Laura Kait
Voy a comenzar con unas palabras de Alan Bennet1, que comparto
plenamente y que me expresan:
Los mejores momentos de la lectura son aquellos en que te encuentras con
alguna cosa –un pensamiento, una sensación, una manera de ver- que hasta
el momento te pensabas que era íntimamente personal, que sólo era tuya. Y
ahora lo encuentras plasmado por otro, una persona que ni tan solo conoces o,
incluso hace mucho que ha muerto. Y es como si hubiese aparecido una mano
que coge la tuya.
Pero además, si aquella autora a quién leo es una amiga, sé que muchas
veces, en innumerables ocasiones nos hemos cogido de la mano para
acompañarnos en la vida. Y, esta mano lectora sólo ha sido una más, cogerse
de la mano, o en este caso, cogerse del saber de la otra para en cada uno de
esos momentos en que nos decimos “me miras el texto, me lo corriges, me
dices qué te parece” leernos una vez más. Muchas veces he pensado e
incluso escrito que el acto del analista no es de escucha sino de lectura.
Compartimos, hace treinta años, los avatares de este acto con Graziella
Baravalle, como también compartimos el amor por la literatura y la pasión por
Marai, los tres Roth, Singer, Auster y todos los otros. Y entonces me elige
como lectora para este evento y se me ha ocurrido pensar en la amistad como
producto y productora de lecturas. Varias veces hemos comentado con
Graziella que en psicoanálisis no se habla de los amigos, no se piensa mucho
la amistad y no se si tendré mejor ocasión que esta.
Freud habla mucho de sus amigos en su obra y los va teniendo a lo largo de su
vida como interlocutores privilegiados, pero poco habla de la amistad y donde
lo hace es en “Malestar en la cultura”2:
El amor genital lleva a la formación de nuevas familias; el fin inhibido a las
“amistades” (y pone la palabra entre comillas) que tienen valor en la cultura
pues escapan a muchas restricciones del amor genital, como, por ejemplo, a
su carácter exclusivo.
Luego de decir esto plantea el divorcio (y usa esta misma palabra) entre el
amor familiar y la cultura porque uno se opone a los interesas del otro, dado
que uno es endogámico, de vínculos excluyentes en contra de lo que la cultura
promueve: la reunión de las personas en amplios círculos de acción y
1 Autor teatral inglés. Escribió Prick up your ears, película dirigida por Stephen Frears, basada en la vida
de Joe Orton. Y también de Los chicos de Historia, dirigida en Barcelona por Josep Ma. Pou, quien cita
estas palabras en el programa.
2 S. Freud, Malestar en la cultura 1930. Ob. Completas.
1producción. En cambio todos sabemos por propia experiencia que con los
amigos se comparten aficiones de lo más variadas, el cine o el foot-ball; las
buenas comidas, la política, los viajes o el psicoanálisis; diversos tipos de
producciones culturales. Y en las relaciones con los buenos amigos, con los
más entrañables, con aquellos cuya palabra es necesaria en nuestras vidas,
no sólo se comparten espacios sino que también se producen. En este sentido,
pienso que una de las condiciones para ser un buen analista, en mi
experiencia, es haber tenido y tener buenos amigos.
No hay mejor ejemplo de esto que UMBRAL, esta reunión de hoy, sin ir más
lejos, que ha tenido origen en las charlas con amigos, muchos de los cuales
están aquí… aún. Y este aún no es del orden del goce sino del placer de la
producción, la creación y otras lecturas3 (como diría Carlos Rey)
El vínculo con los amigos está marcado por el consenso, sólo posible por fuera
de lo pasional. El amor de pareja las más de las veces está marcado por un
sin-senso, a pesar de ser el que más se siente por estar allí los cinco sentidos
incluidos. Entre los amigos, también están los sentidos pero rebajados en sus
niveles pulsionales (inhibidos en sus fines) y el sentido se significa hacia otras
vertientes, primero y ante todo el sentido del humor, luego la razón, la
capacidad para entender y pensar, el criterio e incluso muchas veces una
dirección, una relación con sentido hacia. Los buenos amigos suelen ser esas
flechas que en la vida nos van diciendo hacia donde rumbear o incluso si es
necesario detenerse.
