PRIMERA REUNION 6/11/17

LA IDENTIFICACION EN FREUD

En esta reunión haremos un recorrido de la noción de identificación en la obra

freudiana, comenzando con las primeras alusiones que Freud hiciera en las cartas

destinadas a Fliess -en las que poco distingue la identificación de una mera imitación-

hasta Psicología de las masas y análisis del yo”, texto en el que realiza su máximo

esfuerzo de formalización teórica respecto de este concepto, y en donde esboza la idea

del einziger zug, traducido por Lacan como rasgo unario.

Si bien son varios los textos a revisar, sugerimos sobre todo tener presente el punto VII

“La identificación”, de Psicología de las masas y análisis del yo.

A cargo de Laura Frucella

PRIMERAS REFERENCIAS

La primera vez que Freud utiliza el término es en la carta 53 dirigida a Fliess, en 1896.

Está tratando de explicar diferentes fobias en las neurosis, en este caso, de

AGORAFOBIA: “Así, por ejemplo, pude confirmar una antigua sospecha sobre el

mecanismo de la agorafobia en la mujer. Tú mismo la podrás adivinar si piensas en las

mujeres públicas. Es la represión del impulso de juntarse con el primero que se les cruce

en la calle: envidia de la prostituta e identificación con ella.”

Más adelante, en la carta 58:

“Mi último resultado es la explicación del espasmo tónico histérico: es la imitación de

la muerte con rigidez cadavérica; es decir, la identificación con un muerto. Si la

paciente tuvo oportunidad de ver un cadáver, yace con los ojos vidriosos y la boca

abierta; de lo contrario, queda simplemente acostada, tranquila y apacible.”

Un año después, en 1897, en el Manuscrito N, habla de la identificación ante la pérdida

de los padres:

“Una de las manifestaciones del duelo consiste entonces en autoacusarse de su muerte

(lo que denominamos «melancolía») o en castigarse de manera histérica, afectándose

con los mismos estados que ellos sufrían, de acuerdo con el principio de la expiación.”

Es decir, se trata de la identificación que está presente en la melancolía, -y en algún

modo en el duelo, pero habrá que esperar hasta “Duelo y melancolía” para que esto se

formalice. En este momento, lo importante es que Freud dice que se trata de un “modo

1de pensamiento, y no nos exime de la necesidad de buscar la motivación.”, con lo cual

se distancia de la idea de una simple imitación. Luego dice que “la formación de

síntomas por identificación depende de las fantasías”. Reparemos en que este “modo de

pensamiento”: la palabra alemana gedanken, no equipara pensamiento a conciencia sino

todo lo contrario, se trata, como se ha dicho, de “pensamientos sin pensador”.

Vemos que Freud repara, al principio de su recorrido, fundamentalmente en la

identificación respecto de dos situaciones:

1. una en la cual el sujeto establece una conexión inconsciente de su deseo respecto

a otro sujeto, a partir de lo cual se identifica (modelo de la prostituta, agorafobia.

De este modo, la identificación ocupaba un lugar importante en la formación de

síntomas histéricos). Es lo que podríamos llamar IDENTIFICACION

HISTERICA

2. El otro que tiene que ver con acaparar el síntoma del objeto amado perdido

(duelo).

EN LA INTERPRETACION DE LOS SUEÑOS

La identificación histérica sigue siendo el modelo, lo vemos en la Interpretación de los

sueños cuando analiza el Sueño que Lacan llama “de la bella carnicera”.

Recordémoslo rápidamente: una mujer, esposa de un vendedor de carnes, sueña que

quiere dar una fiesta en su casa pero sólo tiene un poco de salmón ahumado. Quiere ir a

comprar más comida para dar la fiesta, pero es domingo, y están cerrados todos los

negocios; quiere pedir por teléfono a proveedores pero el teléfono está descompuesto. A

partir de esto, la soñante le quiere rebatir a Freud la idea de que los sueños son

realizaciones de deseos, puesto que es precisamente el deseo de dar la comida el que

queda irrealizado en este sueño.

