Las

limitadas perspectivas humanas del Quijote de Avellaneda indican con

precisión y exactitud cuán superficial puede llegar a ser la visión de

una obra maestra, cuál la cervantina, pero el verdadero “autor de la

primera” en su legítima Segunda parte aborda con brillantez el hecho

de que su protagonista tiene un suplantador.

Leo Spitzer (1948) en su Perspectivismo lingüístico en el Quijote dirá:

“España nos dio una novela que es un canto y un monumento al

escritor, en cuanto escritor, en cuanto artista. Porque no nos llamemos

a engaño: el protagonista de esta novela no es realmente Don Quijote,

con su siempre torcida interpretación de la realidad, ni Sancho, con su

escéptica semiaceptación del Quijotismo de su amo (…). El verdadero

héroe de la novela lo es Cervantes en persona, el artista que combina

un arte de crítica y de ilusión conforme a su libérrima voluntad (…)

Don Quijote consigue la inmortalidad gracias exclusivamente a la

pluma de Cervantes, como muy bien sabe y reconoce el mismo escritor.

En el discurso de la pluma del supuesto cronista árabe encontramos la

más discreta, la más enérgica y convincente autoglorificación del

artista que jamás se haya escrito”.

Quizá, éste fuera un buen momento para apreciar el valor de la

literatura, mostrando que la cultura es un tejido cuyos hilos se

reparten por todas las geografías. La importancia de la obra de

Cervantes se justifica por su capacidad de introducirse en otros libros

por su aguda penetración en el alma humana. Lo que hace grande a

2Maite Fernandez Página 3 31/05/2015

Don Quijote es esa fuerza centrífuga, ya que ha conseguido estar

repartido por lo mejor de la literatura occidental, por su capacidad de

ser semilla y de germinar produciendo otras grandes obras.

Una clara muestra de la influencia del fundador de la novela moderna

es la ejercida sobre el fundador del Psicoanálisis, debida, seguramente,

al amor y fidelidad que tanto Cervantes como Freud profesaban por la

verdad del sujeto.

La Obra completa de Freud, en diecisiete volúmenes traducidos por

Luis López Ballesteros, aparece, en el período que abarca los años 1922

al 1934, por primera vez en España en la editorial Biblioteca Nueva,

con prólogo de José Ortega y Gasset, impulsor de la publicación. Esta

traducción tuvo un excepcional crítico en el mismo autor. Pero, ¿es que

Freud conocía nuestra lengua?.

El 7 de Mayo de 1923 Freud le envió a López Ballesteros, alabando la

traducción, tanto por su exactitud, como por la belleza del estilo, las

siguientes palabras: “Siendo joven estudiante, el deseo de leer el

inmortal Don Quijote en el original cervantino me llevó a aprender, sin

maestros, la bella lengua castellana”. Estas líneas, que encabezan las

Obras Completas de dicha editorial a partir de la edición de 1.948, nos

evocan alguna otra ocasión en que Freud declaró que leía y entendía

nuestra lengua pero que, sin embargo, no se atrevía a utilizarla por sí

mismo.

Por la correspondencia de Freud (1966) con su novia Martha podemos

localizar el momento en que Freud realiza la lectura del Quijote. En

una carta del 22-8-1883 dice:

«Esta racha de alegría (…) me lleva a hacer mal uso de mi tiempo: leo

mucho y pierdo una gran parte del día. Por ejemplo, tengo

actualmente a Don Quijote con grandes ilustraciones realizadas por

Doré y me concentro más en este libro que en la anatomía del

cerebro…Hoy, ojeando las páginas centrales del libro, casi me parto de

risa. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto y no cabe duda de que

está maravillosamente escrito».

La carta que escribe al día siguiente nos permitirá adentrarnos en una

parte del texto siguiendo la propia lectura de Freud:

«Acabo de pasar dos horas leyendo Don Quijote, que me ha hecho

gozar muy de veras. El relato de la sórdida curiosidad de Cardenio y

Dorotea, cuyo sino está entremezclado con las aventuras del caballero,

y la historia del prisionero, que contiene un trozo de la biografía del

propio Cervantes, están escritas con una gran delicadeza, colorido e

inteligencia».