Y tenemos amigos desde muy pequeños. Se trata del encuentro, la
contingencia, con aquellas personas que nos arrancan de la endogamia del
discurso familiar y nos muestran la vida de otra manera, del otro lado del
umbral de la puerta de casa. Sabemos, por la experiencia de cada uno, que
hay diversas clases de amigos, están aquellos con los que compartimos
actividades y juergas. Los colegas o con los que nos divertimos. Luego están
los que además de esto, tienen para nosotros una voz y una palabra
imprescindibles, esos que nos hacen seres privilegiados sólo con su presencia.
En el decir de Lacan4
, la valentía para soportar la intolerable relación con el
ser supremo es lo que hace que los amigos, los filoi, se reconozcan y se elijan.
No hay relación sexual es lo intolerable, nuestro destino común. Posible es lo
que hay, el encuentro, el amor a sabiendas de que el ser tiene poco de
supremo tal vez sólo lo que le permitamos. Entonces, quizás, no siempre sea
la valentía lo que reúne a los amigos, también hay amistades cobardes, no
sólo entre cobardes.
Hasta aquí tenemos planteados dos amores, el genital o de las familias y el
amor coartado en sus fines o de los amigos. Ahora hemos de incluir el amor
por excelencia en psicoanálisis, este tercer amor que es el de transferencia. Y
en más de un sentido llegará a la vida de un sujeto como tercero.
Se trata de un amor desequilibrado aunque nada loco, sólo ama uno de los
dos. El otro partenaire se deja. Según Lacan5 lo piensa, en el análisis que
3 Otras Lecturas II, edición de los textos de Carlos Rey publicados mensualmente en la Revista del
Colegio de Psicólogos de Barcelona
4 J. Lacan, Seminario XX, Aún. Cap. La carta de amor, pag. 103, Ed. Paidós, Barcelona, 1981
5 J. Lacan, Seminario VIII, La transferencia. 1960. Ed. Paidós, Barcelona, 2003.
2hace del Banquete de Platón, esto pasa también en el amor de pareja donde
uno ama y otro es el amado, pero digamos que el desequilibrio no es tan
imprescindible y mucho menos conciente y a sabiendas.
En el amor de pareja el amor se siente, y no importa en lo más mínimo qué se
sabe de su causa. En cambio, es condición para que un análisis sea posible
que el amor de transferencia entre en juego y sólo uno sabe que esto está
sucediendo, incluso cuando y qué hacer con ello. Justamente, saber y causa
serán los dos elementos que quedan del lado del analista6 en el discurso que
le pertenece.
Y es aquí donde elijo ubicar los textos de Graziella. Se trata de cinco escritos
clínicos, de cinco casos editados en francés en La Clinique Lacanienne7
,
siguiendo una práctica comenzada hace más de 25 años en los escritos que se
pueden leer en Apertura, Cuadernos de Psicoanálisis, por donde también
transitamos juntas.
Lo primero que señalaré de estos textos es algo que normalmente está al final:
las citas y los pies de página, donde encontraremos analistas postfreudianos y
postlacanianos citados sin fanatismo marcado por escuela alguna. Es decir
que se trata de alguien que lee por su cuenta y a quien no le dicen lo que se
debe leer, lo cual si bien es una obviedad en un adulto, resulta que no lo es
cuando ese adulto se inscribe en determinadas instituciones escolares.
Luego están las otras citas: Pizarnik, René Tostain, Anne Carson, Enrique Vila-
matas, Murakami, Kafka, García Márquez, Gide…
Si una de las cosas que hay que tener para ser un buen analista son buenos
amigos, algo que hay que tener para poder escribir es amor a la literatura. No
sólo saber leer en la escucha, sino saber leer poesía, novelas, cuentos.
Disfrutar horas y horas leyendo ficción. Cuando se escribe sin saber leer el
resultado suele ser ilegible, esto lo piensan casi todos los escritores y vale
también para los analistas que escriben.
Graziella escribe la transferencia y si hay algo que pueda llamarse un estilo en
la escritura psicoanalítica, sería éste, saber escribir la transferencia en la
construcción de cada cura.