La solución del sueño la aportan sus asociaciones: tiene una amiga delgada, a la cual su

marido ha alabado, que le ha dicho “Qué bien se come en vuestra casa, ¡cuándo

volverán a invitarnos!”. Deseo de no satisfacer a su amiga, pues no desea contribuir a

que se vuelva más deseable aún para su marido, a quien le gustan las mujeres redondas.

Además el salmón ahumado es el plato preferido de su amiga, así como el suyo es el

caviar, y suele pedirle a su marido que no se lo regale, de modo tal de poder seguir

deseándolo. Ella y su amiga se privan de un objeto oral que les apetece, el salmón

ahumado, el caviar – y por supuesto, de dar la cena-.

Dice Freud: “es su propio deseo que a su amiga se le niegue un deseo —el de que su

cuerpo prospere—. Pero en lugar de ello sueña que a ella misma no se le cumple un

deseo. El sueño cobra una nueva interpretación si no alude ella a sí misma sino a su

amiga, si se ha puesto en el lugar de esta o, como podemos decir, se ha identificado con

2ella.” Al no dar la comida, por un lado no favorece a su amiga el engordar, y por otro se

coloca en su misma posición, de mujer con deseo insatisfecho. “Ella se pone en el lugar

de su amiga en el sueño porque esta última le ocupa su lugar frente a su marido, y

porque querría apropiarse del sitio que la amiga está ocupando en la estima de su

marido.”

Freud comienza a hablar de la identificación como mecanismo de los síntomas

histéricos, que no es la mera imitación histérica (capacidad para copiar los síntomas que

les ha impresionado en otros). La imitación consiste en un proceso secundario que

responde a un “proceso inconsciente de razonamiento” (gedanken). Lo mismo en un

fenómeno de “infección psíquica”, por ejemplo, convulsiones replicadas entre mujeres

en una sala de hospital. Freud dice que “las enfermas saben más unas de otras que los

mismos médicos”, con lo cual señala que se trata de algo del orden del saber

inconsciente, un razonamiento que no llega a la conciencia: “Si por una causa así puede

una tener tal ataque, puede sobrevenirme a mí también, pues tengo iguales motivos».

“Si ese razonamiento fuera susceptible de conciencia, quizá desembocaría en la angustia

de que le sobrevenga un idéntico ataque; pero se cumple en otro terreno psíquico, y por

eso acaba en la realización del síntoma temido. Por tanto, la identificación no es simple

imitación, sino apropiación sobre la base de la misma reivindicación etiológica; expresa

un «igual que» y se refiere a algo común que permanece en lo inconsciente

En La interpretación de los sueños, la identificación es también un mecanismo de la

formación de sueños:

“Es la relación de la semejanza, la concordancia, el contacto, el «así como», que en los

sueños puede figurarse como ninguna otra con diversos medios. (…) Semejanza,

concordancia, comunidad son figuradas por el sueño en todos los casos por reunión en

una unidad que ya estaba dada en el material onírico o que se crea nueva. Al primer

caso puede llamárselo identificación, y al segundo, formación mixta.”

“La identificación consiste en que sólo una de las personas enlazadas por algo común

alcanza a figurarse en el contenido [manifiesto] del sueño, mientras que la otra u otras

parecen sofocadas para él” . “…la identificación o la formación de una persona mixta

sirve en el sueño a diversos fines: en primer lugar, a la figuración de algo común a las

dos personas; en segundo lugar, a la figuración de una comunidad desplazada, y por

último, a la expresión de una comunidad meramente deseada.”

La identificación como mecanismo en la formación de síntomas está muy presente en el

Caso Dora, en el que Freud va tomando nota de las distintas identificaciones (a la prima,

a la madre, al padre, a la señora K), pero no hay allí un trabajo de formalización

conceptual.