3Maite Fernandez Página 4 31/05/2015

No me he permitido transcribir esta carta debido a su extensión pero

invito a su lectura con el fin de compartir el placer que siempre me ha

producido leer a Freud por su calidad literaria y por sus afinadas

observaciones, dado el espíritu científico que poseía, como se podrá

observar en el comentario que hace de su lectura del Quijote, pues,

aunque afirmara en algún momento con un cierto desaliento que lo que

el psicoanálisis logra después de largos y arduos trabajos, el poeta lo

consigue en un momento por la intuición, Freud (1924) desarrolló, a lo

largo de su vida, sus dos grandes vocaciones, según cuenta en su

Autobiografía: la de psicoanalista y la de escritor, por lo que la

concesión del premio Goethe en 1930 la consideró como una

culminación de su esfuerzo.

A esta lectura de Cervantes que Freud hace en la edad adulta, le

precede otra en la que, en Viena, siendo adolescentes, el austríaco

Sigmund Freud y el rumano Eduard Silverstein, unidos por lazos de

amistad y por el deseo de descifrar el idioma de Cervantes, lo leen y

fundan juntos un día la «Academia Castellana» (Freud, 1989), en la

que jugaban literariamente, de la que fabricaron un sello y cuyos

únicos miembros secretos eran ellos mismos. Freud resumiría más

tarde, al volver a ver a su amigo, luego de varios años de separación,

parte de la historia de aquella empresa en otra carta, el 7-2-1884 a su

novia:

«Silverstein estuvo aquí de nuevo hoy, tan simpático y buena persona

como siempre. Nos hicimos amigos en la época en que la amistad no es

ni un deporte ni una conveniencia, obedeciendo más bien a la

necesidad de tener alguien con quien compartir las cosas.

Acostumbrábamos estar juntos literalmente todas las horas del día que

no pasábamos en el aula. Aprendimos español juntos y poseíamos una

mitología que nos era peculiar, así como ciertos nombres secretos que

habíamos extraído de los diálogos del gran Cervantes. Cuando

estábamos comenzando a estudiar el idioma, encontramos en nuestro

libro una conversación humorístico-filosófica entre dos perros que

están echados pacíficamente a la puerta de un hospital, y nos

adueñamos de sus nombres. Tanto al escribirnos como en la

conversación yo le llamaba Berganza, y él a mi, Cipión. Cuántas veces

he escrito: Querido «Berganza» y he terminado la carta: tu fiel

«Cipión», perro en el hospital de Sevilla. Juntos fundamos una extraña

sociedad escolástica: La Academia Castellana».

Estos hechos fueron corroborados en una carta de 1928 a la muerte

de Silverstein.

4Maite Fernandez Página 5 31/05/2015

Cipión y Berganza, los perros aludidos por Freud son los protagonistas

de una de las más famosas y la última de las Novelas ejemplares de

Cervantes (1613): El Coloquio de los perros. Cervantes les dió a los dos

perros la facultad del habla, la de pensar, la de analizar, y le otorgó a

la conversación entre ambos el espacio de una noche. Cipión invita a su

amigo Berganza a que relate su errar por España prometiendo contar

su propia historia a la noche siguiente, si es que ambos conservaban

aún el don de la palabra. Berganza cuenta a lo largo del texto lo que ha

sido de su vida en las casas de sus muchos amos; habla de sus trabajos,

de sus creencias, de sus aventuras y desventuras. Cipión escucha y de

tanto en tanto habla: filosofa, señala, da consejos, interpreta…Cipión,

en el siglo XVI, es una mezcla de confesor, amigo, consejero e

interpretador. En él se encuentra un modelo rudimentario y

caricaturesco del psicoanalista prehistórico. Curiosamente, aquel

Freud adolescente se reconoce en Cipión, ese perro de Cervantes que

ni ladra ni muerde, sino que escucha…y habla para, más adelante, con

el Quijote, dar lugar a la función del psicoanalista que lee y escribe, en

un nivel estructural.

Hemos visto como, ya desde su más tierna juventud, reconoce Freud la

presencia inspiradora de Cervantes. Pero, ¿qué sería lo que llevaría a

Freud, descubridor del inconsciente y del sujeto, a no dejarse ilusionar

por los engaños del yo y, sin embargo, a dejarse influir por la escritura

de Cervantes?. Escritura que tanto alude a la obra como a la lengua en

que ésta se escribió, ya que ambas son inseparables.

¿Será, tal vez, Don Quijote, una figura del sujeto?. Si no lo fuera, no se

reconocería en él, desde 1605, una nación entera y este sujeto está

escrito en castellano, esa lengua que nació, a partir del latín,

hablándose en la comunidad de Cantabria. Cervantes, ya en el Siglo de

Oro de las letras, escribió en un castellano que se estaba haciendo y

que es conocido como el idioma español en el ámbito internacional.