Existe el relato de un caso, hay un profesional que cuenta lo que sucede en las
sesiones, que recorta del discurso del paciente lo más significante, que nos
puebla el relato de formaciones del inconsciente sugerentes, cuando no de
actos o historias escandalosas, como suelen ser siempre los fantasmáticos. Se
hacer oir al analizante. También existe el profesional que puebla lo
fenomenológico de citas y más citas de los textos de Lacan o de Freud según
toque, y nos hace escuchar lo que otros han dicho o pensado. Y también
encontramos en psicoanálisis el estilo del ensayo académico que queda del
lado del discurso universitario.
Ninguno de estos es el estilo de Baravalle, ella construye con su escritura el
relato transferencial, su propia puesta en juego en el análisis de cada sujeto.
6 J. Lacan, Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis, 1969. Ed. Paidós, Barcelona 1992. Donde Lacan
plantea los cuatro discursos. Ver discurso analítico
7 La Clinique Lacanienne. Revue internacional. Ediciones Érès, Francia.
3Tal como lo dice en el caso Hombre huyendo- hombre acostado8 “un
laboratorio de las pulsiones”, donde el analista estará allí para soportar lo que
le echen y a la vez para poder esquivar el golpe y dejar al sujeto
interrogándose hacia quien va dirigido.
En sus cinco textos hay un recorrido por diversos momentos cruciales, y temas
fundamentales que señalaré muy brevemente, sólo para despertar, espero
interés en su lectura.
Este Hombre huyendo del ojo persecutorio de un padre descalificador, al
Hombre acostado que en el diván del analista se autoriza pintor. Texto donde
podemos leer cómo una sublimación paralizada puede producir a partir de la
cura.
En De la fobia al desistimiento. Una dificultad en la dirección de la cura9
.
Graziella no tiene ninguna dificultad en mostrarnos los ostáculos y
estancamientos que se producen en un análisis, momentos de los cuales, a
veces, no sabemos cómo salir hasta que se encuentra la manera, por ejemplo,
con un acto sobre el dispositivo.
Pegan a una mujer. Interpretación y Pulsión10
, es un texto modélico en cuanto
al trabajo con una mujer maltratada que viene del recorrido con otra analista a
la que ha dejado cuando le dijo “Ud. Se equivoca para que él la maltrate”,
poniendo la responsabilidad en la víctima. Y el análisis en transferencia con su
nueva analista nos mostrará el tiempo y el trabajo necesarios para que la
víctima pueda llegar a decirse algo cerca de la propia responsabilidad en el
acto masoquista.
Luego, Masoquismo femenino y elección de objeto, de próxima publicación,
diría que es un texto en continuidad con el caso anterior, en el sentido de
ahondar en la posición masoquista, pero esta vez en un hombre que se
degrada en sus vínculos homosexuales hasta ponerse en riesgos gravísimos,
lugar donde se identifica -en palabras textuales del paciente- con la mujer
maltratada.
Y el último de los textos publicados es El cuerpo del analista, transferencia y
duelo11
, sin entrar a relatar el caso, me interesa señalar especialmente que se
trata de un durísimo proceso de duelo, donde el trabajo analítico se ve
acompañado por las charlas con Graziella que es amiga de la sujeto en duelo.
En este texto leemos:
La amistad entre psicoanalistas lleva con frecuencia a compartir reflexiones
sobre la práctica y sobre el propio análisis. Así pues, ella pensaba acerca de
su análisis y me lo iba explicando, lo cual junto con el trabajo de análisis, le
ayudaba a soportar el dolor de la pérdida.
Lo que, en un profundo reconocimiento por la amistad, nos vuelve a traer al
tema por el que comenzamos. Lo siguiente es invitaros a la lectura y a sacar
vuestros propios aprendizajes y conclusiones.
Muchas gracias por estar aquí- Muchas Gracias Gra.
8 Nº 6, Ob.cit. Du Symbole au Syntome, 2003. Publicado con otro título: Travail analytique et
changement de style
9 Nº 9, Ob. Cit, La Phobie, 2005
10 Nº 12, Ob. Cit. Parentalités dáujourd´hui…et d´ailleurs, 2008
11 Nº 13 , Ob, cit. Prendre corps? 2008
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