3En TOTEM Y TABU (1913) y TRABAJOS SOBRE METAPSICOLOGIA (1914/16)

En Tótem y tabú (1913) Freud desarrolla el mito del padre de la horda primitiva. El

padre del clan u horda, en un estado pre civilizatorio muy cercano al de las manadas de

animales, disponía de la totalidad de las mujeres, tal como lo hace el macho más fuerte

de una manada. Los otros machos mataron al padre para poder acceder a las mujeres y

escapar de su tiranía, y lo devoraron (canibalismo/fase oral) pero de ello resultó una

culpa que devino en ley, en prohibiciones de asesinato e incesto. El poder del padre

estando muerto llega a ser superior al que poseía en vida. En eso consiste la obediencia

de efecto retardado: se lo obedece cuando ya está muerto, luego de haberlo eliminado.

Hay una identificación con el padre muerto por introyección. En las religiones

totémicas, había fiestas donde se comía al animal totémico y luego se lloraba. Toda la

tradición de la fiesta, las celebraciones báquicas, tienen que ver con un sacrificio, una

incorporación oral, la culpa y el arrepentimiento. Aquí es particularmente importante la

ambivalencia en relación a ese padre, amado y odiado, que se incorpora por devoración

y con el cual el sujeto se identifica.

Esta clase de identificación es tenida en cuenta cuando, en 1915, Freud hace un

agregado a “Tres ensayos de teoría sexual”, para hablar de la fase oral o canibalística

como aquella donde la actividad sexual no se ha separado aún de la nutrición y la meta

sexual consiste en la incorporación del objeto, “el paradigma de lo que más tarde, en

calidad de identificación, desempeñará un papel psíquico tan importante”.

En “Duelo y melancolía”, Freud reitera algo que había subrayado, para esas mismas

fechas, en “Pulsiones y destinos de pulsión”: que la identificación es la etapa previa de

la elección de objeto y es el primer modo, ambivalente en su expresión, como el yo

distingue al objeto” (al cual se lo quiere incorporar por devoración).

En este texto, es notable un tipo de identificación que remite a la pérdida del objeto

amado y su introyección en el Yo. La famosa frase “la sombra del objeto ha caído sobre

el yo”, habla de una relación de objeto transformada en identificación. Si la

identificación es el primer lazo del yo a un objeto -como había dicho en Duelo y

melancolía- entonces se trata de una regresión al estadio primero, el de la identificación.

El melancólico retira la libido del objeto pero, a diferencia del duelo normal -en el cual

la libido se desplaza a otros objetos- lo reconstruye en el interior de su propio yo, el que

resulta «tratado como lo sería el objeto resignado y sufre todas las agresiones y

manifestaciones de venganza que estaban reservadas a aquel» (Duelo y melancolía).

Esto es así relativamente, porque en los duelos no patológicos también se retienen

rasgos de objetos perdidos, y de aquí que Freud diga que el yo es un “precipitado de

identificaciones”. Entonces, a partir de una identificación primaria -que es esta que va

por la vía oral- se establece un núcleo en el que luego abrevarán las identificaciones

secundarias, edípicas, etc.

4Hasta aquí, podríamos decir que Freud le llama identificación a tres procesos muy

diferenciados.

Uno: sobre la base de un deseo en común, dos sujetos establecen una ligazón, que

consiste en que uno se apropia del síntoma del otro. Se trata de la identificación

histérica.

Dos: el yo se constituye mítica, primariamente, por el lazo de identificación con otro

objeto al que se lo incorpora por devoración, como en el mito de Tótem y tabú.

Identificación primordial

Tres: esta tiene relación con la anterior. Cuando un objeto se pierde, la libido asociada a

él no se desplaza hacia otros objetos sino que el objeto queda asimilado en el yo, y, en el

caso de la melancolía, desde allí recibe todos los reproches del superyó. Es la

identificación narcisística, que es regresiva.

CAPITULO 7 de PSICOLOGIA DE LAS MASAS

En este texto, Freud intenta recapitular y ordenarse respecto de todas las diferentes

identificaciones que ha podido consignar.