El Quijote es un libro universal porque tiene un alto significado

simbólico que abarca a la humanidad entera. Don Quijote y Sancho

son la encarnación del eterno diálogo entre el ideal y la realidad y es en

el diálogo, además de en la narración donde el genio de Cervantes

resulta incomparable. Bien se podrá ya pensar que podría resultar, a

todas luces, una temeridad intentar un examen clínico de la locura de

un personaje imaginario como es el Quijote.

La enajenación de Don Quijote es, pues, como ser literario que fue,

absolutamente libresca. Para defenderse de la realidad pasó el

personaje por cuantos aspectos la demencia pueda presentar y la

infinita riqueza del libro se cifra en la variedad y la exactitud con que

Cervantes narra la peripecia psicológica de Don Quijote, a través del

5Maite Fernandez Página 6 31/05/2015

cual y, añadiéndose a la grandeza humanísima del personaje, están

interpretadas, también, según las clasificaciones de los libros de

ciencia, diversas patologías, observadas con intuitiva y genial

exactitud. A Don Quijote se le ha interpretado que presenta,

clínicamente, diversos cuadros sintomáticos: los de un maníaco, un

megalómano, con delirios claramente diversificados, con

desdoblamiento de la personalidad, sobre todo en los primeros

capítulos del libro. Luego, los de un paranoico con delirio persecutorio

y, finalmente, los de un melancólico depresivo.

Es necesario recordar que el personaje principal del libro, en la

Primera parte es un hidalgo manchego de menos que mediana

hacienda que enloquece de tanto leer libros de caballería y que

consigue con sus hazañas nombrarse Caballero en la Segunda Parte.

Las características de la locura de Don Quijote fueron, ante todo, las

del hecho de creer que, cuanto contaban los libros de caballería, era

verdad. Según Cervantes, el hidalgo se enajena, no por una

enfermedad determinada ni por desengaños amorosos, sino,

simplemente, a través de la lectura de un género determinado de libros

romancescos. Es decir, que es una demencia de tipo imaginativo e

intelectual que sólo se manifiesta cuando al hidalgo manchego se le

plantea el tema caballeresco. En todas las demás situaciones es de muy

claro juicio, excesivamente inteligente y supremamente ponderado. En

esto parece ser que Don Quijote era un simple monomaníaco y el

contraste entre sus delirios y su buen juicio, exagerado por la técnica

literaria caricaturesca para acentuar más la sátira, le convierte en un

puro obsesivo.

Como el lector puede comprobar no es la misma locura la que Don

Quijote sufre en la Primera que la que sufre en la Segunda parte.

La razón de este cambio hay que buscarla en la técnica novelística de

Cervantes y en los golpes que de la realidad ha recibido Don Quijote en

la Primera parte. Al comenzar la Segunda parte, Don Quijote es algo

más que una mera figura de ficción. Sus amigos y, también, muchos de

los otros personajes, conocen ya las aventuras de Don Quijote y Sancho

pues corren ya impresas por esos mundos. Precisamente por ello y

gracias al arte de Cervantes, el loco hidalgo de la Mancha y su

escudero son ya personajes famosos y han adquirido mayor volumen

de realidad. Las figuras de Don Quijote y Sancho llegan a ser personas

vivas que saltan, por decirlo así, de la novela para ocupar su puesto en

la vida real y transformarse, finalmente, en inmortales figuras

históricas. A este respecto son interesantes las palabras de Michel

Foucault (1966) cuando estudia el Quijote en el texto: Las palabras y las

cosas. En referencia al personaje escribe:

6Maite Fernandez Página 7 31/05/2015

“Entre la primera y la segunda partes de la novela, en el intersticio de

estos dos volúmenes y por su sólo poder, Don Quijote ha tomado su

realidad. Realidad que sólo debe al lenguaje y que permanece por

completo en el interior de las palabras. La verdad de Don Quijote no

está en la relación de las palabras con el mundo, sino en esta ténue y

constante relación que las marcas verbales tejen entre ellas mismas”.

Del mismo modo se construye la verdad del neurótico en el tratamiento

psicoanalítico: hablando, asociando libremente, diciendo todo lo que se

le vaya ocurriendo, adentrándose en la aventura de hacer la

experiencia de su inconsciente; y la escucha del psicoanalista le abre a

este saber sobre la construcción particular que ha hecho del relato de

su identidad.