Comienza diciendo que la identificación es “la más temprana exteriorización de una

ligazón afectiva con otra persona” cosa que ya hemos comentado.

Pero rápidamente pasa a hablar de identificaciones edípicas; concretamente de la

relación del varón con el padre como ideal en el Complejo de Edipo. Se trata de una

identificación que al padre “lo toma como modelo”, introduciendo la cuestión del Ideal

del yo, que coexiste con la relación de objeto (investidura sexual de objeto) respecto del

progenitor de sexo contrario, la madre.

De esta identificación con el padre es difícil decir si concuerda con aquella de Totem y

tabú -que es una especie de identificación primordial- o si se trata de una identificación

que viene en segundo tiempo, es decir, secundaria. Podríamos responder que Freud la

hace coincidir más o menos con aquella identificación mítica. Entre otras cosas, porque

parte de una ambivalencia -que puede acentuarse o reemplazarse por mociones tiernas-

y porque Freud dice que es un retoño de la fase oral en la que el objeto es

canibalísticamente incorporado.

De esta identificación con el padre dice que puede sufrir el destino contrario: en el

Edipo invertido, la identificación se convierte en relación de objeto, entonces el padre

pasa del lugar de modelo (aquel a semejanza del cual se quiere ser) al de objeto (aquello

que se quiere tener).

Luego pasa a considerar un caso: una niña que copia el síntoma de tos de su madre. En

ese caso, la niña pretende sustituir a su madre como objeto de amor del padre, y debido

a que se culpa por ello, se carga del padecimiento de esa a quien quisiera eliminar. Aquí

se trata de una identificación histérica, pues hay en la base un deseo en común, el amor

por el mismo hombre. Pero al mismo tiempo, dado que en un primer momento (pre

5edípico) la madre fue efectivamente el primer objeto amado, también se trata de una

identificación regresiva.

Freud agrega el caso de Dora, que copia el síntoma del objeto amado, el padre, y por

ello dice que esta identificación puede copiar el síntoma de la persona amada u odiada

(que siempre es una persona que fue amada en otra época, no hay que perder de vista la

ambivalencia constitucional de toda relación de objeto).

Y entonces introduce el famoso Einziger zug, que Lacan ha llamado trazo único, o

rasgo unario. “Y tampoco puede dejar de llamarnos la atención que, en los dos (se

refiere a la identificación con el objeto amado u odiado), la identificación es parcial,

limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto”.

Volveremos a ello.

Luego vuelve a la identificación histérica, que en rigor es la primera de la cual Freud se

hubo percatado, en este caso se trata de la “infección psíquica”: una chica de un

pensionado recibe una carta de su novio secreto que le suscita un ataque de celos, y

otras sufren el mismo ataque. “El mecanismo es el de la identificación sobre la base de

poder o querer ponerse en la misma situación.”, es decir tener ese amor secreto, y la

copia del síntoma sería, como en el caso de la niñita que copia la tos de la madre, por

culpa hacia el impulso hostil de acaparar su lugar”. Freud advierte que no debemos

creer que el ataque se propaga por empatía, antes bien, es al revés, la empatía nace de la

identificación, donde uno de los dos yoes percibe una analogía con el otro y crea la

identificación en un punto de coincidencia que queda reprimido.

Freud recapitula: “en primer lugar, la identificación es la forma más originaria de

ligazón afectiva con un objeto;

en segundo lugar, pasa a sustituir a una ligazón libidinosa de objeto por la vía

regresiva, mediante introyección del objeto en el yo, por así decir;

y, en tercer lugar, puede nacer a raíz de cualquier comunidad que llegue a percibirse en

una persona que no es objeto de las pulsiones sexual”.

Los dos casos de identificaciones que comenta finalmente, son variantes de estas tres.

Freud se detiene en la génesis de la homosexualidad masculina: la relación de objeto

establecida con la madre, retrocede hasta la identificación, y desde ese lugar, el varón

busca objetos parecidos a los que él era para la madre, de modo tal de poder amarlos tal

como la madre lo amó a él. Lo interesante de esta identificación es que no produce un

síntoma sino una “transmudación” del yo a nivel de un elemento muy importante, el

carácter sexual.