Sus historiales clínicos, dice Freud (1895) en la epicrisis del Caso

Elizabeth von R., no tienen el severo sello científico habitual de las

historias clínicas, sino que se acercan más a relatos novelados y nos

aclara que:

“Estos hechos no dependen del observador, sino de la naturaleza de lo

observado. Los síntomas psíquicos no son reductibles a fenómenos

físicos incomprensibles, sino que están dotados de un sentido, bien que

inconsciente, que los hace comprensibles. Aún es más, esta

comprensibilidad se enmarca en la biografía de los pacientes”.

Sin embargo, nos interesará saber de dónde acopió Cervantes sus ideas

sobre la locura. Como era un gran lector se supone que basó su

parodia en El elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1511), que

impregnaba la literatura humanística del momento y que estaba muy

lejos, tal como el propio título sugiere, de hacer cualquier semblanza

entre la locura y la enfermedad mental o las demencias, lo que sería

necesario volver a discriminar en la actualidad.

Asimismo, según los modernos comentaristas, basándose en la

aportación de Rafael Salillas (1905) sobre el gran inspirador de

Cervantes, en la descripción de lo físico y de lo moral, Don Quijote

responde a lo que el doctor Juan Huarte de San Juan escribiera en su

único libro: Examen de ingenios para ciencias donde se demuestra la

diferencia de habilidades que hay en los hombres y el genero de letras

que a cada uno responde en particular (1575) que es uno de los primeros

tratados escritos de psicología pedagógica y, aunque Cervantes no cita

esta obra, parece evidente que la conocía y, posiblemente, llegara a

tratar a su autor en Andalucía, donde este doctor navarro ejercía su

arte.

7Maite Fernandez Página 8 31/05/2015

De entrada, ya la palabra “Ingenioso” viene del concepto de ingenio

que tenía el doctor Huarte, que era como una armoniosa posesión de

todas las facultades intelectivas. Otros autores coinciden en definir al

ingenio como la facultad para discurrir o inventar con prontitud y

facilidad por lo que Noam Chomsky (1968 ) ha divulgado la concepción

huartiana sobre la capacidad inventiva del ser humano. Así que, de

entrada, comprobamos con que fácil ironía aplica Cervantes el

adjetivo “Ingenioso” a Don Quijote en el titulo del libro y ya en su

interior se podrán cotejar innumerables citas que demuestran los

paralelismos en las descripciones de Cervantes y del llamado, también,

Juan de San Juan.

Un texto es el relato de una subjetividad. En este caso: Un escritor

(Cervantes) inventa un personaje (Alonso Quijano) que inventa otro

personaje (Don Quijote) y otro autor (Cide Hamete) cuya obra servirá

como fuente de traducción para la novela del escritor (Cervantes). Se

trata aquí de un procedimiento creativo tendente a ilustrar

literariamente el problema de la realidad y de la ficción. El modo de

ver la realidad depende del narrador en cuanto su decir estructura el

texto. Importa no tanto lo que narra sino como, lo narrado, se

estructura. Don Quijote seduce porque permite percibir la propia

realidad como si fuera ficción y ver lo ficticio de la realidad.

Este libro, valiéndose de la estructura épica y de una desmesurada

libertad en el agregado de sus componentes, destruye la forma de la

novela medieval para recrear el género novelesco de la modernidad. La

estructura de la novela está dada en el origen mítico de la épica. Novela

y mito son dos conceptos sobre los que el psicoanálisis apoya su

experiencia clínica, de manera que ahora voy a pasar a hacer un breve

recorrido sobre ellos.

El psicoanalista Jacques Lacan en su intervención de 1953 sobre El

mito individual del neurótico dirá que:

“si confiamos en la definición del mito como una cierta representación

objetivada de un epos o de una gesta que expresa de modo imaginario

las relaciones fundamentales características de cierto modo de ser

humano en una época determinada; si lo comprendemos como la

manifestación social latente o patente, virtual o realizada, plena o

vaciada de su sentido, de ese modo del ser, es indudable que podemos

volver a encontrar su función en la vivencia misma de un neurótico. En

el seno de la experiencia analítica existe algo que es, hablando con

propiedad, un mito, dado que el mito es lo que da una forma discursiva

a algo que no puede ser transmitido en la definición de la verdad,

porque la definición de la verdad sólo puede apoyarse sobre ella misma

y la palabra en tanto que progresa la constituye, así el complejo de

8Maite Fernandez Página 9 31/05/2015

Edipo, creado por Freud, tiene un valor de mito, sobre la base del cual

se sustenta lo que dará en denominar, en un breve artículo al respecto:

La novela familiar del neurótico”. Obra que Freud publicó en 1908.