Vuelve a tomar luego el caso de la melancolía, donde también hay una identificación

regresiva, pero ese objeto introyectado en el yo hace que la instancia crítica, el superyó,

le dirija los más crueles reproches al yo. Freud aprovecha aquí para hacer una reflexión

metapsicológica en la vía de la segunda tópica: “en nuestro yo se desarrolla una

instancia así, que se separa del resto del yo y puede entrar en conflicto con él. La

llamamos el «Ideal del yo», y le atribuimos las funciones de la observación de sí, la

conciencia moral, la censura onírica y el ejercicio de la principal influencia en la

6represión. Dijimos que era la herencia del narcisismo originario”. De modo tal que en la

génesis del Ideal del yo, las identificaciones tienen una función primordial.

En el siguiente capítulo, Freud tratará otra variedad de identificación: aquella en la cual

los miembros de una masa se identifican entre si al colocar al líder en el lugar del ideal

del yo.

DOS CUESTIONES MAS

Nos encontraremos muchas veces con las expresiones “identificación primaria,

secundaria, terciaria”, o bien primera clase, segunda, tercera. Ha sido Lacan quien las ha

ordenado así en Freud (porque él luego hace otras torsiones con el tema de la

identificación, si es imaginaria, simbólica, hasta real…)

-La que sin duda hay que llamar primaria o primordial, es la identificación como

“forma originaria de relación con el objeto”, y que tiene que ver con la incorporación

oral, con el mito freudiano de Totem y tabú y por lo tanto con el padre, pero no con el

padre edípico de la novela del neurótico, sino como una suerte de proto instancia de la

ley, de la cultura. Si repasan la clase 25 del Seminario 8, La transferencia, verán que

Lacan dice que Freud la ubica como algo que ocurre dentro del desarrollo, esto es,

previo al establecimiento del Complejo de Edipo y no meramente como suposición

lógica. Lacan destaca que Freud dice que es una identificación “exquisitamente viril”.

No digo que esté clínicamente fundada, dice Lacan, pero señala que no es una

extravagancia, que es necesaria.

– La que llamamos secundaria porque implica la transformación de la relación de

objeto en identificación, por lo cual se llama regresiva. Acá, dice Lacan, entendemos

por qué Freud tenía necesidad de establecer esa otra identificación como originaria,

puesto que si no fuera por ella, no podría hablarse de regreso. En ella lo que cuenta es

un rasgo, el Einziger zug, ya que el objeto queda reducido a una marca.

-Terciarias serían todas las otras identificaciones que se dan en la vida, que no son más

que ecos de estas y que proceden como la identificación histérica, esto es, a partir de

deseos en común con otros sujetos. Acá podemos ubicar tanto la infección psíquica o

contagio histérico como los fenómenos de masa.

EINZIGER ZUG

A partir de una expresión de Freud en el artículo que acabamos de trabajar, “La

identificación,”, Lacan edifica toda una fundamentación en confluencia con su noción

de significante.

Freud venía hablando de la segunda variedad de identificación, es decir, la regresiva, en

el caso de la niña que copia el síntoma de la madre. La frase de Freud es: “Y tampoco

puede dejar de llamarnos la atención que, en los dos (se refiere a la identificación con la

persona amada, el padre, o la odiada y rival, la madre) la identificación es parcial,

limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto.”

7Einziger podemos traducirlo como solo, único, y zug en realidad es la palabra que en

alemán se usa para “tren” pero es también detalle, en todo caso también trazo.

Lacan señala que la identificación por “ein Einziger zug”, esto es, por un rasgo único,

funciona tanto en la identificación primordial como en la regresiva.