A pesar de que se ha sobrevalorado el efecto cómico que puede

producir la lectura del Quijote, Freud (1905) plantea en El chiste y su

relación con el inconsciente:

«El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, es una figura que no

posee humor por sí misma, pero que nos produce, con toda su

gravedad, un placer que pudiéramos calificar de humorístico aunque

su mecanismo se aparta considerablemente del del humor. Don Quijote

es, en principio, una figura puramente cómica, un niño grande, al que

se le han subido a la cabeza las fantasías de sus libros de caballerías.

Sabido es que Cervantes no se proponía otra cosa al emprender su

obra y que ésta superó en mucho las primeras intenciones de su

creador. Más después que el poeta ha adornado a esta ridícula persona

con la más profunda sabiduría y las más nobles intenciones y ha hecho

de él el representante simbólico de un idealismo que cree en la

realización de sus fines, cumple exactamente lo que se supone su deber

y es fiel a la palabra dada, cesa el héroe cervantino de parecernos

cómico”.

Y eso lo podemos pensar precisamente por la referencia al drama

edípico. No debe ser casual esta referencia en su obra ya que para

Freud el chiste es el modelo y el paradigma de toda formación del

inconsciente porque el efecto de un relato que nos hace reir depende

únicamente de las palabras, así que lo paradigmático es la operación

que se produce por la permanencia equívoca de la palabra, en su

vertiente significante, y el deslizamiento del significado. Martí de

Riquer (1967) ya nos dice que el que no se da cuenta de que el Quijote

es un libro divertido lo ha entendido tan poco como el que no repara en

su melancolía.

La otra referencia al Quijote la hace Freud (1901) en Psicopatología de

la vida cotidiana donde transcribe en nota a pié de página una de las

ingeniosas sentencias dictadas por Sancho Panza.

Además de la citada referencia directa a la figura de Don Quijote en la

obra de Freud, asociada a la cuestión del humor, existe otra referencia

indirecta que me parece muy importante señalar por las posibles

derivaciones que se desprendan y que tiene que ver con la

estructuración del personaje literario, en la que Cervantes demostró su

maestría, teniendo en cuenta su lectura por parte de Freud y las

posibles influencias respecto a sus investigaciones sobre las neurosis, ya

9Maite Fernandez Página 10 31/05/2015

que no podemos olvidar que el ingenioso hidalgo es un loco y lo que se

lee es la historia de un loco, porque precisamente cuando Don Quijote

recobra la razón la novela, irónicamente, se acaba.

El neurótico presenta un modo muy especial de relacionarse con los

otros y es bajo la forma de desdoblamiento narcisístico donde yace su

drama, en relación con el cual adquieren todo su valor las diferentes

formaciones míticas, bajo la forma de fantasías o de sueños, pudiendo,

a veces, las construcciones neuróticas del obsesivo confinar con las

construcciones delirantes. Su argumento fantasmático se presenta

como un drama, una gesta, que es precisamente la manifestación de lo

que Lacan (1953) llamó el mito individual del neurótico, eligiendo el

estudio del Hombre de las ratas para ilustrarlo.

Me ceñiré únicamente a la lectura de Freud (1909) que nos presenta El

caso del hombre de las ratas de la siguiente manera:

“Se trataba de un hombre joven que manifestaba padecer de

representaciones obsesivas desde su infancia, aunque recrudecidas en

el tiempo en que acude a su consulta (…)El contenido principal de su

dolencia era el temor de que les sucediera algo a las dos personas a las

que más quería: su padre y una mujer pobre, pero idealizada, a la cual

le consagra un amor cuyo estilo y valor es la forma misma del amor de

la que es capaz el sujeto obsesivo (…), “la dama de sus pensamientos”.

Así la nombrará Freud influído, sin duda, por su lectura del Quijote.

Veamos que nos dice Cervantes. En el primer capítulo de la Primera

parte escribe:

“habiéndosele llenado la fantasía de todo aquello que había leído en los

libros y rematado ya su juicio vino a dar, nuestro hidalgo en el

pensamiento de hacerse caballero andante por lo que estaba muy

puesto en razón que mudando su señor estado, mudase también el

nombre. Puesto primero nombre a su rocín, quiso ponérselo a si

mismo, viniéndose a llamar Don Quijote de la Mancha, entonces dió a

pensar que ya no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien

enamorarse (…) Y fue a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo

había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo

anduvo enamorado, aunque según se entiende, ella jamás lo supo ni se

dió cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo y a ésta le pareció ser bien

darle título de señora de sus pensamientos”.