En el Seminario 9, que es el que estamos trabajando ahora en Umbral, hay un desarrollo

exhaustivo de este tema, de acuerdo a todas las conclusiones y funciones que Lacan le

hace soportar. Lo traduce como “trazo único” (trait unique) y posteriormente decide

cambiar a “trazo unario” (trait unaire).

Guy le Gaufey dice que Lacan funda así una especie de “atomística” del significante,

que luego también estará presente en la noción de letra.

El término “unario”, explica Lacan, no es un neologismo: está tomado de las

matemáticas, de la teoría de conjuntos. Unario sería un sistema de numeración de base

uno, como binario es de base dos y ternario, tres. El sistema de numeración unario es el

que utiliza una única cifra– la más común es el trazo vertical– para componer un

número, el cual se verá representado por la reproducción del trazo tantas veces como lo

indique (cuatro trazos para el número cuatro, cinco trazos para el número cinco, etc.).

Así, unario remite más directamente a “unidad”, aquello cuyo rasgo principal es ser

uno, y los trazos del sistema de numeración unario son los bâtons, traducido al

castellano como “palotes”, a los que Lacan hace mención una y otra vez en este

seminario. Los “palotes”, juega Lacan, los pone el maestro al alumno cuando lo califica

con un Uno o cuando lo manda a hacer penitencias (“usted me hará cien líneas de 1”).

Lo que hay en ese trazo único atañe a la unidad, pero de ningún modo a la totalidad que

encontramos en “el uno de Parménides ni el uno de Plotino”. Más adelante en su

enseñanza, Lacan opondrá “unario” a “uniano”, que remite, a mi entender, a aquello que

ha formado un todo mediante unificación.

Para poder entender qué encuentra Lacan en esta idea de identificación por un rasgo

único del objeto, viene bien repasar la clase 24 del Seminario 8. Acá Lacan repara en

que esa identificación puede llamarse parcial porque no implica al objeto en su totalidad

sino “por rasgos aislados, por rasgos cada uno únicos”. Importante, puesto que aunque

digamos trazo único no es sólo uno, de allí la modificación posterior a “unario”.

Lacan dice en esta clase que esto converge con su noción de significante aunque no es

estrictamente hablando un significante, antes bien, un signo.

En esta clase explica que el rasgo único puede ser la mirada del Otro que sostiene al

sujeto en el estadio del espejo. Se interioriza al Otro por medio de ese signo, esa mirada,

por lo cual no hay necesidad de una “introyección masiva”. “Este punto I mayúscula del

rasgo único, ese signo del asentimiento del Otro.” De allí que estos Einziger zug serán

las insignias del sujeto a nivel del Ideal del yo.

8Hay cosas que se aclaran a través de múltiples lecturas, y a mí me resulta muy claro que

esta idea de un objeto reducido a un rasgo es algo que está presente en toda la obra de

Freud. Desde la Interpretación de los sueños, cuando dice que en los sueños, así como

en los jeroglíficos, los elementos pierden su valor figural y pasan a tener valor de signo.

Lacan lo toma y lo conjuga con Saussure, en donde también aparece la idea de que en la

lengua los juegos de identidades y diferencias no tienen nada que ver con las vicisitudes

materiales, y de allí los múltiples ejemplos donde un elemento no se confunde ni se

altera por sus diferentes “manifestaciones” (el famoso expreso Ginebra-Paris 8.45 de la

noche, la calle reconstruida o el caballo de ajedrez).

En este mismo seminario, más adelante, Lacan hablará del objeto reducido a una huella

para la mirada del cazador, y explica el pasaje de la naturaleza a la civilización cuando

el hombre se hace “lector” de las huellas de los animales, esto es, puede deducir a partir

de una huella la presencia de un objeto.

El trazo unario es lo que permite borrar al objeto y a la vez inscribirlo, nos permite

hablar de trenes que salen a cierta hora y rumbo a cierto lugar sin que tengamos que

detenernos a concebir el ser material de ese tren, sus metales, las personas que los

conducen, etc. El rasgo unario no es en sí el significante sino lo que lo hace posible,

esto es, su soporte.

9

Umbral
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