Denominación que emula la propiamente utilizada en la literatura

caballeresca.

10Maite Fernandez Página 11 31/05/2015

El rasgo de identidad de Dulcinea del Toboso es la capacidad de deseo

que suscita porque no puede ser alcanzada. Aldonza es el alter ego,

sólo objeto para construir el mito y Dulcinea nace para dar estamento

de realidad a Don Quijote, el doble de Alonso Quijano. Quizá, la bella

inexistente más que una idealización de la mujer, como ha podido

interpretarse, sea una glorificación del amor como único medio para

sentirse vivos. Porque, para Don Quijote, un caballero andante sin

amor es lo mismo que un cuerpo sin alma. Dulcinea figura la imagen

del amor que es razón de vida y su deseo el motor del caminar del

hidalgo que muere al poco de abandonar la caballería andante.

Cervantes marcó un hito y Freud marcó otro hito. Sólo los genios

consiguen tener esa influencia, escribiendo y reescribiendo la historia

de la humanidad, dejando surcos y creando caminos. Otros los

transitamos. En cierto sentido, el Quijote escapó de las manos del autor

y ha recorrido caminos imprevisibles.

“Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar”.

Antonio Machado en Campos de Castilla

(1907-1917)

Maite Fernández Soriano

Barcelona (España)

E-mail: maiferso@copc.es

Bibliografía

CHOMSKY NOAM, A. (1968). El lenguaje y el entendimiento.

Barcelona: Seix Barral, 1977

DE CERVANTES, MIGUEL (1605). Primera parte del Ingenioso

Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Obras Completas. Madrid: Aguilar

Ediciones, 2003. Tomo I

– (1615). Segunda parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la

Mancha. O. C. I

– (1613). Las doce Novelas ejemplares. O. C. I

DE ROTTERDAM, ERASMO (1511). Elogio de la locura. Santander:

Cantábrico de Prensa, S. A., Biblioteca Alerta, 1993

11Maite Fernandez Página 12 31/05/2015

DE RIQUER, MARTÍ (1967). Aproximación al Quijote. Barcelona: Ed.

Teide, 1993

FERNÁNDEZ DE AVELLANEDA, ALONSO (1614). Don Quijote de

la Mancha. Madrid: Espasa Calpe, S. A., 1972

FREUD, SIGMUND (1966). Epistolario (1873-1939). Madrid:

Biblioteca Nueva, 1996

FREUD, SIGMUND (1989). Cartas de juventud. Con correspondencia

en español inédita. Barcelona: Gedisa Editorial, 1992

FREUD, SIGMUND (1895). Estudios sobre la Histeria. Obras

Completas. Madrid: Biblioteca Nueva, 1973., Tomo I

– (1901). Psicopatología de la vida cotidiana. O. C. I

– (1905). El chiste y su relación con el inconsciente. O. C. I

– (1908). La novela familiar del neurótico. O. C. II

– (1909). Análisis de un caso de Neurosis Obsesiva. Caso “El hombre de

las ratas”. O. C. II

– (1924). Autobiografía. O. C. III

FOUCAULT, MICHAEL (1966). Las palabras y las cosas. Madrid:

Siglo veintiuno Editores, S. A., 1972

HUARTE DE SAN JUAN, JUAN (1575). Examen de Ingenios para las

ciencias. Barcelona: Edición digital del Colegio Oficial de Psicólogos de

Cataluña. Abril, 2013

LACAN, JACQUES (1985). El mito individual del neurótico en

Intervenciones y textos. Buenos Aires: Ediciones Manantial, S.R.L.,

1985

MACHADO, ANTONIO (1940). Poesías Completas. Madrid: Espasa

Calpe, S. A. Colección Austral, 1971

SALILLAS, RAFAEL (1905). Un gran inspirador de Cervantes: el

doctor Juan Huarte y su Examen de Ingenios. Pamplona: Analecta

Editorial, 2003

SPITZER, LEO (1948). Perspectivismo lingüístico en El Quijote, en

Lingüística e Historia Literaria. Madrid: Gredos, 1955

12Maite Fernandez Página 13 31/05/2015

13

Umbral
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.